sábado, 5 de julio de 2008

Tras Darwin la Biblia permanece incólume


Dan muestras de gran parcialidad ideológica quienes, a la hora de examinar las tesis de su adversario y ante la tarea de describirlas para su refutación, rebajan considerablemente el nivel de exigencia intelectual empleado hasta el momento, tendiendo a la simplificación y a la caricatura. Leo en Eduardo Robredo:

Lo que sí se puede afirmar es que buena parte del impacto cultural de "El origen" procede de la literatura deliberadamente divulgativa y provocadora de Darwin, verdadero origen de la revolución naturalista al criticar explícitamente la "creación especial" de las especies y comenzar a sugerir un origen común del ser humano y el resto de los animales (un "peligroso" paso que Wallace no completó del todo).

Esto es inexacto, si con ello se pretende atacar la tradición exegética que desde San Agustín habla de rationes seminales (De Genesi ad lit.) y que culmina en el sistema filosófico de Leibniz (cfr. Monadología), extendiendo su influencia hasta pensadores no cristianos como Isaac Abravanel. Puede contestarse que San Agustín creyó con todos los Padres de la Iglesia y el pensamiento clásico en general en la fijeza de las especies, cuyos miembros, en virtud de su cualidad individual no podrían pasar de una especie a otra en las sucesivas generaciones. Sin embargo, ello no obsta para que nos esté permitido afirmar que no se sigue de la revelación cristiana el que la forma actual de las criaturas se corresponda con su forma inicial, tenida por definitiva desde el comienzo de los tiempos.

Más todavía. Leibniz, pese a desconocer el mecanismo por el que los evolucionistas explican las modificaciones en el fenotipo (explicación nada pacífica por cierto), establecía una continuidad geométrica entre todas las especies según sus grados de semejanza, mérito que Robredo sólo ha estimado oportuno reconocer al ateo Diderot, si bien es cierto que éste va más lejos al hablar de un "fluir" y de una negación de las "esencias" que no se da en Leibniz.

Pero volvamos a Abravanel (1.437-1.508), de quien ya tuve ocasión de transcribir algún pasaje a propósito de la relativa primacía del hombre en el orden de las criaturas. Leemos al sabio (Commentaire du récit de la création):

La Torah attribue la formation des animaux à D. pour nous apprendre que la forme des êtres sensibles émane de l'intellect séparé, non de la puissance de la matière ni de l'influence des sphères sur la forme végétale, ainsi que je l'ai expliqué. Quant à l'expression "assiah" (fabrication), elle est utilisée au sujet de la forme sensitive, et non "briah" comme pour les poissons, car, ainsi que je l'ai écrit plus haut, cela correspondait alors à la création des premiers êtres recevant la forme sensitive - il s'agissait d'une première création "ex nihilo" et d'une réalité complètement nouvelle. Mais lorsqu'elle est émanée une seconde fois, pour les animaux qui sont sur terre, le terme "création" n'est plus employé puisque l'âme vitale n'est plus une réalité nouvelle. C'est pourquoi c'est le terme "assiah" qui est employé ici. Cette parole ["D. fit"] montre aussi la diversité extraordinaire existant au sein des animaux (...).

De este modo, Dios crearía primero a los animales dándoles forma intelectiva distinta a su entorno (Gn. 1:24: "Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie") para a continuación formarlos en una suerte de creación continua que los diferenciaría infinitamente entre sí en base a su germen individual (Gn. 1:25: "E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie").