domingo, 22 de marzo de 2015

El falso problema del mal


Así como la luz del sol cuando se mezcla con aire en tinieblas no posee la capacidad de aquella que está mezclada con aire claro; así como un paño blanco muy fino, cuando es revestido por un cuerpo negro, su brillo quedo oculto por la abundancia de la negrura. O así como si tres o más ventanas de vidrio se colocan en línea recta en orden una tras otra frente a un rayo de sol, está claro sin duda que la segunda recibe menos luz que la primera, y la tercera menos que la segunda, y así hasta la última se produce un defecto de luz, no por la luz en sí, sino por el alejamiento de la ventana de vidrio respecto a la luz; del mismo modo, también la luz de la forma de la unidad, que ha sido infundida en la materia, al descender, se vuelve más débil y oscura, de modo que la primera de ellas difiere mucho de la intermedia y la intermedia de la última. 
Domingo Gundisalvo



Existen tres vías mediante las cuales la Teodicea salva el problema del mal: la negación de que lo que llamamos mal sea algo verdaderamente (la doctrina neoplatónica); la apelación a un orden superior vedado a entendimientos finitos (la doctrina cristiana); y la reducción de todo mal al mal moral (la doctrina estoica).

I.
























La teoría de la emanación, desarrollada por Plotino y sus seguidores, explica la existencia del mal como un defecto inherente a la criatura y al orden en el que está incardinada, eximiendo al Creador de toda carencia o accidente en el mundo.

Dios sería el autor de un mal inevitable, o evitable sólo absteniéndose de toda creación. Ahora bien, llamar mal a lo inevitable es impropio, como lo sería llamar bien a lo que nunca puede darse. Así, un mal necesario no es un mal, del mismo modo que un bien imposible no es un bien.

Si definimos el mal como aquello que impide u obstaculiza que lo que debe acontecer acontezca, o limita sus efectos, se sigue que todo mal necesario (es decir, todo mal que deba acontecer en todos los mundos posibles) es mal sólo nominalmente, ya que por definición no impide u obstaculiza lo que debe acontecer, ni limita sus efectos, sino que sólo se opone a lo que no debe acontecer.

Digamos que P es la cantidad mínima de mal en cualquier mundo posible, y Q es ¬P, es decir, la negación de que deba haber una cantidad mínima de mal en cualquier mundo posible. Entonces, si P es necesario, Q es imposible; si Q es imposible, es necesario que Q no sea. Mas, si es necesario que Q no sea, Q no es un bien, pues algo que no es no puede ser un bien. Sin embargo, el mal es lo que impide, obstaculiza o limita un bien; luego un mal necesario no es propiamente un mal, toda vez que no impide ningún verdadero bien.

Por lo demás, es fácil demostrar que siempre debe haber una cierta cantidad de mal en todo mundo posible. Véase:


Definición 1

El mal es aquello que impide, obstaculiza o limita el bien.

Axioma 1

Todo lo posible no puede existir simultáneamente ni en el mismo orden de cosas, pues de ello se seguiría una contradicción.

Teorema 1

Lo que es composible en cualquier mundo posible es necesariamente limitado.

Prueba:

Por el Axioma 1.

Teorema 2

Es imposible que el bien en cualquier mundo posible sea ilimitado.

Prueba:

Por el Teorema 1.

Teorema 3

Es necesario que haya una cierta cantidad de mal en todo mundo posible.

Prueba:

El mal es aquello que impide, obstaculiza o limita el bien (por la Definición 1). Ahora bien, es imposible que el bien en cualquier mundo posible sea ilimitado (por el Teorema 2). Por tanto, es necesario que haya una cierta cantidad de mal en todo mundo posible.


Si el mal es lo que limita al bien, entonces un mundo donde el bien sea limitado es un mundo donde hay cierta cantidad de mal. Todo se reduce al siguiente dilema: Si existe en el mundo una cantidad limitada de bien no pudiendo ser ilimitada, entonces hay necesariamente mal en el mundo; y si existe en el mundo una cantidad limitada de bien pudiendo ser ilimitada, entonces no hay necesariamente mal en el mundo (sólo lo habrá en los mundos distintos al mejor de los mundos). 

Pero creo haber demostrado que el bien en cualquier mundo dado siempre tiene límites, ya que no todos los bienes posibles son composibles entre sí, lo que obliga a Dios a elegir un orden en el que sea posible el mayor número de bienes. Ello implicará que no todos los bienes se den siempre en su máxima intensidad o duración, y que por tanto haya que admitir un número indeterminado de males.

Nadie tomaría en serio a quien sostuviera que el mundo es malo porque cierto hombre a veces siente cansancio o porque su cuerpo no está tan bien formado como el mejor de los cuerpos. Esto sólo probaría que el mundo no puede albergar una cantidad infinita de bien; lo cual aplica a todo mundo, ya que es imposible que todos los cuerpos sean el mejor de los cuerpos (por la definición de "mejor" y por el principio de la identidad de los indiscernibles), y es imposible -salvo por vía de milagro- que las criaturas vivas no experimenten una disminución en su energía (por la limitación inherente a toda causa segunda).

Análogamente, tampoco debemos considerar juiciosa la opinión de quien tiene al mundo por malo a causa de que en el mismo se den múltiples imperfecciones en las criaturas, puesto que si dichas imperfecciones fueran necesarias en todo orden material (lo que el calumniador del mundo no puede negar sin pedir el principio), no serían malas. Por otro lado, si no fueran necesarias, no serían imperfecciones del mundo, sino parte del proceso de su perfeccionamiento. 

II.
























La Providencia contempla el mal para la consecución del bien. En un mundo sin mal la virtud en las criaturas no podría ejercitarse libremente y, siendo el obrar virtuoso en ellas tan inexorable como cualquier ley de la naturaleza, desaparecería el mérito de toda bella acción, por lo que no se haría digna de admiración ni de elogio.

Por el sufrimiento y el sacrificio el hombre se hace conocedor del bien y del mal e imitador de Dios. Es así que en el mal radica el misterio del bien, pues éste sólo se hace efectivo ante la tentación y la posibilidad de errar.

Por este motivo es fuerza conceder que, si Dios es bueno, permitirá el mal para poder retribuir el bien, tolerará la caída para propiciar la elevación y ordenará toda infelicidad parcial y temporal a la mayor dicha del universo. 

III.

























Sostengamos el mismo principio que los estoicos, a saber, que el mal no puede nada contra el bien, del mismo modo que lo falso no puede nada contra lo verdadero, ya que ninguna verdad disminuye ni deja de ser a causa de una falsedad.

Supongamos ahora un mundo lleno de desorden e injusticia en el que, no obstante, se dé un ápice de nobleza en algún momento. Esa nobleza, aun mínima, no habrá sido negada en absoluto por todo el mal que podamos imaginar. De lo que se sigue que incluso el peor de los mundos (un mundo en el que los inocentes sufran injusticia eternamente y en el que el bien no triunfe jamás) es mejor que la ausencia de todo mundo; dado que en este mundo máximamente imperfecto habrá justicia, aunque vejada, mientras que en ausencia de todo mundo no la habrá fuera de Dios.

Toda la injusticia del mundo no logra nada contra la justicia. En cambio, la nobleza más modesta, en sí misma y por el mero hecho de existir, niega toda la innobleza, porque demuestra que ésta no es necesaria.

Por ello debe decirse que el sufrimiento de los justos es un mal, pero es un mal infinitamente menor que el bien representado por la existencia de los justos.

IV.

Volvamos, empero, al principio del que partíamos: un mal necesario no es un mal; y, dado que es necesario que en cualquier orden creado haya mal, entonces sólo habrá mal en los mundos distintos del mejor de los mundos. Considérese asimismo que Dios pudo escoger crear el mejor de ellos, y que si no lo hizo pecó, lo cual es indigno de la divinidad. Es decir:

Si el buen Dios existe, creará el mejor de los mundos.

