jueves, 6 de septiembre de 2007

Sí y no


"Hacer aparecer la unidad divina oculta bajo la diversidad del mundo es la obra de la naturaleza. Incorporar el espíritu más elevado al cuerpo más bajo y llevarlos a la perfección absoluta es la obra del arte".


No creo que ningún materialista darwiniano aprobase estas arbitrarias y esotéricas definiciones de Cattiaux. Establecer una separación radical entre naturaleza y arte implica admitir que hay algo no natural en la naturaleza, a saber: lo artístico y -en tanto que la causa eficiente contiene al efecto- el artista. El subjetivismo romántico casa muy mal con el realismo descarnado, marmóreamente monista.

Pero esto es sólo en apariencia. El fiel seguidor de Darwin, ateo a fuer de fiel, está seguro de haber probado que no puede haber diseño en la naturaleza. Y la razón es que ¡diseño y naturaleza se oponen! ¿Cómo -se pregunta- podría ser natural el objeto de una creación consciente? Deduce por añadidura que, dado que Dios, el sujeto, no lo es, aquél tampoco puede serlo. Como si todas las obras del hombre tuvieran que ser hombres, y todas las de Dios, dioses.

Sin embargo, está escrito que Dios sólo creó al ser humano a su semejanza. Hay más buen sentido en estas sencillas palabras que en todos los teatrales "desafíos ateos" que últimamente proliferan.