viernes, 5 de octubre de 2007

Ensayo de prueba


Resistir es tener una inercia. Si no hay unidad esencial de lo que resiste, tampoco hay una inercia: habrá, si acaso, muchas. Pero, para que haya muchas inercias, antes tiene que haber una, pues la multiplicidad se deriva de la unidad. Por tanto, la resistencia de los cuerpos a su interpenetración prueba por sus efectos la existencia real de las mónadas.

* * *

Moverse es tender a una dirección. Todo cuerpo extenso en movimiento tiende a una infinidad de direcciones según se lo tome por una parte u otra. Si englobamos a varias de ellas (d1, d2, d3) en un espacio común al que llamemos también "dirección" (dT), resultará que varias direcciones (p.ej., d1, d2) son más simples que una dirección (dT = d1 + d2 + d3), lo que es manifiestamente ilógico y atenta contra el sentido de las palabras. Por tanto, las direcciones de todo cuerpo en movimiento son necesariamente múltiples. Ahora bien, lo múltiple se compone de unidades. Se requiere, pues, algo distinto a un cuerpo extenso para que el término "dirección" y, por consiguiente, el concepto de movimiento no sean vacíos. Esto es, un ente inextenso o mónada.

37 comentarios:

Fernando G. Toledo dijo...

No es en absoluto evidente, e incluso lo es todo lo contrario, que la multiplicidad derive de la unidad.

Lo mismo digo para la falaz conclusión de que un ente inextenso dé lugar a un cuerpo extenso. Es absurdo, dado que por más que sumemos inextensiones, jamás alcanzaremos extensión alguna.
Citando al maestro: jódete, Leibniz.

irichc dijo...

Será entonces la unidad la que deriva de la multiplicidad, como el uno del dos, lo singular de lo plural y el mono del hombre.

Por lo demás, tengo que resolver un malentendido común. La materia no es una suma de mónadas a guisa de átomos. Para Leibniz la materia no es más que un fenómeno dependiente de la imaginación, esto es, relativo al perspectivismo monádico. No existe una "realidad en sí" como Kant soñó, convirtiendo el mundo en una inmensa mónada ciega y opaca.

irichc dijo...

Dicho de otro modo, la materia obtiene de las mónadas algunas de sus propiedades definitorias, como la resistencia y la tendencia a estructurarse formando unidades complejas (organismos). Pues la evolución no habría podido darse en cualquier universo, sino sólo en uno que siguiera el principio de razón suficiente, que implica el de inhesión sujeto-predicado.

Hay propiedades, sin embargo, que son completamente ajenas a la mónada. La extensión es la más clara. Lo que es simple no puede ser extenso ni formar parte constituyente de ello en cuanto extenso. Ambos niveles de realidad -nouménico y fenoménico- tienen que ser creados y regirse por sus propias leyes.

Fernando G. Toledo dijo...

"Para Leibniz la materia no es más que un fenómeno dependiente de la imaginación"

Vaya, alguien ha leído mal. Creí que para Leibniz "en la más mínima porción de la materia hay un Mundo de criaturas, de vivientes, de Animales, de Entelequias, de Almas". Nótese que Leibniz no dice que es en las almas donde está la materia (y ése sería un modo en que podría la materia "depender de la imaginación"), sino todo lo contrario.

"Lo que es simple no puede ser extenso ni formar parte constituyente de ello en cuanto extenso"

A sabiendas que estabas obligado a exponer esto es que te objeté avant la lettre que la multiplicidad no iba a derivar de la unidad. ¿Y cómo lo múltiple no a a ser extenso? ¿Y cómo va a ser extenso lo simple?

"Ambos niveles de realidad -nouménico y fenoménico- tienen que ser creados y regirse por sus propias leyes."

Demasiada peticiones de principio para tan pocas palabras. Hay mucho por resolver para dar tan rápido t salto de fe en público.

Fernando G. Toledo dijo...

La "t" suelta es de "tu".

irichc dijo...