En todo mundo posible deberá darse algún grado de mal metafísico.

Ergo, si el buen Dios crea el mejor de los mundos, deberá contener algún grado de mal metafísico. 

Ahora bien, si hay mal metafísico en el mejor de los mundos, el mal metafísico en el mismo no es un verdadero mal (porque no pudo evitarse) y sí es, en cambio, un verdadero bien (porque, por lo demás, no pudo elegirse mejor).

Luego, si el buen Dios existe, el mal metafísico en el mejor de los mundos no es un verdadero mal, y sí es un verdadero bien.

Dicho esto, no queda más que descartar que un mundo imperfecto, aun el mejor de los posibles, afee a un Dios perfecto.

La dificultad se plantea de esta manera: Si a un rostro perfectamente bello se le añade cualquier rasgo, se lo afeará; luego dicho añadido (no siendo un añadido necesario) es un mal.

Según este punto de vista, el universo es un añadido innecesario a Dios. Sólo podría tolerarse, se nos dice, si fuera un universo perfecto (sin explicar qué debe entenderse por "universo perfecto"). Por tanto, si un universo perfecto es imposible, todo universo es un mal, porque supone un añadido innecesario a la belleza insuperable de Dios. 

La conclusión anterior conlleva asumir proposiciones absurdas, a saber: 

- Que la belleza de Dios puede ser eclipsada por la criatura, y su perfección infinita y necesaria menguada por lo que es finito y contingente.

- Que un dios inactivo y estéril es siempre mejor que un dios activo y creador. 

- Que la nada es mejor que cualquier mundo.

De donde deduzco que es falsa, como lo es el "problema del mal", el cual parte de una metafísica equivocada que entiende por mal lo que no es un mal y por bien lo que no es un bien.

La falacia en la que se apoya es semejante a la de quien creyese en el mayor de los números y aseverara la imposibilidad de agregarle nada sin destruirlo. En efecto, si al mayor de los números se añade una unidad, se habrá demostrado que no era el mayor, con lo que en lugar de incrementarse quedará aniquilado. Pero no tiene sentido hablar de el mayor de los números, siendo una contradictio in terminis, como tampoco procede concebir una belleza insuperable a la que no quepa añadir nada, dado que algo puede ser máximamente bello en su orden y haber, no obstante, infinitos órdenes de belleza de los que es impensable que participe un mismo ser (pues la belleza de lo extenso no se dará en lo inextenso, etc.).

En suma, la belleza perfecta es aquella que no necesita de nada externo para alcanzar su perfección, pero que es asimismo composible con la belleza imperfecta de la criatura (como lo infinito es composible con lo finito). Afirmar que la belleza perfecta es incomposible con la belleza imperfecta es algo arbitrario, carente de toda evidencia.

sábado, 7 de marzo de 2015

Apoteosis y muerte del Gran Pan




La concepción del universo como un objeto cuadridimensional en el que espacio y tiempo se entretejen en un solo cuerpo es ficticia. Sin embargo, no por ello resulta completamente falsa. Por el contrario, esta representación ideal de la naturaleza es válida para efectuar predicciones, al convertir el universo en un solo objeto continuo del análisis de cuyas partes se puede obtener una información precisa y congruente sobre el todo. 

Mas lo verdadero no ha de ceder a lo útil ni dejarse abrumar por su victoriosa fanfarria. La filosofía debe desenmascarar a la ciencia cuando los modelos epistemológicos de ésta se convierten en el fundamento de una ideología. Es así que el naturalismo metafísico ha hecho de este universo-individuo el único ser existente, el único cognoscible y el único digno de ser amado; lo real se ha travestido en el Gran Pan, el mayor de los idola theatri.

Ahora bien, si tomamos el universo como un inmenso tejido compuesto por todos sus momentos, vemos que los átomos de esta gran composición, las fibras del tiempo, están desunidos entre sí. Resulta evidente que los extremos de dos momentos contiguos no están en contacto, al no formar parte del mismo momento. Dicho de otro modo: no hay un solo instante común a dos instantes, al ser ambos mutuamente incomposibles. De haber un contacto real por el que dos momentos estuvieran vinculados y no meramente superpuestos, habría que considerarlos un solo momento. 

Entre un instante y otro -entre T1 y T2- tampoco puede haber un continuo infinitesimal de instantes que actúen como nexo. Cabe, en efecto, formular idéntica objeción frente a estos supuestos mediadores, los cuales no podrían estar unidos entre sí ni, por tanto, procedería atribuirles el poder de unir nada en absoluto. 

El espaciotiempo, concebido como un todo, no puede ser composible con sus partes, habida cuenta de que sus partes son incomposibles entre ellas. La suma de todos los momentos posibles no puede coexistir con determinado momento actual. Síguese de ello que la suma de todos los momentos posibles (i.e., el universo como un todo) no es un ser real, en tanto que éste es definido como aquel que es idéntico a sí mismo al menos en un mismo tiempo y un mismo lugar.

La conclusión de lo anterior es que el tiempo, percibido idealmente como un continuo, no es más que la yuxtaposición de momentos discretos, esto es, mónadas temporales incapaces de guardar entre ellas ninguna relación real. Si el universo in toto tuviera su propio momento total, los momentos parciales serían cuasimomentos, lo que implicaría definir el mismo término de forma contradictoria según el caso. En última instancia forzaría al que así obrara a elegir: o bien los eslabones del tiempo son momentos, pues se suceden entre sí, o bien la cadena misma es un momento sin sucesión, un momento eterno. 

Entonces, si lo esencial en el tiempo fuera el cambio, habría que renunciar a que en dicho compuesto hubiera relaciones reales entre sus momentos, por lo que la unidad supuesta -el universo- sería imaginaria. Pero si lo esencial fueran las relaciones reales entre los momentos, entonces no habría otro momento que el universo en sí, y sería forzoso tener por imaginaria a la sucesión temporal, al estar todas sus partes en contacto.

Luego, salvo que quiera resucitarse el credo de Parménides, la única alternativa es sostener el carácter discreto del universo, entendido como un fantasma al que idealmente imputamos cualidades corporales. De modo que, finalmente, el naturalismo tendría razón en algo: no podemos cortar al todo por el mismo patrón que cortamos a sus partes, ya que son entidades distintas. La conclusión, empero, es la opuesta a la que el naturalismo ha querido ver. Así, lejos de ser necesario el universo y contingentes sus partes, comprobamos que sus partes son contingentes y el universo en sí ni siquiera es real, sino un constructo puramente humano.

Tras este análisis el mundo pierde su condición sólida para convertirse en una amalgama misteriosamente unida por el orden existente entre sus partes. Tal orden no puede ser un efecto de la interacción física, por lo que en justicia debe hablarse de un orden superior o metafísico que hace que la unión ideal de las secciones temporales del universo no sea una simple ilusión. Habría, pues, que estipular un dios trascendente que mantuviese en perfecta armonía el torbellino de las cronomónadas y permitiera al hombre fundar su conocimiento empírico en ellas como si sus relaciones fueran reales. Un dios intemporal e inmaterial, pero también un dios geómetra y conservador perpetuo de su creación.

domingo, 1 de marzo de 2015

Mónadas temporales




En la pugna entre el teísmo y el naturalismo metafísico se dan sólo cuatro escenarios posibles:


1º.  Un universo incausado y necesario: No existe por otro ni puede cesar de existir (universo absoluto y eterno).

2º. Un universo causado y necesario: Existe por otro pero no puede cesar de existir (serie infinita de universos).

3º. Un universo incausado y contingente: No existe por otro pero puede cesar de existir (universo surgido de la nada).

4º. Un universo causado y contingente: Existe por otro y puede cesar de existir (universo creado).


Las tres primeras opciones caracterizan al ateísmo o naturalismo, mientras que la última es propia del teísmo. ¿Son, sin embargo, igualmente racionales? De ninguna manera.

