lunes, 1 de enero de 2007

Psyche, Odyne


Lo que distingue al dolor del resto de acontecimientos en nuestro cuerpo es que, en palabras de Spinoza, disminuye nuestra capacidad de pensar y actuar. (Una pasión sólo puede favorecer a la consciencia si se contrapone a otra mayor que ya estaba operando). Así, la acción y el pensamiento son, negativamente, la medida de lo doloroso. Si todo fuera pasivo, si existiese una indistinción total entre acciones y pasiones, no percibiríamos dolor o el placer intensos. Ahora bien, los percibimos, luego se dan acciones radicadas en un punto infinitesimal y no en una vaga superficie extensa, llámese ésta cerebro, dendrita o psicón. Ergo, el alma existe, sin perjuicio de que esté perfectamente coordinada con todos sus resortes orgánicos, como se corresponde a su noción de forma invariable del cuerpo.

Separamos del siguiente modo las pasiones y las acciones: Las pasiones radican fuera de mí (causa eficiente exógena), mientras que las acciones radican en mí (causa eficiente endógena). Actuar es provocar en otro una pasión, y de ahí que el pensamiento no suela estimarse un proceso activo "strictu sensu", sino intencional o pre-activo. Padecer, entonces, significa recibir la acción del otro, por lo que no existe padecimiento sin exterioridad o multiplicidad de sujetos.

Dicho esto, ¿cómo puede el cuerpo -donde no hay nada externo relevante- padecerse a sí mismo? ¿Cómo puede recibir una acción generada por él, de manera que se daría el absurdo que su capacidad de actuar y de pensar aumenta y disminuye a un tiempo? Sólo presuponiendo multiplicidad de sujetos. No sería correcto, pues, decir que padece mi cuerpo, sino que "padece mi rodilla" (debido a los tendones) o "se duelen mis bronquios" (por causa de la tráquea), cuando es innegable que todo el organismo se resiente de la discapacidad, con lo que cabría incluirlo como sujeto propio de la dolencia. Tampoco se puede dudar de que, por naturaleza, en lugar de autodestruirse tejido contra tejido, aquél tiende a su conservación.

En suma, ¿por qué la acción de mover mi brazo se me atribuye a mí y no al brazo? Porque se explica mejor del primer modo. O también: porque el brazo tiene partes y no puede ser sujeto, pero yo sí. Y, si no tengo partes, no soy (sólo) un cuerpo.