Vaya, alguien ha leído mal. Creí que para Leibniz "en la más mínima porción de la materia hay un Mundo de criaturas, de vivientes, de Animales, de Entelequias, de Almas". Nótese que Leibniz no dice que es en las almas donde está la materia (y ése sería un modo en que podría la materia "depender de la imaginación"), sino todo lo contrario.

Así es. Las mónadas están en la materia, su lugar, pero no la componen. ¿Dónde más podrían encontrarse? ¿En el ultramundo?

Una objeción inteligente sería plantear cómo lo simple influye en lo compuesto y viceversa. Leibniz lo resolvió de la única manera posible: Deus ex machina, mediante la armonía preestablecida. Por ello, la prueba de la existencia del alma en este filósofo implica la de la existencia de Dios.


A sabiendas que estabas obligado a exponer esto es que te objeté avant la lettre que la multiplicidad no iba a derivar de la unidad.

Estás mezclando conceptos. Las mónadas fundamentan la realidad dándole consistencia ontológica (como muestro en esta entrada) y evitando que todo fluya indiscriminadamente. Pero son un fundamento intangible, metafísico, de ninguna manera físico. No es por agregación de mónadas que se llega a la materia, sino que la materia es como es porque hay mónadas. Podría ser de otra forma, y eso es algo que el materialismo jamás contempla.

Sursum corda! dijo...

Es curioso encontrar en la actualidad a alguien que haya leído a Leibniz, lo haya entendido y haya admitido como verdadero su discurso.

Pero, a diferencia de los diálogos como los hacía Leibniz, aquí tenemos a alguien que hace una exposición sincera, consciente y no artificiosa de esas ideas, con el inconveniente de que si somos mónadas que no tenemos verdaderas interacciones el diálogo se convierte en paradójico.

Vamos a ver si respondemos a la entrada.

Resistir es tener una inercia.

Sc!: ¿Resistir? El concepto de inercia como una resistencia al movimiento no es más que imaginación. Hay una proporción entre la fuerza aplicada a un móvil y la aceleración que experimenta en razón de su masa. Lo que se llama inercia es la conservación del momento o de la energía cinética, que sólo cambia en razón de un trabajo realizado por una fuerza a lo largo de una distancia.

Si no hay unidad esencial de lo que resiste, tampoco hay una inercia: habrá, si acaso, muchas.

Sc!: Sí, claro. Lo cual explica que un cuerpo que gira se mantenga girando en función de la ley de conservación del momento angular. ¿Cómo, si no, giraría algo si fuera simple?

Pero, para que haya muchas inercias, antes tiene que haber una, pues la multiplicidad se deriva de la unidad.

Sc!: Cierto, la de cada punto, en un análisis abstracto de la materia en puntos con masa o de cada átomo o partícula elemental, donde quiera que se pueda encontrar algo elemental.

Por tanto, la resistencia de los cuerpos a su interpenetración prueba por sus efectos la existencia real de las mónadas.

Sc!: ¿Las mónadas? Admitamos que si hay algo compuesto hay algo elemental, pero llamar a eso elemental "monada" es ir demasiado lejos en la imaginación, ya que los datos experimentales llaman a unas partículas electrones y a otras con otros nombres, pero sus cualidades: carga, masa, etc, no son muy apropiadas para llamarlas "mónadas".

Por otra parte, la no penetrabilidad de los sólidos no demuestra la existencia de las mónadas que la penetrabilidad de los gases la desmiente. De hecho, la no penetrabilidad de un sólido es la conservación de las posiciones relativas de sus átomos, entre los cuales abunda el espacio vacío.

Moverse es tender a una dirección.

Sc!: Es aceptable eso si lo despojamos de las "connotaciones" arsitótelicas de movimiento como tendencia a un fin.

Moverse es que la posición de un objeto es función del tiempo.

Todo cuerpo extenso en movimiento tiende a una infinidad de direcciones según se lo tome por una parte u otra.

Sc!: Se puede describir la velocidad de un cuerpo como le vector resultante de la suma de los vectores velocidad de cada punto. Sí. Gracias a Leibniz y al cálculo.