- Parece que la tercera posibilidad es la más endeble, ya que la nada no puede crear nada en absoluto. El acto de crear, como cualquier acto de producción, presupone que el creador y la criatura existen simultáneamente al menos en algún momento. No obstante, por su misma noción, la nada no puede existir simultáneamente con el universo en ningún momento. Por tanto, un universo surgido de la nada es imposible (ver Teorema 9).

- En relación a la segunda posibilidad, remite a la primera, ya que la serie infinita de universos a la que se alude sería ella misma incausada y necesaria.

- Respecto a la primera posibilidad, respondo que las partes temporales del universo son mutuamente incomposibles. Así, considerando que lo que es incomposible con lo que es necesario es imposible (por el Axioma 3), debemos concluir que las partes temporales del universo no son necesarias, puesto que ninguna de ellas es imposible.

Una previsible réplica a este argumento es que, mientras que las partes temporales del universo pueden ser contingentes, con todo, el universo mismo debe considerarse necesario. Mas creo que esta asunción puede ser refutada negando que el universo, entendido como la fusión de sus partes temporales, sea un ser real.

Partamos de un axioma que está más allá de toda discusión: "Nada es incomposible consigo mismo". Conviene detenerse en este principio. "Nada es incomposible consigo mismo" equivale a "ningún ser puede no existir consigo mismo"; o en positivo: "todo ser debe existir consigo mismo", lo que viene a ser el correlato existencial del principio de identidad. Por "existir" se entiende "ser un mismo ser en un mismo tiempo y en un mismo lugar". Con lo que el axioma en su enunciación completa sería como sigue: "Todo ser real debe ser un mismo ser en un mismo tiempo y en un mismo lugar".

Así, todo ser existente existe en un mismo tiempo (es imposible que A exista y no exista en T1), lo cual no implica que todo ser existente exista en un solo tiempo (dado que es posible que A exista en T1 y en T2, si A es idéntico en T1 y en T2). Análogamente, todo ser existente existe en un mismo lugar al mismo tiempo (es imposible que A exista y no exista en L1 al mismo tiempo), lo cual no implica que todo ser existente exista en un solo lugar al mismo tiempo (dado que es necesario que A exista en L1 y en Ln al mismo tiempo, si A es un cuerpo extenso).

Debe admitirse que las partes temporales del universo son mutuamente incomposibles, toda vez que se suceden unas a otras y jamás se dan de forma simultánea. De este hecho indisputado y del referido axioma según el cual nada es incomposible consigo mismo se sigue necesariamente que las partes temporales del universo no pueden pertenecer a un mismo ser a resultas de una fusión. El universo en T1 ya no volverá a repetirse de forma idéntica en los Tn sucesivos, es decir, no será un mismo ser en un mismo tiempo y en un mismo lugar, sino que su estructura y la relación entre sus partes habrán variado, siendo esta variación la que nos permite distinguir a los diferentes momentos entre sí. Igualmente, el universo como adición de todos sus momentos tampoco será el mismo ser "ex definitione", sino el ser que realmente es en cada uno de sus momentos, donde sólo puede ser en parte.

Por tanto, cada momento encierra un universo en su mónada temporal. Sólo verbalmente, refiriéndonos a la suma de todos los momentos posibles como "el universo" podemos alcanzar una apariencia imaginaria de ser unitario transtemporal, que como hemos visto no debe considerarse un ser real, al no cumplir con el señalado axioma. Esta "fusión" a la que aspira el naturalista no es más que un producto de la fantasía carente de toda sustancia lógica. Es así que todos los momentos del universo pueden estar relacionados o yuxtapuestos, pero en modo alguno constituirán partes de un universo real; serán partes de un universo imaginario.

Dicho esto, ¿cómo puede ser verdadera la pretensión de que el universo existe necesariamente? El universo en sí mismo no es un ser real; sólo sus partes temporales lo son, mientras que el universo como un todo -es decir, como el agregado de dichas partes- no es nada más que un fantasma. Por consiguiente, el universo en sí mismo no puede ser algo distinto de sus partes temporales, las cuales hemos concedido ser contingentes (un universo sin partes temporales sería un no-ser, o una singularidad incapaz de desarrollo). Ergo el universo no puede ser necesario.

De esta manera, por descarte, debemos afirmar que la cuarta posibilidad es la verdadera, esto es, que el universo fue creado por un no-universo distinto de la nada. En base al Axioma 8, parece que este creador es el ser al que llamamos Dios.

viernes, 27 de febrero de 2015

El universo como agregado de todos sus momentos posibles no es un ser real




Se dan al menos dos clases de propiedades para los seres: de grado y de naturaleza. Así, por ejemplo, estar quemado es una propiedad de grado, mientras que estar vivo es una propiedad de naturaleza. De manera que cuando una cualidad es alcanzada mediante grados:

- Puede crecer o decrecer (puedo estar más o menos quemado).

- Puede atribuirse al sujeto o a parte del mismo (puedo estar completamente quemado o haberme quemado sólo la mano).

Por el contrario, cuando una cualidad es de naturaleza:

- No puede crecer ni decrecer, salvo que deje de existir por completo (puedo estar vivo o no, pero no puedo estar más vivo o menos vivo).

- Puede atribuirse sólo al sujeto, sin distinción de partes (puedo estar vivo, pero no ha lugar a que mi mano esté viva si el resto de mi cuerpo no lo está).

Lo anterior puede parecer trivial. No obstante, según creo, constituye una distinción esencial en metafísica. Así pues, parece que ser necesario es una propiedad de naturaleza, lo que significa, como se ha establecido, que no puede crecer ni decrecer (el universo no puede ser más o menos necesario), y que no puede atribuirse a una parte y negarse al resto. Por tanto, si el universo en un tiempo 2 (@T2) no fuera necesario, se seguiría que el universo mismo en cualquier tiempo (@Tn) no es necesario.

Mi argumento asume que el universo en un tiempo 1 (o en cualquier otro tiempo) no es una abstracción, sino el universo real y el único que puede cumplir con la ley de identidad, mientras que el universo en todos los tiempos posibles (@) es una abstracción que falsamente presupone algún tipo de "alma del universo" inmutable a fin de fusionar todas las secciones de tiempo en un solo ser. Esta última presuposición conduce a consecuencias absurdas, como he mostrado en la reductio, y a muchos otros sinsentidos (en @ yo estaría muerto y vivo, soltero y casado, etc.).

Para resumirlo en un argumento subsidiario:

Axioma 1:

Nada es incomposible consigo mismo.

Teorema 1:

Si dos o más estados de cosas son mutuamente incomposibles, no son parte del mismo ser.

Demostración:

Por el Axioma 1.

Teorema 2:

@T1 o cualquier otro @Tn no pueden ser parte del universo (@).

Demostración:

Si dos o más estados de cosas son mutuamente incomposibles, no son parte del mismo ser (por el Teorema 1). Sin embargo, @T1 o cualquier otro @Tn son mutuamente incomposibles, dada la índole temporal del universo. Por tanto, @T1 o cualquier otro @Tn no pueden ser parte del universo (@).

Teorema 3:

El universo como agregado de todos sus momentos posibles (@) no es un ser real.

Demostración:

El universo (@) es la totalidad de la materia o energía capaz de existir en todos los tiempos posibles (@Tn). @T1 o cualquier otro @Tn no pueden ser parte del universo (@) (por el Teorema 2). Por tanto, el universo como agregado de todos sus momentos posibles (@) no es un ser real.

miércoles, 25 de febrero de 2015

A new argument on the existence of God


Definition 1

Possible is what entails no contradiction.

Definition 2

Impossible is what entails a contradiction.

Definition 3

Necessary is that whose denial entails a contradiction, and exists by itself.

Definition 4

Contingent is that whose denial entails no contradiction, and it may exist by another being or not exist.

Definition 5

Opposite (or incompossible) is what cannot occur simultaneously with a possible being.

Definition 6

Concomitant (or compossible) is what can occur simultaneously with a possible being.

Definition 7

Nothingness, if possible, is the total absence of matter or energy.

