sábado, 21 de julio de 2007

Mi creacionismo


1) Defino el pecado original como la tendencia innata -y en tanto que tal no dependiente ni de sensaciones ni de razonamientos- a contrariar el instinto de conservación. "Porque el día que de él comiereis, ciertamente moriréis".

2) La demostración de que este pecado existe en el hombre sólo puede ser empírica. Gula, lujuria, avaricia, envidia, soberbia, pereza e ira son pasiones irracionales (atentan contra el imperativo de conservarse) que ningún animal padece si no es debidamente estimulado. Observad a quienes devoran más allá de su necesidad de alimento y hasta de su apetito; a quienes copulan para, al cabo de unos meses, destruir a sus crías en el vientre de sus madres; a quienes acaparan más de lo que pueden gastar, aun a expensas de su salud y de su tranquilidad; a quienes prefieren perjudicar al prójimo y al benefactor; a los que estiman más el halago que la rectitud; a quienes conscientemente se arriesgan o sucumben por no esforzarse. Ved, en fin, a un bebé enfurecerse antes de aprender a andar.

3) En el hombre la regla es la excepción y la excepción es la regla. El animal, solitario o gregario, es insociable por mor de su independencia. Por contra, la sociabilidad es la única capaz de garantizar la independencia del hombre, que es un animal débil. De lo cual se sigue que el animal sociable es o bien un degenerado (por domesticación) o bien una especie superior (dado su juicio).

4) La insociabilidad inercial del hombre, un ser naturalmente sociable, es una forma de degeneración crónica y universal de esta especie, sólo a ella debida. La cultura no es superior a la especie que la produce. No corrompe la cultura, sino que es desvirtuada y encanallada por los individuos que la propagan.

5) Ninguna ventaja evolutiva se desprende del carácter insociable en el hombre, que claramente lo perjudica. Y, sin embargo, jamás desaparece ni es desplazado por los tipos opuestos, que también podrían verse favorecidos por la selección cultural. Por tanto, dicho rasgo característico -al que denomino primer pecado o raíz de la maldad- está en la naturaleza y fuera de ella. Se hereda, pero no muta.

7 comentarios:

Dark_Packer dijo...

Irichc dijo: Por tanto, dicho rasgo característico -al que denomino primer pecado o raíz de la maldad- está en la naturaleza y fuera de ella. Se hereda, pero no muta.

Respondo: No sé cómo se puede explicar no contradictoriamente eso sin hacer recurso a la existencia del alma.

irichc dijo...

Es verdad, Dark. De hecho, es el alma quien peca.

tan versátil como acústica dijo...

El alma peca, pero llega a repercutir en lo externo, y ahí viene pecado donde no lo había hereditario.

irichc dijo...

Prudencio, poeta cristiano de las postrimerías del Imperio, llegó a decir que todos los desastres naturales eran consecuencia del pecado original del hombre. Eso es falso. Es verdad, en cambio, que el problema del mal (como mal absoluto que conduce a la condenación eterna) puede reducirse al del origen del pecado.

nòmada dijo...

Mmmmh, irichc.
Pretendes construir un modelo teòrico de la sociedad pero se ve que no conoces muy bien el método cientìfico.
La demostraciòn de una proposiciòn no puede ser nunca empìrica. El método cientìfico es hipoteticodeductivo. Hace hipòtesis que después mediante experimentos contrasta con la realidad.
Tu modo de razonar, que siempre se pretende muy lògico, hace aguas por aquì. Define tus hipòtesis y presenta experimentos que las confirmen (de modo provisional, claro, Popper dixit).
Tienes que ser màs cuidadoso.

Caràcter insociable del hombre? Dònde lo has visto esto?
Por favor, los creacionistas siempre intentando hacer ciencia y sòlo emiten falacia tras falacia.

nòmada dijo...

Otra cosa.

Leìste a Camus o Sartre? Su ateìsmo también es de autoayuda? Anda ya. Lee un poco. Leìste a Dostojevski?

Dark_Packer dijo...

Nómada: En mi opinión Irichc está mezclando teología y filosofía en este post; como la teología se apoya en datos percebidos sólo por la fe, es imposible plantear hipótesis que puedan ser verificadas empíricamente, pues la realidad del pecado tiene un aspecto empírico, pero lo desborda.