domingo, 18 de mayo de 2008

Natura est machina




Hasta qué punto las palabras tienen dueño. Máquina se asocia al materialismo, cuando nada hay en ella que induzca a pensar tal cosa. La noción de máquina implica la de un orden orientado a un fin. Llamamos historia al fin sin orden, al menos sin un orden que podamos racionalizar de forma inequívoca; y con universo nos referimos al orden sin fin, pues al comprender dicho ente la causa y el efecto pleno es fin en sí mismo. De donde se sigue que todo lo que no sea el cosmos en su integridad, o un conjunto de sucesos cuyo fin común se nos escape o carezca por completo de intención, ha de quedar subsumido en la categoría de lo maquinal. La sociedad organizada es una máquina; el cuerpo es una máquina; el alma, de existir, sería una máquina.

Ahora bien, ¿qué es la naturaleza sino la máquina de hacer máquinas, la "natura naturans" de Spinoza? Un orden sin fin como el universo, "natura naturata", es el agregado de todas las máquinas, no una máquina en sí. Pero no existe proceso ordenado alguno si no contiene o permite un principio ordenador que trascienda el instrumento nominal -y de otro modo arbitrario- empleado para su comprensión. Así, si la naturaleza no genera máquinas, ¿quién las genera? ¿Y qué se reserva para ella? Una naturaleza inactiva es tanto como nada. Quien, por otro lado, pretenda que lo natural produce lo histórico sin mediación mecánica, esto es, ateleológicamente, estará admitiendo que su ensambladura es tan irracional como el destino de cualquier hombre, que de ordinario nadie es capaz de conocer "a priori". No podrá dar cuenta de todas sus regularidades, ni hacer predicciones científicas exactas; el naturalismo y el historicismo relativista serán para él la misma cosa.

Ante el absurdo de esta conclusión queda confesar que la naturaleza tiene un fin y es, como se ha dicho, el de producir máquinas. Allí donde la naturaleza no engendre y conserve mecanismos, y por tanto fines, dejará de ser tal. Luego, puesto que la naturaleza ha de ser siempre mientras existamos, habrá máquinas y fines por doquier, en cada porción de materia que se tome. Serán máquinas naturales, mas no materiales.

En resumen, o la naturaleza es historia, es decir, irracional, o la historia es naturaleza, o sea, predecible. Si ni lo uno ni lo otro es cierto, entonces la naturaleza tiene fines primarios (crear máquinas) y éstos, a su vez, fines secundarios (perseverar en la historia). Los fines de la naturaleza son tan inalienables como los de sus elementos constituyentes. Ergo, la máquina de la naturaleza es tan indestructible como las máquinas naturales desarrolladas por ella.