Definition 8

The universe, if any, is the totality of matter or energy.

Definition 9

God, if any, is the immaterial being with the power to create the universe.


Axiom 1

An opposite of what is impossible is either possible and not necessary, impossible or necessary (what is impossible is opposed to everything).

Axiom 2

An opposite of what is possible and not necessary is either possible and not necessary or impossible (what is possible is opposed to everything, except to what is necessary).

Axiom 3

An opposite of what is necessary is impossible (what is necessary is concomitant with what is possible and what is necessary, and only is opposed to what is impossible).

Axiom 4

What is not necessary is contingent.

Axiom 5

What is contingent is either possible or impossible.

Axiom 6

What is not impossible is possible. 

Axiom 7

Everything that exists does so by itself or by another being.

Axiom 8

God, the universe and nothingness, if possible, are the only possible beings.


Theorem 1

Any universe is an opposite of nothingness.

Demonstration:

Nothingness, if possible, is the total absence of matter or energy (by Definition 7). The universe, if any, is the totality of matter or energy (by Definition 8). Opposite is what cannot occur simultaneously with a possible being (by Definition 5). Therefore, any universe is an opposite of nothingness.

Theorem 2

Nothingness is either possible or impossible, but not necessary.

Demonstration:

Any non-contradictory universe is possible (by Definition 1). Any universe is an opposite of nothingness (by Theorem 1). An opposite of what is possible and not necessary is either possible or impossible, but not necessary (by Axiom 2). In turn, an opposite of what is necessary is impossible, but neither necessary nor possible (by Axiom 3). Therefore, whether the universe is possible and not necessary, or possible and necessary, nothingness is either possible or impossible, but not necessary.

Theorem 3

Nothingness is possible.

Demonstration:

Nothingness is either possible or impossible, but not necessary (by Theorem 2). God and nothingness are concomitant, since God can either create or not create anything (by Definitions 3, 6, 7 and 9). What is impossible is opposed to everything, i.e., to what is possible, to what is impossible and to what is necessary (by Axiom 1). However, nothingness is not opposed to everything, since it is not opposed to God. Thus, nothingness is not impossible. What is not impossible is possible (by Axiom 6). Therefore, nothingness is possible.

Theorem 4

Any universe is not necessary. 

Demonstration: 

Nothingness is possible and not necessary (by Theorems 2 and 3). Any universe is an opposite of nothingness (by Theorem 1). An opposite of what is possible and not necessary is either possible or impossible, but not necessary (by Axiom 2). Therefore, any universe is not necessary.

Theorem 5

An opposite of a necessary universe is either God or impossible (if the universe is necessary, then God is impossible).

Demonstration:

Necessary is that whose denial entails a contradiction, and exists by itself (by Definition 3). God, if any, is the immaterial being with the power to create the universe (by Definition 9). You can only create what is non-existent. However, if the universe is necessary, it cannot be created, since this would entail that it did not exist at some point, and that it wasn't necessary. Then, an opposite of a necessary universe is either God or impossible.

Theorem 6

It is necessary that the universe, if any, is contingent.

Demonstration:

Any universe is not necessary (by Theorem 4). What is not necessary is contingent (by Axiom 4). Therefore, it is necessary that the universe, if any, is contingent.

Theorem 7

It is necessary that a contingent universe, if any, exists by another being.

Demonstration:

Everything that exists does so by itself or by another being (by Axiom 7). It is necessary that the universe, if any, is contingent (by Theorem 6). Contingent is that whose denial entails no contradiction, and it may exist by another being or not exist (by Definition 4). Therefore, it is necessary that a contingent universe, if any, exists by another being.

Theorem 8

It is impossible that any universe exists by another universe.

Demonstration:

The universe, if any, is the totality of matter or energy (by Definition 8). Thus, there cannot be more than a universe. Therefore, it is impossible that any universe exists by another universe.

Theorem 9

It is impossible that any universe exists by nothingness.

Demonstration:

Any universe is an opposite of nothingness (by Theorem 1). Opposite is what can not occur simultaneously with a possible being (by Definition 5). Therefore, it is impossible that any universe exists by nothingness ("ex nihilo nihil fit").

Theorem 10

God exists.

Demonstration:

I. It is necessary that a contingent universe, if any, exists by another being (by Theorem 7). Any universe is not necessary (by Theorem 4). The universe exists. Therefore, the universe exists by another being.

II. God, the universe and nothingness, if possible, are the only possible beings (by Axiom 8). It is impossible that any universe exists by another universe (by Theorem 8), and it is impossible that it exists by nothingness (by Theorem 9). Then, it is necessary that any universe, if any, exists by God. Therefore, since the universe exists, God exists.

* * *

As for God being possible:

The universe is necessary if and only if it is always necessary.

If the universe is always necessary, then the universe in T1, T2, T3... Tn is necessary.

The universe in T1 and in any other moment (T2, T3... Tn) are incompossible, that is, mutually opposite.

An opposite of what is necessary is impossible (by Axiom 3).

Thus, if the universe in T1 is necessary, then the universe in T2, T3... Tn is impossible.

However, the universe in T2, T3... Tn is possible, since the universe has a temporal nature.

Therefore, the universe is not necessary.

Therefore, nothingness -understood as the lack of any universe- is possible.

So:

God is possible or impossible (by Axiom 6).

God is impossible if and only if he is self-contradictory or incompossible with a necessary entity.

God -as the immaterial being with the power to create the universe- is not self-contradictory.

Neither nothingness nor the universe are necessary (as I have already proved).

God, the universe and nothingness, if possible, are the only possible beings (by Axiom 8).

Therefore, God is possible.

* * *

"Reductio ad absurdum" of the definition depicting the universe as a single 4D object:

Definition 1

The universe (@) is the totality of matter or energy able to exist at every possible time (@Tn).


Axiom 1

Two indiscernible entities have to be regarded as identical.

Axiom 2

The whole is greater than any of its parts.


Theorem 1

The universe in its first state (@T1) is a part of the universe (@).

Demonstration:

It follows from Definition 1.

Theorem 2

The universe (@) is identical to the universe in its first state (@T1) or in any other state (@Tn).

Demonstration:

Suppose the universe in its first state (@T1) and compare it with the universe able to exist at all possible times (@). Both are indiscernible, given Definition 1, since @T1 contains all matter or energy that can exist at every possible time. Thus, they are identical (by Axiom 1). Therefore, the universe (@) is identical to the universe in its first state (@T1) or in any other state (@Tn).

Theorem 3

The universe (@) is identical to any of its parts (@Tn).

Demonstration:

The universe in its first state (@T1) is a part of the universe (@) (by Theorem 1). The universe (@) and the universe in its first state (@T1) or in any other state (@Tn) are identical (by Theorem 2). Therefore, the universe (@) is identical to any of its parts (@Tn).

However, this is absurd (by Axiom 2). Therefore, Definition 1 is incorrect.

Thus, we must assert that the universe is the totality of matter or energy in a particular moment (with a definite structure), but it must be denied that we are allowed to speak of the universe as the aggregate of all its possible times (@). This implies that the universe at any of its possible times (@Tn) is not a single entity but a multiplicity of entities distinct from each other.

lunes, 23 de febrero de 2015

El universo, el tiempo y la posibilidad de Dios






Definición 1

El universo (U) es la totalidad de la materia o energía capaz de existir en todos los tiempos posibles (UTn).


Axioma 1

Dos entes indiscernibles deben reputarse idénticos.

Axioma 2

El todo es mayor que cualquiera de sus partes.


Proposición 1

El universo en su primer estado (UT1) es parte del universo (U).

Demostración:

Se sigue de la Definición 1.

Proposición 2

El universo (U) es idéntico al universo en su primer estado (UT1) o en cualquier otro estado (UTn).

