martes, 13 de noviembre de 2007

Meditación


El hombre tiende al mal como la esfera a rodar por la pendiente. Para destruir esta tendencia o dejarla temporalmente sin efectos sería preciso que o bien la esfera se achatara, o bien que la pendiente se ahuecase. Es decir, haría falta un cambio físico en el sujeto o en las circunstancias. Si no se produce este cambio relevante, y con todo la tendencia se invierte, entonces hay que reconocer la acción de una fuerza particular extraña al sujeto y a la circunstancia del mismo.

Ahora bien, somos capaces en idéntico grado de obrar recta o incorrectamente. De manera que, mientras nuestras inclinaciones nos dirijan a obrar mal y nadie nos lo impida, obraremos mal; y viceversa. Rectificar el curso de la acción nos resultaría imposible, a pesar de nuestro albedrío, puesto que éste se limita a asentir a lo que el entendimiento ya ha deliberado. Por tanto, obrándose mal por falta de deliberación, para obrar bien en tal tesitura se requiere o bien un incremento en la capacidad de razonar, o bien un cambio en la naturaleza de la voluntad.

Sin embargo, la potencia de algo no cambia nunca sin que quepa hablar de la destrucción y recreación de ese algo, que ya no es lo que era, esto es, lo que podía ser. Consecuentemente, para que alguien cambie la inercia a la que su propia noción lo dirige, deberá experimentar una modificación en el acto (lo volitivo) y no en la potencia (lo intelectivo). Un cambio en acto, pues, cuya efectividad exige un agente distinto al sujeto.

3 comentarios:

Sursum corda! dijo...

irichc:

Le veo muy pesimista. Yo creo que una madre cuidando a su niño recién nacido es un ejemplo de los instintos positivos del ser humano. O la piedad, o el cariño, o el amor por la belleza.

Le veo muy pesimista y lo siento porque usted no disfrutará.

irichc dijo...

Cuanto mayor es el peligro, más grande es lo que salva. Intento combinar el pesimismo antropológico con el optimismo cosmológico.

Alejandro dijo...

El agente distinto al sujeto podría ser según algunos la "intención" (el fenómeno de los neurotransmisores que consiguen que un pensamiento sea acto), para otros podría ser una "externalidad" (en economía, un factor no considerable o generado durante el proceso y casi-inanticipable). O un despertador que sea muy difícil de apagar, en pro de lograr que el sujeto quede completamente despierto antes de lograr callarlo (donde el despertador bien podría ser un elemento creado por el sujeto u otro sujeto). El sujeto puede provocar que otros agentes actuen sobre él para conseguir un cambio efectivo. La inercia deja de ser así motivo suficiente y el pesimismo antropológico hace caso omiso de la capacidad de usar herramientas (desde el trabajo en grupo hasta los despertadores), alejandose de la realidad y perdiendo sentido.