Por tanto, las direcciones de todo cuerpo en movimiento son necesariamente múltiples. Ahora bien, lo múltiple se compone de unidades. Se requiere, pues, algo distinto a un cuerpo extenso para que el término "dirección" y, por consiguiente, el concepto de movimiento no sean vacíos. Esto es, un ente inextenso o mónada.

Sc!: Se requiere que el cuerpo extenso se descomponga en puntos dotados de su propio vector de velocidad. Lo último, lo de la mónada, es como más arriba, una especulación que añade toneladas de imaginación al concepto de átomo, de partícula elemental o al de punto del análisis matemático del movimiento.

Un saludo.

Sursum corda! dijo...

Error.

Donde dice

Por otra parte, la no penetrabilidad de los sólidos no demuestra la existencia de las mónadas que la penetrabilidad de los gases la desmiente.

debe decir

Por otra parte, la no penetrabilidad de los sólidos no demuestra la existencia de las mónadas MÁS DE LO que la penetrabilidad de los gases la desmiente.

Sursum corda! dijo...

MI ENHORABUENA POR UN BLOG RAZONADO.

Y por unos argumentos que merecen ser leídos.

Fernando G. Toledo dijo...

Así es. Las mónadas están en la materia, su lugar, pero no la componen.

¿Cómo iban a estar en la materia si has dicho que "para Leibniz la materia no es más que un fenómeno dependiente de la imaginación, esto es, relativo al perspectivismo monádico"? Es como si todos los unicornios estuvieran en los caballos, aunque los caballos no existan. Así, si no existen los caballos, no existen las mónadas.

"Leibniz lo resolvió de la única manera posible: Deus ex machina, mediante la armonía preestablecida"

Bueno, eso está claro y por tal cosa las contradicciones tan evidentes. La armonía hace que las mónadas no sean cerradas ni libres, etc., porque están "afinadas" por Dios. Predestinadas sus acciones, manejadas.

"Estás mezclando conceptos"

No, sólo he intentado mostrarte las paradojas anteriores, arriesgándome a confundás esos planteos con mi propia posición.

"Pero son un fundamento intangible, metafísico, de ninguna manera físico"

Eso es pedir el principio. Decir que lo físico se fundamenta en lo metafísico. ¿Cómo y por qué? ¿Cómo esa metafísica se atreve a hacer su aparición en el "mundo de los fenómenos"? Tu frase está vacía.

"Podría ser de otra forma, y eso es algo que el materialismo jamás contempla"

Lo mismo digo, pero con la autoridad de lo que hay.

irichc dijo...

Hola, SC. Muchas gracias por tus comentarios.

Creo que toda tu crítica se resume en oponer el atomismo clásico a la monadología. Como puedes imaginar, es éste un aspecto que Leibniz tuvo muy en cuenta, hasta el punto de reconocer haber sido atomista en su juventud. Si abandonó la hipótesis de las "partículas de dureza infinita" o de "máxima pequeñez" fue por encontrarla inconsistente con la experiencia. Así, escribe:

Hay otros inconvenientes respecto de los átomos. Por ejemplo, no pueden obedecer a las leyes del movimiento, y la fuerza de dos átomos iguales que chocaran directamente con velocidades iguales tendría que perderse; pues parece que sólo la elasticidad hace rebotar a los cuerpos.

Entre otros muchos argumentos dispersos en sus obras.

irichc dijo...

Fernando:

¿Cómo iban a estar en la materia si has dicho que "para Leibniz la materia no es más que un fenómeno dependiente de la imaginación, esto es, relativo al perspectivismo monádico"? Es como si todos los unicornios estuvieran en los caballos, aunque los caballos no existan. Así, si no existen los caballos, no existen las mónadas.

Sin duda la culpa de que esta discusión se prolongue es enteramente mía. Doy por sabidos conceptos que no tienen por qué conocerse. Cuando dije que la materia es imaginaria en Leibniz no fue en el sentido de Berkeley, sino en el de Einstein. Citando al autor al que no ceso de referirme:

Insisto, por tanto, sobre lo que acabo de decir: que la extensión no es otra cosa que un abstracto, y que exige algo que sea extenso. Tiene necesidad de un sujeto, es algo relativo a ese sujeto, como la duración. Presupone incluso algo anterior en ese sujeto. Presupone alguna cualidad, algún atributo, alguna naturaleza de ese sujeto que se extienda, se expanda con el sujeto y se continúe.