Demostración:

Supóngase al universo en su primer estado (UT1) y compárese con el universo capaz de existir en todos los tiempos posibles (U). Ambos son indiscernibles, puesto que UT1 contiene la totalidad de la materia o energía capaz de existir en todos los tiempos posibles (por la Definición 1). Luego son idénticos (por el Axioma 1). Por tanto, el universo (U) es idéntico al universo en su primer estado (UT1) o en cualquier otro estado (UTn).

Proposición 3

El universo (U) es idéntico a cualquiera de sus partes (UTn).

Demostración:

El universo en su primer estado (UT1) es parte del universo (U) (por la Proposición 1). El universo (U) y el universo en su primer estado (UT1) o en cualquier otro estado (UTn) son idénticos (por la Proposición 2). Por tanto, el universo (U) es idéntico a cualquiera de sus partes (UTn).

Ahora bien, esto es absurdo (por el Axioma 2). Por tanto, la Definición 1 es incorrecta.

Así pues, diremos que el universo es la totalidad de la materia o energía, pero negaremos que pueda hablarse del universo como el agregado de todos sus tiempos posibles (U). Ello conlleva que el universo en cualquiera de sus tiempos posibles (UTn) no es un solo ente, sino una multiplicidad de entes distintos entre sí.

Luego:

El universo es necesario si y sólo si es necesario siempre.

Si el universo es necesario siempre, el universo en T1, T2, T3... Tn es necesario.

El universo en T1 y en cualquier otro momento (T2, T3... Tn) son incomposibles, es decir, opuestos.

Lo opuesto de lo necesario es imposible (por el Axioma 3).

Luego, si el universo en T1 es necesario, el universo en T2, T3... Tn es imposible.

Ahora bien, el universo en T2, T3... Tn es posible, puesto que el universo es temporal.

Por tanto, el universo no es necesario.

Ergo, la nada -como ausencia de universo- es posible.

Luego:

Dios es posible o imposible.

Dios es imposible si y sólo si es autocontradictorio o es incomposible con un ente necesario.

Dios -como ser inmaterial con el poder de crear el universo- no es autocontradictorio.

Ni la nada ni el universo son necesarios (según demostré).

Dios, el universo y la nada, de ser posibles, son los únicos entes posibles (por el Axioma 8).

Por tanto, Dios es posible.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Nuevo argumento sobre la existencia de Dios





Definición 1

Posible es lo que no conlleva contradicción.

Definición 2

Imposible es lo que conlleva contradicción.

Definición 3

Necesario es aquello cuya negación conlleva contradicción, y existe por sí mismo.

Definición 4

Contingente es aquello cuya negación no conlleva contradicción, y puede existir por otro o no existir.

Definición 5

Opuesto (incomposible) es lo que no puede darse simultáneamente con otro.

Definición 6

Concomitante (o composible) es lo que puede darse simultáneamente con otro.

Definición 7

La nada, de ser posible, es la ausencia total de materia o energía.

Definición 8

El mundo, de existir, es la totalidad de la materia o energía.

Definición 9

Dios, de existir, es el ser inmaterial con el poder de crear el mundo.


Axioma 1

Lo opuesto de lo imposible es posible y no necesario, imposible o necesario (lo imposible se opone a todo).

Axioma 2

Lo opuesto de lo posible y no necesario es posible y no necesario o imposible (lo posible y no necesario se opone a todo, excepto a lo necesario).

Axioma 3

Lo opuesto de lo necesario es imposible (lo necesario es concomitante con lo posible y lo necesario, y sólo se opone a lo imposible).

Axioma 4

Lo no necesario es contingente.

Axioma 5

Lo contingente es posible o imposible.

Axioma 6

Lo no imposible es posible.

Axioma 7

Todo lo que existe lo hace por sí o por otro.

Axioma 8

Dios, el mundo y la nada, de ser posibles, son los únicos entes posibles.


Proposición 1

Cualquier mundo es lo opuesto a la nada.

Demostración:

La nada, de ser posible, es la ausencia total de materia o energía (por la Definición 7). El mundo, de existir, es la totalidad de la materia o energía (por la Definición 8). Opuesto es lo que no puede darse simultáneamente con otro (por la Definición 5). Por tanto, cualquier mundo es lo opuesto a la nada.

Proposición 2

La nada es posible o imposible, pero no necesaria.

Demostración:

Cualquier mundo no contradictorio es posible (por la Definición 1). Cualquier mundo es lo opuesto a la nada (por la Proposición 1). Lo opuesto de lo posible y no necesario es posible o imposible, pero no necesario (por el Axioma 2).  A su vez, lo opuesto de lo necesario es imposible, pero no necesario ni posible (por el Axioma 3). Por tanto, ya sea el mundo posible y no necesario, ya posible y necesario, la nada es posible o imposible, pero no necesaria.

Proposición 3

La nada es posible.

Demostración:

La nada es posible o imposible, pero no necesaria (por la Proposición 2). Dios y la nada son concomitantes, ya que Dios puede crear o no crear (por las Definiciones 3, 6, 7 y 9). Lo imposible se opone a todo, es decir, a lo posible, lo imposible y lo necesario (por el Axioma 1). Ahora bien, la nada no se opone a todo, puesto que no se opone a Dios. Luego la nada no es imposible. Lo no imposible es posible (por el Axioma 6). Por tanto, la nada es posible.

Proposición 4

Cualquier mundo no es necesario.

Demostración:

La nada es posible y no necesaria (por las Proposiciones 2 y 3). Cualquier mundo es lo opuesto a la nada (por la Proposición 1). Lo opuesto de lo posible y no necesario es posible o imposible, pero no necesario (por el Axioma 2). Por tanto, cualquier mundo no es necesario.

Proposición 5

Lo opuesto de un mundo necesario es Dios o un imposible (si el mundo es necesario, Dios es imposible).

Demostración:

Necesario es aquello cuya negación conlleva contradicción, y existe por sí mismo (por la Definición 3). Dios, de existir, es el ser inmaterial con el poder de crear el mundo (por la Definición 9). Sólo puede crearse lo que no existe. Ahora bien, si el mundo es necesario no puede ser creado, ya que esto último conllevaría que no ha existido en algún punto, y que no es necesario. Luego, lo opuesto de un mundo necesario es Dios o un imposible.

Proposición 6

Es necesario que el mundo, de existir, sea contingente.

Demostración:

Cualquier mundo no es necesario (por la Proposición 4). Lo no necesario es contingente (por el Axioma 4). Por tanto, es necesario que el mundo, de existir, sea contingente.

Proposición 7

Es necesario que un mundo contingente, de existir, exista por otro.

Demostración:

Todo lo que existe lo hace por sí o por otro (por el Axioma 7). Es necesario que el mundo, de existir, sea contingente (por la Proposición 6). Contingente es aquello cuya negación no conlleva contradicción, y puede existir por otro o no existir (por la Definición 4). Por tanto, es necesario que un mundo contingente, de existir, exista por otro.

Proposición 8

Es imposible que cualquier mundo exista por otro mundo.

Demostración:

El mundo, de existir, es la totalidad de la materia o energía (por la Definición 8). Luego no puede haber más que un mundo. Por tanto, es imposible que cualquier mundo exista por otro mundo.

Proposición 9

Es imposible que cualquier mundo exista por la nada.

Demostración:

Cualquier mundo es lo opuesto a la nada (por la Proposición 1). Opuesto es lo que no puede darse simultáneamente con otro (por la Definición 5). Por tanto, es imposible que cualquier mundo exista por la nada ("ex nihilo nihil fit").

Proposición 10

Dios existe.

Demostración:

I. Es necesario que un mundo contingente, de existir, exista por otro (por la Proposición 7). Cualquier mundo no es necesario (por la Proposición 4). El mundo existe. Por tanto, el mundo existe por otro.

