jueves, 10 de agosto de 2023


Pecham, nuevamente contra la eternidad del mundo:

Todo el pasado fue futuro. La totalidad del pasado es pasado. Luego, en un momento u otro fue futuro. Mas cuando todo el tiempo fue futuro, estaba al comienzo de su ser y duración, al carecer de pasado. Por tanto, el tiempo tuvo un inicio y el universo un comienzo.

Para refutar el argumento debería sostenerse que la primera premisa, "Todo pasado fue futuro", es falsa. Pero no parece que lo sea. Un pasado que no haya sido antes futuro ha estado siempre en acto. Sin embargo, ésta no es la naturaleza del tiempo, el cual pasa de la potencia al acto, como sucede también con el movimiento.

miércoles, 9 de agosto de 2023


Pecham razona del siguiente modo contra la eternidad del mundo:

Si la materia es simple, no puede componer nada, ya que carecería de extensión.

Si la materia es compuesta, no existe por sí misma.

Sin embargo, todo lo material está compuesto por materia.

Por tanto, la materia no es simple, sino compuesta (a saber, compuesta por la forma).

Por tanto, la materia no existe por sí misma.

Por consiguiente, el mundo no es eterno.


Ni las categorías físicas de masa o movimiento ni las biológicas de adaptación o supervivencia explican adecuadamente las nociones morales de lo correcto y lo incorrecto, lo noble o lo innoble. 

Distinguir lo justo de lo injusto conlleva un juicio universal y a priori, mientras que decidir lo conveniente dependerá de la circunstancia y la oportunidad. Todo intento de reducir un término al otro está condenado al fracaso. Así, la traición, que es atentar contra aquel a quien debemos fidelidad u obediencia, es siempre inmoral. A pesar de ello, puede ser necesaria para la conservación del poder o de determinada posición en la sociedad. 

No es difícil demostrar que la moral no pertenece al orden fenoménico:

El bien moral es inmutable. La naturaleza es mutable. Por tanto, el bien moral no es natural. 

La naturaleza comprende las acciones justas y las injustas. El bien moral sólo comprende las acciones justas. Por tanto, la naturaleza no es el bien moral.

Ningún ser natural puede abandonar la naturaleza. Sin embargo, todo ser moral excepto Dios puede abandonar el bien moral. Por tanto, el ser natural y el ser moral no son equivalentes.


La lujuria y la avaricia no son percibidas naturalmente como faltas, ya que parecen procurar el bien del hombre y están asociadas a una suerte de alegría. Sabemos por revelación que son nocivas por atraernos a los círculos inferiores y alejarnos de los superiores.  

Es fácil ridiculizar al lujurioso y al avaricioso desde un lugar más elevado, sub specie virtutis. En ausencia de dicha elevación, lejos de ser objeto de escarnio, el vicioso capaz de aumentar su placer y su poder por encima del estándar social debe ser visto como un ser superior en términos absolutos y al margen de la moralidad corriente.

Si no hay realidades elevadas o deprimidas tampoco hay actos a los que quepa atribuir superioridad o inferioridad moral. Podremos juzgar sobre su utilidad o conveniencia, pero no sobre su bondad o maldad. La distinción entre el bien y el mal exige diferenciar un arriba de un abajo.

El Dios ha muerto de Nietzsche significa exactamente esto: destruidas las realidades superiores, no hay morales superiores, sólo morales más fuertes.



Lo que no entendemos no lo poseemos, nos posee.

La existencia espiritual puede concebirse como una serie de círculos concéntricos que poseen o son poseídos, siendo Dios el círculo máximo, poseedor de todo y no poseído por nada.

Adán y Eva, mientras permanecían en estado de gracia, estaban dentro del círculo de Dios, poseídos por Él. Cuando se enfrentaron a la posibilidad de negar a Dios, no lo entendieron. Por ello se adentraron más en la serie de círculos y cayeron dentro de uno mucho más pequeño, siendo así poseídos por el diablo.

Desear la posesión del círculo más bajo no nos sitúa fuera de Dios, sino contra Dios. Y, dado que nos impide ascender y comprender, supone la frustración voluntaria de nuestra humanidad y el descenso en lo bestial o diabólico.