Sursum corda! dijo...

Mi crítica se basa en que vemos lo que vemos y conocemos lo que conocemos. el resto son hipótesis, sea el atomismo, la continuidad del ser, las mónadas o lo que se quiera.

La cuestión consiste en crear alguna teoría que sea coherente interna y externamente, es decir lógicamente válida, y verdadera, es decir, coherente con lo observado.

Los fenómenos nos muestran pluralidad, a pesar de Parménides, y nuestra descripción y comprensión del Universo debe dar cuenta de la pluralidad. El atomismo consiste, como bien sabe, en postular seres separados pero que interactúan.

Puede que a Leibniz no le satisficiera concebir los átomos como puntos provistos de masa y de dureza infinita (podíamos suponer que indeformables e indivisibles). Pero nada obliga a concebir así a los átomos y nada más lejos de la idea de puntos indivisibles de dureza infinita que las nubes de probabilidad de la mecánica cuántica.

Sabemos que en algunos choques se conserva la energía y se llama choque elástico cuando toda la energía cinética anterior al choque permanece después del choque, es decir, sin producir deformaciones calentamiento, cambios químicos o de cualquier otro tipo. Pero no diremos que eso se debe a que los átomos sean similares a bolas de billar.

La teoría sobre los átomos hoy debe incluir diversas clases de las llamadas partículas subatómicas para dar cuenta de resultados experimentales, mientras que la idea de mónada parece un refugio contra la críitica, una hipótesis no falsable en lenguaje moderno que pretende explicar una aparentes relaciones sobra la base de una armonía preestablecida en la que cada mónada actúa paralelamente a las demás, sin interactuar nunca con ellas. Pero no explica nada observable sino que se tuerce y se retuerce cuanto sea necesario para parecer coherente con los hechos y creando, en realidad, más interrogantes que los que explica.

En cualquier caso, mi crítica afecta a la solución que Leibniz y usted, que lo sigue, dan a los problemas observados, sin negar buena parte de ellos. Por ejemplo (y esto es lo que me resulta atractivo de su blog) el reconocimiento de que nuestro ser físico aparece como una pluralidad mientras que nuestra conciencia aparece como una unidad.

Sursum corda! dijo...

irichc:

En relación a su respuesta de las 21:19 a FGT, la extensión supone pluralidad e interacción. La paradoja para Leibniz, y no menos para mí, es que los seres se conciban como diferentes pero capaces de interactuar. Pero también es paradójico que Leibniz idee mónadas, seres completamente aislados unos de otros y que, con ello, pretenda explicar un mundo aparentemente lleno de interacciones.

La forma válida, única válida a mi juicio, de crear ideas o teorías complejas, es analizar lo observable e idear la hipótesis que explique los fenómenos y sea capaz de predecir sucesos a priori improbables. Y, a continuación, descartar las que choquen irremisiblemente con la experiencia y mantener provisionalmente las demás. Así, analizamos lo existente y podemos ver seres diferenciados tales que unos pueden existir independientemente de otros. Pero al analizar la realidad en unidades debemos reintegrar a la hipótesis la interacción y la llamamos causalidad.

También al analizar la realidad debemos reconocer algo como identidad del objeto, bajo ciertas condiciones, pero también el cambio como tiempo. O reconocer el espacio como relación. En fin: tenemos las categorías aristotélicas por el mismo motivo por el que tenemos en la gramática sujeto (ser), adjetivo (cualidad, cantidad), verbo (acción, pasión) etc. Debemos reconocer que existe el espacio y el tiempo, pero me temo que es absurdo tratar de explicarlos partiendo de algo que, forzosamente, entendemos peor que los propios hechos.

irichc dijo...

El atomismo consiste, como bien sabe, en postular seres separados pero que interactúan.