II. Dios, el mundo y la nada, de ser posibles, son los únicos entes posibles (por el Axioma 8). Es imposible que cualquier mundo exista por otro mundo (por la Proposición 8) y es imposible que exista por la nada (por la Proposición 9). Luego es necesario que cualquier mundo, si existe, exista por Dios. Por tanto, puesto que el mundo existe, Dios existe.

sábado, 7 de febrero de 2015

No puede mantenerse el argumento




Remití mi argumento ontológico al profesor Graham Oppy, quien, tras un intercambio que duró unos días, logró convencerme de que no era sólido ni concluyente. El centro de gravedad de la cuestión es si cabe atribuir al Axioma 1 una certeza apodíctica. Oppy considera que no, y no he sido capaz de probar lo contrario.

Reproduzco la discusión con su permiso expreso. Mi texto en negro, azul y granate; el de Oppy en rojo y morado. Enlaces al debate: 1 y 2.





sábado, 31 de enero de 2015

Argumento ontológico




Definición 1

A los efectos de esta demostración, entiendo por posible lo que no conlleva contradicción y no es necesario.

Definición 2

Imposible es lo que conlleva contradicción.

Definición 3

Necesario es aquello cuya negación conlleva contradicción.

Definición 4

La nada, de existir, es la ausencia total de materia o energía.

Definición 5

El mundo, de existir, es la totalidad de la materia o energía.

Definición 6

Dios, de existir, es el ser inmaterial creador del mundo.

Definición 7

Opuesto (o incomposible) es lo que no puede existir junto a su negación.


Axioma 1

Lo opuesto de lo posible es posible (Si A es posible, entonces ¬A es posible).

Axioma 2

Lo que no es posible ni imposible es necesario (quartum non datur).

Axioma 3

Lo que no es imposible ni necesario es posible (quartum non datur).

Axioma 4

Lo que no es posible ni necesario es imposible (quartum non datur).


Proposición 1

Cualquier mundo es lo opuesto a la nada.

Demostración:

La nada es la ausencia total de materia o energía (por la Definición 4). El mundo es la totalidad de la materia o energía (por la Definición 5). Opuesto es lo que no puede existir junto a su negación (por la Definición 7). Por tanto, cualquier mundo es lo opuesto a la nada.

Proposición 2

La nada es posible.

Demostración:

Cualquier mundo es lo opuesto a la nada (por la Proposición 1). Lo opuesto de lo posible es posible (por el Axioma 1). Cualquier mundo no contradictorio es posible (por la Definición 1). Por tanto, la nada es posible.

Proposición 3

Lo opuesto de un caso posible no puede ser necesario.

Demostración:

Lo opuesto de lo posible es posible (por el Axioma 1). Lo posible y lo necesario se excluyen mutuamente (por las Definiciones 1, 3 y 7). Por tanto, lo opuesto de un caso posible no puede ser necesario.

Proposición 4

Cualquier mundo no es necesario.

Demostración:

La nada es posible (por la Proposición 2). Cualquier mundo es lo opuesto a la nada (por la Proposición 1). Lo opuesto de un caso posible no puede ser necesario (por la Proposición 3). Por tanto, cualquier mundo no es necesario.

Proposición 5

Si el mundo es necesario, Dios es imposible.

Demostración:

Necesario es aquello cuya negación conlleva contradicción (por la Definición 3). Dios es el ser inmaterial creador del mundo (por la Definición 6). Sólo puede crearse lo que no existe. Ahora bien, si el mundo es necesario, no puede ser creado, ya que ello conllevaría que no ha existido en algún punto. Luego, si el mundo es necesario, Dios es imposible.

Proposición 6

Un mundo necesario es imposible.

Demostración:

Cualquier mundo no es necesario (por la Proposición 4). Por tanto, un mundo necesario es imposible.

Proposición 7

Aquello cuyo opuesto es imposible es necesario.

Demostración:

Imposible es lo que conlleva contradicción (por la Definición 2). Necesario es aquello cuya negación conlleva contradicción (por la Definición 3). Por tanto, aquello cuyo opuesto es imposible es necesario.

Proposición 8

Dios es necesario.

Demostración:

Aquello cuyo opuesto es imposible es necesario (por la Proposición 7). Un mundo necesario es imposible (por la Proposición 6). Dios es lo opuesto de un mundo necesario (por la Definición 7 y la Proposición 5). Por tanto, Dios es necesario.

domingo, 25 de enero de 2015

Creación del tiempo




Así como en derecho hablamos de presunción de inocencia o de buena fe, en filosofía hay una presunción de razonabilidad. De esta manera, todo lo que no sea lógicamente contradictorio debe tenerse por razonable y por posible a priori. Luego, si se pretende que hay contradicción, quien la alega debe mostrarla.

En nada repugna a la razón el que una acción no física pueda dar lugar a un fenómeno físico. Ciertamente debe sostenerse que lo no físico no puede convertirse en físico, ya que eso supondría una destrucción de su naturaleza primera y un impedimento absoluto a vincularla con su naturaleza segunda. Pero cuando dicha naturaleza primera subsiste y genera algo completamente disímil a sí misma ¿por qué debería ser inasumible? Basta con que no sea contradictorio para que pueda aceptarse. No es contradictorio que la vida produzca la muerte. Tampoco lo es, entonces, el que lo espiritual produzca la materia y lo atemporal el tiempo.

Presuponer a Dios como creador del mundo no nos obliga a soslayar ningún sinsentido ni a digerir piadosamente crasos paralogismos, como creen o quieren hacernos creer algunos pseudofilósofos. Desde un prisma neutral una acción es la relación entre un estado y otro en términos de producción: A produce B. Por tanto, no resulta autoevidente el que toda acción implique temporalidad. Sólo la acción física implica tal cosa, y que todas las acciones sean físicas es precisamente lo que el materialista debe demostrar.

La relación temporal es una relación ordinal. El tiempo es una especie de orden que conlleva multiplicidad y sucesión. Es obvio que la multiplicidad resulta común a todo orden, ya que lo singular no necesita ordenarse. Pero la sucesión o el movimiento no entran en el mínimo común denominador de la noción de orden. De manera que un sistema puede estar ordenado en función de cualquier criterio y ciertas partes preceder a otras en él sin involucrar a la temporalidad en ningún extremo.

En el acto de crear el mundo se crea materia, y es propio de la materia permanecer en movimiento. De este modo, habiendo movimiento, hay tiempo desde el momento en que algo es creado. Pero no es el acto de crear el que exige tiempo, sino el resultado de éste.

Infiérese a partir de esto que la Creación implica multiplicidad, no sucesión. Para que haya sucesión debe haber tiempo en ambos estados, y es evidente que no lo hay antes de la creación del tiempo. Luego no hay tiempo en el estado previo y, por tanto, tampoco hay sucesión entre éste y el estado posterior.

Así pues, conviene distinguir entre la acción y su resultado. La acción de matar produce la muerte, pero ella misma no está muerta ni tiene una "referencia mortal". El asesino, que está vivo, mata a determinado individuo que también lo está. Lo mata porque estaba vivo, y cuando muere deja de matarlo. Por consiguiente, es obvio que la muerte (el resultado de la acción) y el asesinar (la acción propiamente dicha) no se han encontrado jamás en el orden lógico, aunque se hayan sucedido en el orden temporal. 

Pues bien, en el caso de la Creación sucede justo al revés que en el ejemplo del asesino: el Creador y lo creado no se encuentran en el orden temporal, pero están vinculados por un orden lógico. Un orden no sometido a las leyes físicas, las cuales son creadas en virtud del mismo.

lunes, 19 de enero de 2015

Javier Pérez Jara o la banalización de la teología natural




Tras responder al artículo de Javier Pérez Jara, uno de sus compañeros de armas me afeó haber buscado una presa demasiado fácil mediante la elección de un texto antiguo y poco significativo, en lugar de hacer lo propio con otros más maduros y recientes en los que se exponían con mayor solvencia ideas similares. En concreto se me señaló como ejemplar el artículo titulado De la física a la metafísica: Cuestiones sobre teología natural, etc., escrito por el mismo autor cinco años más tarde al hilo de una polémica con Francisco José Soler Gil.