Piénsese en una posesión menos violenta que la de los demonios, una suerte de hipnosis. Si veo lo mejor y lo apruebo pero sigo lo peor, puede inferirse que hay dos almas en mí: la que entiende y posee y la que no entiende y es poseída. Esta escisión se resuelve a favor de la segunda alma cuando la posesión es más fuerte que el poseer. Ahora bien, ¿puede la ignorancia, que es una mera carencia de conocimiento, obrar tan poderosamente sobre nosotros como para inclinarnos hacia lo que reconocemos como malo? No lo creo. Por este motivo sostengo que somos atraídos o poseídos por un círculo inferior.

martes, 8 de agosto de 2023


Santo Tomás de Aquino consideraba que la creación ex nihilo no puede probarse por la sola razón, o lo que es lo mismo, que la tesis de un mundo coeterno a Dios, pero dependiente de él, puede sostenerse racionalmente. San Buenaventura, en cambio, creyó que era posible reducir al absurdo esta posición y articuló algún argumento al respecto. Pero creo que ninguno es tan eficaz como el que escribí en el Argumento de la Participación.

En dicho argumento la proposición 6 se cimienta en el principio según el cual la unidad es el todo, lo que se ha probado en la proposición 4. Si la unidad es el todo (pues la propia multiplicidad, para ser algo más que una nada, debe participar de la unidad), se sigue que la unidad en sí no puede generar el universo partiendo de algo distinto de ella, ya que por definición no puede haber otros entes fuera del todo ni coexistiendo con el todo, salvo aquellos que el todo mezcle con la nada para crear seres distintos de sí mismo. La unidad tampoco puede crear de sí misma, habida cuenta que como unidad no es divisible y va contra su noción el fragmentarse en una multiplicidad, lo que también queda proscrito por el principio que establece que lo que no tiene comienzo no puede ser dividido. Descartadas las dos únicas alternativas, se impone la tercera hipótesis: la unidad en sí crea la multiplicidad de la nada.

Frente a ello no cabe refutación ni escepticismo, mientras no se muestre o bien que el razonamiento está mal fundamentado (lo que conllevaría impugnar la proposición 4 o enunciar alternativas distintas a las expuestas) o bien que conduce a un absurdo. Si hay sólo tres opciones posibles y dos son completamente ilógicas, la tercera, aunque resulte difícil o incluso imposible de concebir, debe ser verdadera, al ser la única que no repugna a la razón.

Campanella sostuvo en su Metafísica que todo es Dios, también lo múltiple, pero que Dios es lo múltiple eminentemente (entiéndase: unitariamente) y lo múltiple es Dios mezclado con la nada; no como cuerpo, sino como poder. Lo que puede apreciarse en cualquier ente comprendido en lo real, que es una cosa, a saber, aquello que es, y no es infinitas cosas, a saber, aquello que no es, por lo que participa de Dios finitamente y de la nada infinitamente. De esta forma mostraba, pero no demostraba, que Dios crea de la nada. Yo creo haberlo demostrado de un modo lógico y necesario.

Incluso Leibniz señaló en su Teodicea que la creación del mundo a partir de la nada parecía exceder la razón, aun sin contradecirla. ¿No es, pues, un logro notable haber demostrado lo que tan grandes hombres creyeron ser materia de fe?

Esta demostración bien vale el sacrificio de un gallo a Asclepio.

domingo, 6 de agosto de 2023

 

Todo lo que existe es o una parte o el todo. Si algo no es el todo, es una parte. Si es una parte, participa del todo. Y si participa del todo, es en parte semejante al todo en el que participa y en parte desemejante a él. Ser en parte algo y en parte no serlo es propio de seres divididos e impropio de la unidad. Por tanto, la unidad no participa en nada. Ahora bien, dado que cuanto existe participa, es participado o participa y es participado, se sigue que la unidad, que no participa en nada, debe ser participada por todo.


El Argumento de la Participación


1. Todo ente que participa en otro está dividido.

Participar en algo es tomar parte en él. Para tomar parte hay que estar partido o dividido, es decir, ser en parte aquello de lo que se participa, pues en ello consiste la participación, y en parte no serlo, distinguiéndose de este modo participación e identificación. Asimismo, la unidad es distinta de la multiplicidad pero no está partida, ya que no participa en ella, sino que la toticipa.

