Toda moral que prescinda de Dios explícitamente, en realidad, lo presupone implícitamente; y en la medida en que no viene respaldada por la coacción o por la esperanza de la recompensa, pero tampoco por la fe en una bondad suprema, es una moral supersticiosa. Esto es, que sobrevive maniáticamente a la vieja moral bien fundada, como un manco que intentase rascarse una prolongación imaginaria de su muñón.
París en color… Rue de Buci, homenaje a Brassaï
Hace 33 minutos

1 comentario:
Completamente de acuerdo.
Publicar un comentario