La lectura ha sido francamente decepcionante. El estilo verboso de Pérez Jara hace que resulte una ardua tarea espigar argumentos entre la inútil palabrería deslavazada. Cuando uno al fin da con ellos, repara en que están vagamente enunciados, desprovistos de cualquier rigor demostrativo y como estorbados por una avalancha de vocablos que se precipita sin orden ni concierto.

A pesar de ello, a fin de esquivar la acusación y no parecer sospechoso de oportunismo, examinaré nuevamente el sostén filosófico del sedicente "ateísmo esencial" de los seguidores de Gustavo Bueno, limitándome a una breve censura de los puntos contenidos en el primer capítulo, relativo a la teología natural y a su supuesta inconsistencia.

1. Que la nada es imposible.

Se llama "imposible" en lógica a aquella proposición que, por su naturaleza contradictoria, puede ser pronunciada pero no concebida ni realizada. Inversamente, todo lo no contradictorio es posible, y todo lo posible es susceptible de tener lugar en determinados casos o bajo ciertas leyes.

Dicho esto, hay que aclarar un frecuente malentendido: si bien es contradictorio que la nada exista, ya que la existencia es siempre existencia de algo, no lo es el que la nada sea posible, entendida como la privación de todos los fenómenos y la ausencia absoluta de materia y energía.

Así, no hay elementos contradictorios en la noción de "nada", que es por el contrario la más simple que puede formularse y, por esta razón, la más probable a priori. El menos complejo de los universos, a saber, aquel constituido por un solo átomo de materia idéntico a sí mismo a lo largo de los eones, es todavía infinitamente más improbable que la nada, la cual no requiere ni causa ni espacio ni tiempo ni ninguna especie de orden, puesto que por definición no existe. De manera que, si hiciéramos abstracción de nuestros sentidos y aplicásemos la navaja de Ockham a la disyuntiva entre el universo y la nada, deberíamos fallar siempre a favor de la nada, extremo expresado por Leibniz en su célebre pregunta sobre el ser.

Luego, en tanto no se muestre dónde radica la contradicción o el engaño, que no exista absolutamente nada salvo Dios es concebible para el teísta; y que no exista absolutamente nada, ni siquiera Dios, es asimismo concebible para el ateo. Admitido esto, se sigue que la nada es posible y, como correlato lógico, que el universo no es necesario.

Por consiguiente, sólo cambiando el sentido recto de las palabras puede avalarse la tesis de la imposibilidad de la nada. Esto es, trocando la noción de lo imposible (i.e., lo contradictorio) por la de lo no empírico (i.e., lo no susceptible de experiencia), o confundiendo la idea de la nada, meramente negativa (que nada exista), por un concepto positivo de ésta (que la nada exista).

Pero ni lo imposible puede asimilarse a lo no empírico, so pena de tener por imposibles todos los razonamientos a priori, ni la nada es algo más que la ausencia de todo ente. De lo que se sigue que la nada es posible.

2. Que Dios, si fuera inmutable, no conocería el mundo.

La reflexión que subyace a este postulado es que toda acción entraña movimiento y, por ende, lo inmutable debe ser inactivo. Se nos dice, pues, que un ser inmutable no puede obrar, toda vez que cualquier acción implica un cambio en el agente (que pasa de no obrar a obrar) como en el paciente (que pasa de no padecer a padecer). Luego un ser inmutable tampoco puede poseer conocimiento, siendo el conocer una especie de obrar.

Con todo, hay que negar la mayor, ya que, en primer lugar, no toda acción implica movimiento ni paciente, dado que existen actos indivisibles y reflexivos como el inteligir, que no admite distinción de grado (algo se entiende o no se entiende) ni objeto físico (sólo entendemos lo abstracto) ni sucesión (si algo se entiende, se entiende en un instante).

En segundo lugar, el acto puro se caracteriza por no experimentar transición del no actuar al actuar, al ser propio de su esencia el actuar siempre sin solución de continuidad.

3. Que Dios, si existiera como acto puro, anegaría el mundo.

Se interpone el siguiente silogismo: Si Dios, dotado de un poder infinito, imprimiese su potencia al mundo, sin duda lo destruiría o desnaturalizaría, puesto que una fuerza infinita y otra finita serían inmiscibles. Ahora bien, si Dios existiera, sería infinito y, a su vez, creador del mundo. Luego Dios no existe, ya que el mundo existe y es finito.

Este argumento pareció absurdo a Averroes e impropio de la divinidad, según lo refiere Bodino, ya que:

De ese modo se igualaría el poder de todas las causas, la causa segunda con esta potencia infinita, uniéndose al cielo finito y acabado no actuaría ni se movería el tiempo.

Sin embargo, nada compele a Dios a ejercer todo su poder sobre el mundo, por lo que, a diferencia de la naturaleza, que realiza el máximo de su poder y facultad en tanto no encuentra obstáculos, el numen divino limita su poder por su propia voluntad. Esto acaso pudo ser negado por Spinoza, que todo lo redujo al deseo y al conato en base a la inexorable determinación causal (Ética, proposición 48), si bien tal demostración no aplica a la causa primera, a la que nada determina salvo su mismo intelecto. 

4. Que Dios omnisciente es contradictorio con el libre albedrío.

La omnisciencia en ningún caso contradice el libre albedrío, toda vez que el conocimiento sobre algo no interfiere en su obrar. Un autómata que siga las instrucciones de su creador no será más esclavo por el hecho de que éste conozca de antemano su proceder, ni más libre si lo ignora.

Asimismo, la absoluta determinación de las causas segundas no las encadena al hado, siempre que concurran unos mínimos elementos para garantizar la libertad. Estos son, según Leibniz, que no se dé la necesidad metafísica (esto es, aquella cuya inexistencia implica contradicción), que se proceda según un orden previsible (por el principio de razón suficiente), que se postulen causas finales (es decir, que no todo sea materia y causa eficiente) y que haya en el agente consciencia y voluntad. Es así que, si algo es posible, racionalmente pronosticable, se dirige a un fin y es deseado con claridad y distinción por un sujeto, ha de decirse en verdad que tal sujeto es libre.

Pues bien, es innegable que no hay en el mundo una necesidad metafísica, toda vez que sus fenómenos son contingentes y dependientes de procesos causales. Que Dios haya elegido este mundo en lugar de otros no se debe, como se ha explicado, a que quepa hablar de compulsión en Él, sino a su libre elección de lo mejor; es decir, a una causa final (que todo sea óptimo). En cuanto al hombre, las causas finales deben preferirse a las eficientes como explicación de su obrar cuando aquéllas sean más simples que éstas y, por tal motivo, más adecuadas.

5. Que Dios, providente y moralmente óptimo, es contradictorio con la existencia del mal.

El problema del mal es, bien mirado, un pseudoproblema. Quien objeta a Dios la existencia del mal debe establecer antes cuál es la mínima cantidad de mal tolerable para el universo teísta. 

Si ningún mal es tolerable, deberá concluirse que nada debió ser creado, ya que cualquier ente distinto de Dios mismo adolecerá de alguna imperfección. Pero preferir la nada al mejor de los universos posibles es una insensatez.

Si algún mal es tolerable, será preciso establecer cuál es el límite de dicha tolerancia. No obstante, siendo el mal una noción teleológica (algo es malo porque frustra un fin bueno), quien estableciese este límite debería conocer todos los fines, lo que escapa a la potestad del hombre. De modo que, aunque la moral nos obligue a actuar según las apariencias de lo bueno y de lo malo, nadie excepto Dios sabe lo que realmente le conviene.

Así pues, concediéndose que el mal es un medio necesario para obtener un bien mayor el problema queda resuelto, ya que lo que conduce al bien sólo impropiamente puede llamarse mal.