2. Lo múltiple no puede participar en lo múltiple ad infinitum, por lo que requiere la unidad.

Si las partes participan de otras partes, habrá que afirmar, por la Proposición 1, que la parte participante es semejante a la participada por cualquier motivo y desemejante por su inferioridad, pues si fuera igual o superior no sería participante sino participada. Sin embargo, tal conlleva admitir que las partes, siendo múltiples, participan de la unidad, toda vez que lo menor, al ser numérico, es mensurable por razón de la unidad. Así, podemos decir que lo mayor es aquello más alejado del número anterior, y por "anterior" nos referimos al que está más próximo a la unidad. Por consiguiente, lo mayor es lo más alejado de la unidad y lo menor es lo más próximo a ella, pues nada hay menor que la unidad, ya que el cero es una nada.

3. La unidad existe.

Todo lo que existe es uno o múltiple. Hemos visto que, si existe lo múltiple, existe la unidad. Por lo anterior, dado que algo existe, ya sea uno o múltiple, se sigue que la unidad existe.

4. La unidad es el todo.

La unidad no puede partirse o dividirse. Por tanto, no puede participar de algo (por la Proposición 1). Luego, si todo lo que existe sólo puede ser el todo o una parte, y la unidad existe (por la Proposición 3), la unidad no es una parte, sino que es el todo.

5. Todo cuanto existe debe su existencia a la unidad.

La parte sólo existe en función del todo. Habida cuenta que la unidad es el todo (por la Proposición 4), todo lo que no es la unidad existirá en función de ella como parte participante en la unidad.

6. La unidad causa la multiplicidad ex nihilo.

Todo cuanto existe debe su existencia a la unidad (por la Proposición 5). Sin embargo, la unidad no contiene la multiplicidad, por su propia definición. Por consiguiente, dado que la unidad no puede extraer de sí misma la multiplicidad ni puede extraerla de algo distinto de sí misma, ya que ella es el todo (por la Proposición 4), debe extraerla de la nada.

7. El mundo no es la unidad.

La unidad no puede tomar parte en sí misma, pues como participante estaría dividida y como unidad no lo estaría, lo que entraña una contradicción. Sin embargo, el mundo toma parte en sí mismo, al depender unas partes de otras y el mundo presente del mundo pasado. Es por ello evidente que el mundo no es la unidad.

8. La unidad no es el mundo.

Por la proposición anterior, a sensu contrario.

9. Dios existe.

Dios es la causa extramundana del mundo. Concedido que la unidad existe (por la Proposición 3), causa el mundo ex nihilo (por las Proposiciones 5 y 6) y no es el mundo (por la Proposición 8), síguese que Dios existe.


Gundisalvo argumenta que en una piedra la corporeidad es perpetua, no sujeta a corrupción, y la petreidad temporal, esto es, corruptible. Ahora bien, la corporeidad no es eterna (sin comienzo ni fin) porque la unión de la materia con la forma no es necesaria. De hecho, siendo dos opuestos, a saber, lo que fluye y lo que no fluye, su unión sería imposible sin un nexo externo a ambas, que es Dios creador.



La unidad es aquello que no puede ser compuesto ni dividido.

La forma es aquello que no puede ser formado ni deformado.

Lo que no admite un más o un menos en el modo de ser es uno.

Por tanto, la unidad es forma y la forma es unidad, pues ni la unidad puede ser formada o deformada ni la forma puede ser compuesta o dividida, no admitiendo ambas un más o un menos en el modo de ser.

Dado que la forma es unidad, la materia unida a la forma es uno.
 
Si la materia sin forma fuera uno, la materia sin forma sería igual a la materia unida a la forma, lo que es imposible.

Por tanto, la materia sin forma no es uno. Y, dado que la multiplicidad deriva de la unidad, la materia sin forma tampoco es múltiple. Luego la materia sin forma es uno en potencia y nada en acto.

Ahora bien, dado que la realidad está en acto, no existe en la realidad materia sin forma. Por consiguiente, la materia está llena de forma por doquier.

Sin embargo, la forma y la materia no pueden constituir por sí solas el ser real, ni una es capaz de generar a la otra. Si fueran eternas y necesarias, tendrían el ser real en sí mismas; pero no lo tienen, luego son contingentes. Ello nos obliga a presuponer un tertium genus, Dios, que actúe como causa de ambas.

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viernes, 4 de agosto de 2023

El Argumento de la Unidad Productora


Todo lo que existe obra, pues si algo es absolutamente pasivo no es nada en absoluto.

Todo lo que obra permanece, en la medida en que tal debe darse como productor en potencia en un estado anterior a la producción de lo obrado y como productor en acto en otro estado posterior en el que lo obrado es efectivo. Luego, en tanto que productor y mientras produce, lo que obra es idéntico a sí mismo.