Interactúan, sí, mas a través del vacío. Un vacío por doquier. Ahora bien, ¿qué es el vacío? No es dificultad pequeña introducir en toda la naturaleza lo que ni siquiera puede definirse con solvencia.


Puede que a Leibniz no le satisficiera concebir los átomos como puntos provistos de masa y de dureza infinita (podíamos suponer que indeformables e indivisibles). Pero nada obliga a concebir así a los átomos y nada más lejos de la idea de puntos indivisibles de dureza infinita que las nubes de probabilidad de la mecánica cuántica.

Disculpa si me pierdo un poco en la terminología científica que no domino (y que no obstante aprecio como enriquecedora para el debate). Según un reduccionismo lógico muy fácil de asimilar, la materia o bien es infinitamente divisible, o bien no lo es. Si lo es, entonces no hay átomos en el sentido clásico, sin perjuicio de que exista lo que la ciencia conoce hoy por "átomo".


Sabemos que en algunos choques se conserva la energía y se llama choque elástico cuando toda la energía cinética anterior al choque permanece después del choque, es decir, sin producir deformaciones calentamiento, cambios químicos o de cualquier otro tipo. Pero no diremos que eso se debe a que los átomos sean similares a bolas de billar.

Leibniz argumenta que, de existir los átomos, la energía iba a perderse en determinados choques entre ellos, dada la rigidez insuperable de estos cuerpos. Conservar dicha energía mientras se prescinde del fenómeno de la elasticidad (excluido por el sistema atomista) supondría negar la razón del choque de fuerzas equivalentes.


La teoría sobre los átomos hoy debe incluir diversas clases de las llamadas partículas subatómicas para dar cuenta de resultados experimentales, mientras que la idea de mónada parece un refugio contra la críitica, una hipótesis no falsable en lenguaje moderno que pretende explicar una aparentes relaciones sobra la base de una armonía preestablecida en la que cada mónada actúa paralelamente a las demás, sin interactuar nunca con ellas.

La teoría de las mónadas y las partículas subatómicas no son recíprocamente excluyentes, si se acepta que dentro de éstas puede caber la división.

irichc dijo...

La paradoja para Leibniz, y no menos para mí, es que los seres se conciban como diferentes pero capaces de interactuar. Pero también es paradójico que Leibniz idee mónadas, seres completamente aislados unos de otros y que, con ello, pretenda explicar un mundo aparentemente lleno de interacciones.

Jamás hay que perder de vista que Leibniz es el máximo exponente del Barroco, una concepción del mundo que postulaba que las cosas no son lo que parecen. Para Leibniz la realidad es apariencia, pero se trata de una apariencia racional, no de un espejismo alucinatorio. La razón de la apariencia de interacción de las mónadas con lo que las rodea es doble. Por un lado, la conexión de todo lo extenso de cabo a cabo del universo, que se expresa mediante el principio de razón suficiente. Por el otro, la creación continua de Dios, que mantiene milagrosamente unidos dos elementos radicalmente distintos: substancial el uno, fenoménico el otro.

Tu protesta, si ando atinado, estriba en suponer que Leibniz convierte las interacciones reales de la materia en interacciones imaginarias. Pero esto no es así, desde el momento en que las mónadas -pese a estar en la materia- no son materia. Son, en fin, reflejos particulares e inmateriales de un mundo material incapaz de concebirse "en sí"; son mundos pequeños o "microcosmos".

irichc dijo...

La forma válida, única válida a mi juicio, de crear ideas o teorías complejas, es analizar lo observable e idear la hipótesis que explique los fenómenos y sea capaz de predecir sucesos a priori improbables. Y, a continuación, descartar las que choquen irremisiblemente con la experiencia y mantener provisionalmente las demás.

No te angusties. La teoría de Leibniz es metafísica y no pretende convertirse en instrumento de análisis de la realidad. Al contrario: tras analizar ésta, Leibniz llega a conclusiones monadológicas. El filósofo a menudo comparaba su hallazgo con el heliocentrismo, que, a pesar de descubrirnos la descripción más exacta de nuestro sistema planetario, no forzó a nadie a partir de entonces a decir "la Tierra ha rotado" en lugar de "ha salido el Sol".