Añádase a ello la consideración estoica en base a la cual la bondad o la maldad de un hecho no está en su naturaleza, sino en el discurso del hombre. Por tanto, no hay hechos buenos o malos, sino opiniones mediante las que aprobamos o desaprobamos los hechos. Para el sabio todo destino es favorable, ya que mantiene sujeta su imaginación, sereno su ánimo e intacta su lucidez, mientras que para el necio toda fortuna será poca, al carecer de fines estables y ser marioneta de cualquier viento.

Es así que un mundo idealmente ajustado a nuestra voluntad no dejaría espacio para la virtud, y aunque tal vez aumentaría la felicidad de los individuos, disminuiría al mismo tiempo su valor. Por otro lado, si nuestra voluntad estuviera perfectamente ajustada a la virtud, de modo que por necesidad metafísica no pudiéramos errar moralmente, semejante virtud no nos sería imputable a nosotros, sino a quien nos creó sometidos a dicha necesidad.

6. Que los atributos de Dios son autocontradictorios, contradictorios entre sí o inconsistentes con la realidad.

Esta afirmación se subdivide en otras tantas, a saber:

- Que nadie, y por tanto tampoco Dios, puede ser causa de sí mismo.

La teología natural no afirma otra cosa. Dios es el ser necesario y, justamente por ser necesario, no precisa de causa alguna.

- Que nadie, y por tanto tampoco Dios, puede tener una conciencia infinita.

Leibniz sostuvo lo contrario. No sólo Dios, sino también el hombre y todo animal tienen una conciencia infinita, al ser la materia infinitamente dividida y universalmente interconexa el objeto de nuestro conocimiento. Las mónadas reflejan la totalidad del universo, aunque lo hagan de un modo imperfecto, frente a Dios, que lo representa perfectamente.

- Que nadie, y por tanto tampoco Dios, puede conocerlo todo.

Se argumenta que, si todo está relacionado con todo, en orden a conocer algo deberíamos antes conocerlo todo. Y, dado que ello es imposible, y no obstante conocemos algo, resulta patente que no todo está relacionado con todo.

Así, mediante un falso dilema nada sutil (o conocerlo todo o no conocer nada) y una apreciación práctica trivial aplicable sólo a los entendimientos finitos (para conocer algo hay que desvincularlo del todo) se llega a una falsa conclusión universal (no todo está vinculado a todo). Los buenistas esgrimen este pedestre razonamiento para combatir el monismo y la conexión de todas las causas amparándose en una interpretación torticera y crasa de Platón, como se verá acto seguido.

Platón en el Sofista, al buscar una vía media entre la escuela eleática y la heraclítea, rechaza que no haya ninguna comunicación entre géneros y que todos los géneros se comuniquen. Así, si los géneros estuvieran separados por completo, el movimiento y el reposo no participarían del ser, o lo que es lo mismo, no habría movimiento ni reposo, por lo que sería tan falso decir que el universo está en movimiento como que está en reposo. Rechaza a su vez la comunicación de todos los géneros, habida cuenta que si el movimiento participara del reposo y viceversa, el movimiento estaría en reposo y el reposo en movimiento, lo que no tiene sentido. Por reducción al absurdo, pues, llega Platón a la tercera opción, que es la teoría de las ideas, por la cual unos géneros son conformes entre sí y otros no, según el orden que dicta la lógica y la subordinación de todos los géneros a la verdad, el único ser inmutable, al que se identifica con Dios.

Esta confrontación, que en el texto platónico se desarrolla en el ámbito gnoseológico, es groseramente desplazada por Bueno al terreno ontológico, es decir, de los géneros a las cosas mismas. De ahí que se pretenda erróneamente que Platón niega la conexión de todas las cosas, cuando lo que en realidad niega es la conexión indistinta de todas las ideas. Niega, pues, a Heráclito, que sostenía la identidad de los contrarios:

El camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo. 
El mar, agua pura e impura; para los peces, la más saludable, para los hombres, mortal. 
Comprende cómo divergiendo coincide consigo mismo, acople de tensiones, como el arco y la lira.

Pero también niega a Spinoza, vanamente idolatrado por los buenistas, el cual mantuvo que una única substancia poseía infinitos atributos o, en otras palabras, que un mismo sujeto (la naturaleza naturante) posee predicados contradictorios (la naturaleza naturada).

Es así que el cambio no se asocia al no-ser, como pretende Parménides, sino a un ser degradado, que no es en sí y existe por participación (lo que llevará a Aristóteles a distinguir entre la substancia y los accidentes); mientras que el ser no es un ser marmóreo desprovisto de predicados, mas el último eslabón de todos ellos.

Para Platón y para Leibniz la substancia no está en el mundo fenoménico, sino en el nouménico: en las ideas, en las mónadas, en Dios.

Cae por su propio peso, entonces, que así como todas las ideas remiten a la Verdad, todas las causas remiten a la causa primera. Aunque el movimiento y el reposo no participen el uno del otro, siendo nociones diametralmente opuestas, participan no obstante de la noción común de tiempo, que a su vez participa de la noción de causa, que participa de la de pluralidad, la cual participa asimismo de la de unidad (la noción última y trascendente, según Plotino).

Vemos, pues, cómo en base a una exégesis disparatada y ventajista se intenta conferir a una filosofía nueva el marchamo de autoridad de una filosofía venerable.

En fin, por todo ello, resulta sin duda falso que no todo está conectado causalmente con todo, lo que sólo puede afirmarse dando por bueno el vacío intersticial entre los átomos e imaginando saltos en la naturaleza.

- Que nadie, y por tanto tampoco Dios, puede hacerlo todo.

Esta objeción es quizá la más ridícula. Dios no puede destruirse, obrar mal o crear algo superior a sí mismo. Todo ello son absurdos, ya que van contra la definición de Dios. La omnipotencia es la facultad de obrar todo lo posible (lo no contradictorio), no lo posible y lo imposible.

7. Que constituye un non sequitur afirmar que el Ser necesario de la teología natural es el dios personal de la teología dogmática.

No sólo no es un non sequitur, sino que tal debe sostenerse forzosamente. 

Así, el Ser necesario es aquel cuya existencia fundamenta la de los seres contingentes, sin requerir en sí misma ninguna fundamentación. Siendo la causa primera, es también la razón última capaz de explicarlo todo, de anudar todos los fenómenos y evitar que el universo se disuelva en la incongruencia de sus partes. 

De lo anterior hay que concluir que, dado que el universo es contingente, no emana necesariamente del Ser necesario, pues, de ser así, sería su prolongación y parte de él, y a resultas de ello no podría ser llamado contingente en absoluto. Tertium non datur, si el universo no resulta de la fatal necesidad, será verdadero afirmar que encuentra su origen en la libertad. Por tanto, no existe más que por un acto de voluntad de la causa primera. Ésta, antes de determinarse, tuvo que deliberar; o, lo que es lo mismo, tuvo que alcanzar mediante razonamiento su preferencia por este mundo (ya que, sin dicho razonamiento, cualquier mundo tenía idéntico derecho y probabilidad de existir), lo que conllevó descartar una infinidad de otros universos posibles. 

Luego, si hay Ser necesario y hay mundo, debe haber Dios creador; y si hay Dios creador, debe tratarse de un dios personal, dotado de procesos volitivos e intelectuales. 

8. Que Dios es antropomorfo, lo que demuestra que es asimismo antropogénico.

Esta inferencia es sumamente débil. Si Dios es el autor de todas las perfecciones, como la vida, la voluntad, la inteligencia o la consciencia, necesariamente deberá poseerlas, pues no puede darse aquello de lo que se carece. Luego, asumiendo la existencia de Dios, deberá decirse más bien que el hombre es deiforme, esto es, que participa de cualidades originariamente divinas. La proposición contraria sólo es plausible si se asume la tesis opuesta, a saber, la inexistencia de Dios, con lo que quien así razona procede mediante petición de principio.

En suma, pues, comprobamos que todas las dificultades que los buenistas oponen a la teología especulativa y la teodicea son poco más que un cúmulo de sofismas fruto de la incomprensión de lo que se critica y de la adhesión gregaria y poco juiciosa a los postulados del maestro.