Por el contrario, todo lo que fluye se divide en distintos estados, anteriores y posteriores, y en tanto que fluye es distinto a sí mismo.
 
Todo lo diviso es dividido por sí o por otro.
 
Si lo diviso se divide a sí mismo, en el acto de dividir es simultáneamente uno como causa y múltiple como efecto, a saber, es idéntico a sí mismo como productor que no fluye, permaneciendo en el ser, y distinto a sí mismo como producto que fluye del no ser al ser. Es decir, es y no es, lo que es absurdo.

Luego lo diviso es dividido por otro.

Si todo fluye, lo que divide es también dividido, dándose una división sin término y un aumento indefinido de lo anterior y lo posterior.
 
En consecuencia, si todo fluye, nada permanece; si nada permanece, nada obra; si nada obra, nada divide; y si nada divide, nada fluye. Por tanto, si todo fluye, nada fluye, lo que carece de sentido, por lo que la premisa según la cual todo fluye es falsa. Asimismo, si todo lo que existe obra y si todo fluye nada obra, síguese que si todo fluye, nada existe.

Sentado lo anterior, postúlase que, si algo existe, o bien fluye o bien permanece.
 
Si todo fluye, nada existe.
 
Si todo permanece, no hay división entre lo que es y lo que deja de ser; sin división, no hay movimiento ni sucesión temporal; sin movimiento ni sucesión temporal no se da la realidad.
 
Ahora bien, se da la realidad.
 
Por tanto, el ser real es la unión de lo que fluye (materia) y lo que permanece (forma).
 
Si la unión da el ser y la división o separación lo destruyen, nada puede ser si no es uno.

Por tanto, la unidad causa la realidad.

Asimismo, la unidad causa la multiplicidad.

Asimismo, si la adición de lo uno es lo múltiple y la realidad o mundo es la adición de lo que tiene el ser, concedido que nada puede ser si no es uno, se sigue que la realidad o mundo es múltiple.

Luego, si la realidad o mundo es múltiple, la realidad o mundo no es causa de sí misma, así como no lo es la multiplicidad.

Por consiguiente, la unidad fuera de la realidad causa la realidad.

Por tanto, Dios existe.

miércoles, 26 de julio de 2023


Respecto a este argumento:

Todo lo que carece de comienzo no puede ser dividido.
Todo cuanto es móvil está dividido en una pluralidad de lugares y tiempos.
Por tanto, todo lo que carece de comienzo es inmóvil.

Todo lo que puede ser dividido tiene comienzo.
Todo lo que existe en el espacio y el tiempo es móvil.
Todo cuanto es móvil está dividido en una pluralidad de lugares y tiempos.
Por tanto, todo lo que existe en el espacio y el tiempo tiene comienzo.

Dándose sólo dos posibles clases de entidades, a saber, las que tienen y las que no tienen comienzo, se sigue que las entidades que tienen comienzo deben ser causadas por sí mismas o por las entidades que no tienen comienzo. La autocausación es imposible, lo que conlleva que la segunda alternativa es necesariamente verdadera.

Ha de afirmarse, pues, que lo inmóvil es causa eficiente de lo móvil y no sólo su causa final. Tal conclusión, aunque sea experimentalmente incomprensible (que algo mueva algo sin contacto físico y sin moverse), es no obstante clara desde un punto de vista analítico. De este modo, siendo división el movimiento de lo múltiple e indivisión la quietud de lo uno, cabe sostener en contra de Aristóteles que el movimiento procede de la quietud como la multiplicidad procede de lo uno.


Si hubiera que demostrar el panpsiquismo de la monadología, cabría hacerlo del siguiente modo:

Todo obrar deriva del movimiento.
La vida es un obrar.
Por tanto, la vida deriva del movimiento.

Todo lo que deriva de algo preexiste en él.
La vida deriva del movimiento.
Por tanto, la vida preexiste en todo móvil.

La materia es móvil.
La vida preexiste en todo móvil.
Por tanto, la vida preexiste en la materia.

Desde una perspectiva determinista, el porvenir está contenido en el pasado, por lo que todo obrar y existir futuros proceden del obrar y existir pasados. El determinismo aplicado a la biología desemboca en panpsiquismo.

viernes, 21 de julio de 2023

El Argumento de la División Imposible

I.

Mientras que es posible que algo finito en acto sea también infinito en potencia (esto es, un ente con un pasado finito y un futuro infinito), es no obstante imposible que algo infinito en acto sea también finito en acto (esto es, un ente con un pasado infinito y un futuro finito).