Sursum corda! dijo...

irichc: "Para Leibniz la realidad es apariencia, pero se trata de una apariencia racional, no de un espejismo alucinatorio."

Sc!: No sé si hablamos en los mismos términos, pero la distancia entre lo conocido y el conocimiento, entre la cosa y la idea o el concepto es algo muy antiguo. Y lo es también la discusión sobre qué cualidades son reales y cuáles son meros estados en el sujeto.

Es conocido el ejemplo de Galileo sobre si las cosquillas están en la pluma. La conclusión que se fue imponiendo en la filosofía y en las ciencias naturales (no veo solución de continuidad) es que la materia tenía propiedades geométricas y movimiento, explicable también de modo analítico introduciendo el tiempo como variable de las funciones de espacio o velocidad. Y que todo lo demás, color, sabor, temperatura o cualqesquiera otra, eran cualidades SECUNDARIAS debidas al efecto de las cualidades PRIMARIAS en el sujeto que siente.

Así, las cosquillas no están en la pluma pues se sienten en unas zonas de la piel y en otras no (cosa que también sucede con la luz, que no se ve con los codos) o las sienten unas personas y otras no, cosa que ocurre también con los ciegos y la luz. ¿Está entonces la luz en la radiación del sol?

La misma pregunta podríamos extenderla a todo pues sin sujeto no hay conocimiento ni percepción ni conceptos (ni verdad, cuestión que me aguarda en alguno de sus anteriores mensajes).

Sursum corda! dijo...

irichc: "Tu protesta, si ando atinado, estriba en suponer que Leibniz convierte las interacciones reales de la materia en interacciones imaginarias. Pero esto no es así, desde el momento en que las mónadas -pese a estar en la materia- no son materia. Son, en fin, reflejos particulares e inmateriales de un mundo material incapaz de concebirse "en sí"; son mundos pequeños o "microcosmos".

Es bastante difícil saber qué pensaba Leibniz, incluso leyendo sus libros, e imagino que lo mismo que hay mucho aristotelismo que Aristóteles no soñó, podríamos interpretar que Leibniz dijo lo que pretendemos que dijo. Pero, bueno, toda filosofía es reflexión actual sobre temas, aparte de la erudición de saber lo que fulano escribio, dónde, cuándo y si bajo la influencia del alcohol, el café o los paseos.

Es muy conocida la idea de Leibniz de que "César cruzó el Rubicón" se deduce de la esencia de César y que si la conociéramos completamente podríamos deducir en su juventud que cruzaría este río.

Podemos estar de acuerdo en que si conociéramos que César era valiente y osado podríamos deducir, al menos con probabilidad, que no respetaría la orden de no atravesar con tropas ese río. Pero también podemos deducir, sin asomo de duda, de que César frito en una gran sartén con aceite de oliva moriría. Y eso sólo con conocer parte de la esencia de César.

De lo que no estoy tan seguro (ironía) es de que supiéramos lo del Rubicón sin saber que tal río existe o que existían los senadores romanos o Pompeyo. Los hechos involucran muchos seres reales, más de los imaginados si tenemos en cuenta las teorías del caos, y la capacidad para deducir algo con exactitud choca con que con sólo tres objetos en interacción no hay función posible que dé la posición y velocidad de cada cuerpo salvo por aproximación.

La realidad nos impone las interacciones, a pesar de que NO PODAMOS SABER LO QUE SON, sino sólo que debemos tomarlas como partes integrantes de la realidad.

Sursum corda! dijo...

Error:

Donde dice

Pero también podemos deducir, sin asomo de duda, de que César frito

debe decir

Pero también podemos deducir, sin asomo de duda, que César frito

o bien

Pero también podemos deducir, sin asomo de duda, de que César al ser frito

Ustedes comprenden... las prisas.

Sursum corda! dijo...

irichc: "No te angusties. La teoría de Leibniz es metafísica y no pretende convertirse en instrumento de análisis de la realidad."

