sábado, 20 de abril de 2024


Plotino en relación a la superioridad de la causa sobre el efecto (Enéada VI, 7, 17):

No es necesario que el donante posea el don que da, sino que, en semejantes cosas, hay que tener al donante por mayor que el don y al don por menor que el donante. Porque tal es la generación de los Seres: primero ha de existir la realidad en acto, mientras que las realidades posteriores deben ser en potencia en las anteriores. Además, el primero estaba más allá de los segundos, y el donante más allá del don, pues es superior a él. Si, pues, hay algo anterior a la actividad es que está más allá de la actividad; luego más allá de la vida. Si, pues, hay vida en la Inteligencia, el dador dio, sí vida, pero es más hermoso y preciado que la vida. La Inteligencia poseía, pues, vida, y sin embargo, no necesitaba de un donante multiforme. Es decir, la vida era un vestigio de aquél, no vida de aquél.

Lo que Plotino da a entender en este pasaje es que lo inferior está en potencia y como latente en lo superior, aunque no esté realmente o en acto en aquello de lo que procede. Por este motivo debe decirse que la causa primera influye más sobre su causado que la causa segunda, aun cuando ésta sea más próxima y más parecida al efecto que la que le resulta más remota. Y es en estos términos que ha de entenderse la afirmación según la cual lo móvil procede de lo inmóvil, lo material de lo inmaterial y lo múltiple de lo uno.

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Propter Sion non tacebis