Por tanto, algo que ha existido como un todo durante un número infinito de años en el pasado no puede ser dividido en el futuro. De lo contrario la unidad de dicho ser sería infinita en acto y finita en acto, lo que es absurdo.

Por consiguiente, es verdadera la proposición "Lo que no tiene comienzo no puede ser dividido". Su negación es también verdadera: "Lo que tiene comienzo puede ser dividido". Y lo es asimismo su inversa: "Lo que puede ser dividido tiene comienzo".

Establecido lo anterior, presentamos el siguiente silogismo:

1) Todo lo que puede ser dividido tiene comienzo.

2) Todo lo que existe en el espacio y el tiempo es móvil.

3) Todo cuanto es móvil está dividido en una pluralidad de lugares y tiempos.

4) Por tanto, todo lo que existe en el espacio y el tiempo tiene comienzo.

Si todo lo que existe en el espacio y el tiempo tiene comienzo, el universo tiene comienzo.

Si el universo tiene comienzo, o bien es causado por un ente inespacial e intemporal o bien es causa de sí mismo. Puesto que esto es imposible, dado que nada es antes de sí mismo o mayor que sí mismo, se sigue que aquello es necesario. Luego Dios, creador del universo, existe.

De argüirse que el universo existió inicialmente en una forma inespacial e intemporal para devenir en una forma espacial y temporal, respondemos que, toda vez que en dicho supuesto el universo cesaría de ser inespacial e intemporal, se dividiría en ser y no-ser. Y, al estar dividido, tendría un comienzo.

II.

Platón escribe en el Timeo:

Acerca del universo -o cosmos o si en alguna ocasión se le hubiera dado otro nombre más apropiado, usémoslo- debemos indagar primero, lo que se supone que hay que considerar en primer lugar en toda ocasión: si siempre ha sido, sin comienzo de la generación, o si se generó y tuvo algún inicio. Es generado, pues es visible y tangible y tiene un cuerpo y tales cosas son todas sensibles y lo sensible, captado por la opinión.

Aunque en el diálogo el aserto no queda suficientemente justificado, parece que el razonamiento que subyace es como sigue:

Ser siempre es ser uno, ya que lo que no es siempre está dividido entre el ser y el no ser. Así, el ser que existe siempre tiene un ser infinito y, en la medida en que el infinito no puede ser dividido, pues dividir es limitar, tal ser es indivisible.

Ahora bien, lo que cae bajo los sentidos es divisible, ya que la unidad, al ser inextensa, sólo puede ser inteligida. 

Por tanto, lo que cae bajo los sentidos no es el ser que existe siempre.

El universo cae bajo los sentidos.

Por consiguiente, el universo no es el ser que existe siempre.


domingo, 16 de julio de 2023


Supón un alfabeto con un número infinito de caracteres. Sería correcto decir que, dada la cantidad adecuada de tinta y papel, puede generar infinitos libros distintos. 

Podríamos también asumir que los libros infinitos ya están idealmente impresos en el alfabeto infinito, incluso si aún no se han expresado en tinta y papel. Esto es así dado que la combinación de los caracteres entre sí no añade nada al alfabeto que sea extraño a él, pues contiene en sí mismo todo lo que necesita para producir infinitos libros. Dichos libros no son producidos cuando son expresados mediante la tinta y el papel, al no depender su contenido del medio en que se plasma, sino que su producción resulta de la mera combinación de las letras que lo componen. Y esta producción, al ser ideal, es actual con sólo ser posible, del mismo modo que todos los números son actuales aunque nadie los piense.

Un alfabeto infinito equivale a los infinitos libros contenidos en él. Sin embargo, una cantidad finita de materia no puede equivaler a un número infinito de sucesos derivados de su desarrollo temporal, dado el axioma según el cual lo infinito no puede contenerse en lo finito. Este infinito número de sucesos se dará necesariamente en un tiempo infinito por aplicación del principio de identidad de los indiscernibles, que evita que el tiempo se repita circularmente, y del principio de no contradicción, que impide que algo sea anterior y posterior a sí mismo. Por tanto, puesto que 1) no hay nada externo a la materia que influya en ella y 2) la materia finita puede desarrollarse infinitamente, debe concluirse que 3) la materia finita contiene un desarrollo infinito porque está informada por algo no material, infinito e interno a ella.