Sc!: Veamos. Todo conocimiento pretende referirse a la realidad y todo lo que pretende referirse a la realidad debe ser un conocimiento. Por que, si no ¿de qué hablamos? ¿Para qué hablamos?

Pasar el rato tiene muchas formas y una de ellas es la discusión sobre filosofía, pero creo que aquí tendemos a pensar que hablamos de lo real.

Los conceptos, las categorías de ser, cualidad, acción, pasión, el cambio, la dialéctica, el determinismo, TODO de lo que se habla en la filosofía responde a nuestro acercamiento ala realidad, a los conflictos que se producen entre lo pensado y lo experimentado, o entre unos conceptos y otros.

Cuando hablemos de la causalidad, del ser, de la permanencia, del cambio, del sujeto, de la identidad, te diré que no las comprendemos en absoluto sino que analizamos lo experimentado del mismo modo que analizamos un compuesto rompiéndolo en sus elementos (lysis) y luego reintegramos los elementos en un modelo mental, que es la idea o concepto.

Todo debe tener un sentido empírico, práctico incluso, para tener ALGÚN sentido. Y de lo demás, mejor no hablar, como dijo Wittgenstein.

Si todo lo que aporta hablar de seres o de mónadas, de causalidad o de armonía preestablecida es similar a que si Cristo estaba entre los dos bandidos, ambos bandidos flanqueaban a Cristo, magro resultado.

irichc dijo...

SC:

La mejor defensa que he sabido esbozar de la tesis de la inhesión sujeto-predicado la encontrarás en la franja lateral izquierda de este blog bajo el título "Refutación leibniziana de Spinoza". Y si no es la mejor que pueda salir de mi pluma, barrunto que sí es la más didáctica hasta ahora.

irichc dijo...

Los conceptos, las categorías de ser, cualidad, acción, pasión, el cambio, la dialéctica, el determinismo, TODO de lo que se habla en la filosofía responde a nuestro acercamiento ala realidad, a los conflictos que se producen entre lo pensado y lo experimentado, o entre unos conceptos y otros.

Cómo no. Pero la metafísica permanece instalada en un nivel superior que le impide el contacto directo con los hechos. No se ocupa de ellos, sino del ser, esto es, de las condiciones de existencia. Hay una diferencia cualitativa muy importante entre preguntarse "¿por qué ha ocurrido esto?" o, en cambio, "¿por qué es el ser y no más bien la nada?". A propósito de todo ello, escribe Saame en relación al principio de razón suficiente:

En una carta a Pierre de Varignon pone Leibniz un ejemplo de la "universalidad de este principio en la geometría", donde es especialmente importante para el cálculo infinitesimal. Pero la ley de la continuidad es válida igualmente en física, porque "armoniza continuamente lo físico con lo geométrico", garantizando el orden en la naturaleza. En la física está su "mayor utilidad", (usage grandissime dans le physique), especialmente para la teoría del movimiento, le escribe Leibniz al canónigo Simon Foucher. En virtud de la ley de la continuidad se transforman, para Leibniz, "todas las oposiciones absolutas en relativas" de modo que en su Dinámica entiende el reposo como un movimiento de velocidad infinitamente disminuida. Así se supera la estricta oposición entre reposo y movimiento, concibiéndose el movimiento, en general, de una manera nueva.

Sursum corda! dijo...

Yo no veo respuesta alguna en el sentido que ni Leibniz la da ni tú, su seguidor y actualizador, lo completas. Leibniz/irichc os limitáis a constatar una paradoja entre nuestros conceptos de ser y de compuesto y para acabar con ella asumís sin pestañear otra: la de las causas aparentes, excepto cuando Dios crea en alma o la materia.

Como bien define Leibniz, concebimos un ser como aquello a lo que se pueden atribuir todos su predicados. El problema consiste en que la causa es algo ajeno al ser en que se realiza su efecto y, por lo tanto, llegamos a una paradoja. Del mismo modo en la continuidad temporal, en la que se es y se deja de ser permanentemente.

