domingo, 27 de noviembre de 2011

Llull, sobre la eternidad del mundo




Dijo el Entendimiento: - Si el mundo fuera eterno, debería poder ser eterno por su poder. Ahora bien, su poder no le permite ser eterno. Por tanto, el mundo no es eterno.

La premisa mayor es evidente.

Demuestro la premisa menor de la siguiente manera: Por sí mismo, el poder del mundo es finito, porque su cantidad y su substancia son finitas. De esta manera, el mundo no puede ser eterno, porque si pudiera ser eterno, podría ser infinito con un poder finito, lo cual es imposible. Ergo etc.

Dijo la Fe: - Tu argumento no es válido, porque el poder divino es infinito y con su infinidad, junto con el poder finito del mundo, puede causar el mundo desde toda la eternidad.

Dijo el Entendimiento: - Esto que dices es falso, porque presupones que Dios puede componer el mundo de lo que es finito [la cantidad y la substancia mundanas] y de lo que es infinito [la duración mundana], lo cual es imposible.


Ramón Llull

sábado, 26 de noviembre de 2011

Preliminares teológicos




La mitología no ha sido más que el vehículo empleado por la religión para impregnar a la humanidad de la idea del fundamento inmaterial del orden eterno de las cosas. No es, pues, la mitología la que debe ser confrontada con la razón, sino la razón consigo misma. ¿Es ésta un instrumento de nuestra inteligencia o puede hablarse, por el contrario, de una razón suprema o razón en sí? Y si la razón no es un fenómeno aparente, sino estable e igual a sí, ¿es concebible que lo racional mane de lo no racional, como mana lo líquido de lo gaseoso?

Cualquier creencia sobre la existencia de algo, excepto la creencia en Dios, es superflua a los efectos de determinar la naturaleza de la verdad y el origen o el propósito del universo. Es esta creencia la única que, forzando a quienes no la comparten a sostener su contraria, los obliga también a sostener una tesis positiva contraria en lugar de una tesis negativa que expresara la mera ausencia de convicción en la tesis formulada por el adversario. Es decir, la pregunta sobre la existencia de Dios -a diferencia de la pregunta sobre las hadas o los duendes- es una pregunta sobre los principios que no puede negarse sin más, ya que negándose se afirma otra ontológicamente opuesta, quiérase o no; ni puede, en fin, dejar de contestarse, salvo que se acepte la equiprobabilidad de todas las respuestas.

Dios no es una tesis mágica: es una tesis metafísica, como lo es la tesis inversa. La única opción radicalmente antimetafísica consiste en establecer que la pregunta por la existencia de Dios y el origen del universo o bien no tiene sentido, o bien puede resolverse de forma no especulativa con los datos a nuestro alcance.

Sólo hay una tesis contraria a "Hay Dios": "No hay Dios". Ésta puede desembocar en tres subtesis más: "El universo es necesario" (y por tanto eterno), "El universo es autogenerado" y "El universo ha surgido de la nada".

Así las cosas, el ateo suele preferir la primera subtesis a las restantes, ya que la segunda es ininteligible, y la tercera, además de ser antiintuitiva y anticientífica, parece abonar el terreno a la creación "ex nihilo" del teísmo -pese a ser muy distinta. Esta elección, insisto, es metafísica. La física a lo sumo suministrará los datos que integren la premisa menor del silogismo que arroje la conclusión "Hay Dios" o "No hay Dios". La premisa mayor o premisa de derecho ha de ser algo más que un estado de cosas o la descripción de una regularidad en el cosmos.

Un ejemplo de silogismo a través del cual probar la tesis atea sería:

Nada de cuanto existe tiene causa
El universo existe
Por tanto, el universo no tiene causa

Pero no es habitual encontrar a quien esté dispuesto a defender la premisa mayor, en tanto que se da de bruces contra cualquier pretensión de desentrañar la estructura racional de la realidad, reduciendo toda ley científica a juego de palabras. En su lugar, se opta por la salida más decorosa de renunciar al principio absoluto en uno u otro sentido para especularse que tal vez no haya principios absolutos. Sin embargo, ¡esto también es un principio! A saber:

Todo cuanto existe carece de principios absolutos
El universo existe
Por tanto, el universo carece de principios absolutos

De ahí no se sigue que Dios no exista, ni tampoco que exista. Sólo que está más allá de nuestra razón y no podemos pronunciarnos al respecto.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La gramática de la falsedad




Una característica definitoria de las afirmaciones religiosas es que sus errores son demasiado grandes para ser llamados simplemente errores. Siendo incalculables disparates, uno es movido a pensar si no pueden tener su propia clase de significado. Si yo dijera (22)+(22)=(45), un observador respondería, "Está en un error". Pero si yo dijera (22)+(22)=(3.000.000), el observador pensaría o bien que estoy loco, o bien que empleo un sistema de significados que no ha entendido.


La desproporción que señala Wittgenstein hace que hablar de "error" en el caso de las religiones sea abusar del significado de las palabras.

No es sólo el número de personas que ha podido incurrir en un error semejante, también es su calidad y el tiempo durante el que una tal opinión se ha mantenido. Igualmente, el hecho de que se trate no de un objeto trivial o de pura especulación, sino del fundamento mismo de la vida y la moral de muchos hombres, por no decir de prácticamente la totalidad de ellos. Y, por supuesto, el esfuerzo intelectual invertido en una cuestión así, frente a la que no se puede alegar que ha habido dejadez o falta de atención.

La pretensión del ateísmo de que todas las religiones son igualmente falsas en lo esencial convierte a éstas en un error demasiado grande, en tanto que por su magnitud no se parece a ningún otro error que conozcamos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Breve-VI




1) Dios carece de materia y de multiplicidad, y es inmutable.

2) El universo comprende toda la materia, que es cambiante.

3) Cambiar es devenir un estado que es en otro que no es.

4) Nada es causa de sí ni efecto de sí.

5) Todo lo que no es no será mientras no sea generado (por el punto 4).

6) Todo lo que es seguirá siendo mientras no sea impedido (por el punto 4).

7) El universo es siempre cambiante (por el punto 2).

8) Por tanto, el universo requiere siempre ser generado (por los puntos 3, 5 y 7).

9) Ahora bien, el universo no puede generarse a sí mismo (por el punto 4), ni puede ser generado por un ente material (por el punto 2).

10) Ergo, el universo es siempre generado por un ente inmaterial, simple e inmutable, al que llamamos Dios (por los puntos 1, 8 y 9) y es eterno (por el punto 6).