Lo que no veo posible es salir de la paradoja que crea nuestra forma de conocer el mundo: no podemos conocer la cosa en sí en la medida en que es algo diferente de nosotros, luego lo que conocemos son sus efectos, que luego reconstruimos conceptualmente en forma de unidad.

Pero si debemos negar la realidad de las causas y conformarnos con apariencias, negamos la intuición más inmediata de lo desconocido, lo sorprendente, lo indeseado, que se nos imponen desde fuera de nuestra subjetividad.

Por eso podemos comprender el mundo desde reconstrucciones conceptuales pero no podemos presumir haber alcanzado jamás la esencia de algún ser. Nos quedamos, como Kant, con los fenómenos, mientras que hablar de causas, cosas en sí, Dios y todo eso, es especular con lo incognoscible.

Llamamos ser a aquello a lo que podemos atribuir una unidad y unas cualidades particulares, pero si Leibniz ve evidente que ni dos diamantes son uno, ni UN diamante lo es puesto que puede ser dividido en parte (destino especialmente habitual entre los diamantes) mi yo no es uno puesto que no tengo mis recuerdos, que olvido con frecuencia, ni es MI hambre, ni es MI dolor. sólo soy consciente de mi identidad actual y el resto es flujo cambiante.

irichc dijo...

El problema consiste en que la causa es algo ajeno al ser en que se realiza su efecto y, por lo tanto, llegamos a una paradoja.

No es así. Causa y efecto, en el orden de las causas eficientes, se realizan en la materia; razón y fin, en el orden de las causas finales, se realizan en el alma.


no podemos conocer la cosa en sí en la medida en que es algo diferente de nosotros

La verdad es la contraria: la cosa en sí somos nosotros. El giro copernicano de Kant es un gran fraude filosófico.


mi yo no es uno puesto que no tengo mis recuerdos, que olvido con frecuencia, ni es MI hambre, ni es MI dolor

No hay olvido que no pueda rememorarse, rescatándose del pozo sin fondo del inconsciente.

Sursum corda! dijo...

irichc: "Causa y efecto, en el orden de las causas eficientes, se realizan en la materia; razón y fin, en el orden de las causas finales, se realizan en el alma."

Sc!: Entonces no podemos salir del solipsismo pues si no podemos hablar de causas de nuestras sensaciones tampoco podemos atribuir razón suficiente alguna a lo que siento como no producido desde mi yo: la sorpresa, por ejemplo.

Sursum corda! dijo...

irichc: "la cosa en sí somos nosotros. El giro copernicano de Kant es un gran fraude filosófico."

Sc!: Bien, pues pongamos que la cosa en sí somos nosotros. Entonces no conocemos nada que no seamos nosotros mismos aunque, al menos, podemos decir como Descartes, que si pensamos existimos.

Sin embargo, como decía en mi respuesta anterior, hay sensaciones que no podemos atribuir a nuestra subjetividad si es que, de nuevo, mi Yo tiene algún sentido. Por lo tanto hay algo que experimento en mí y cuya razón no está en mi conciencia (valga de nuevo el caso de lo sorprendente o lo frustraste, que va contra lo imaginado o lo esperado). Eso real en mí, cuya razón obviamente no soy yo, es la prueba de que su razón es algo diferente y a eso, desconocido salvo como causa del fenómeno, es a lo que llamo Mundo.

Pero si eso lo conceptuamos como real ya que se le pueden atribuir coherentemente toda una serie de cualidades, lo denominaremos ser por la misma razón que a mi yo lo conceptúo como un ser.

No sabemos nada más y hablar de un Dios es hablar de un no Yo, de parte de un universo externo que podremos conocer tan sólo por sus efectos, nunca como parte de mi Yo. Es decir, bajo una modalidad de objeto y no desde la perspectiva del sujeto dado intuitivamente en mi conciencia.

Sursum corda! dijo...

FrustraNte, maldito corrector de ortografía automático.

Sursum corda! dijo...

irichc: "No hay olvido que no pueda rememorarse, rescatándose del pozo sin fondo del inconsciente."

Sc!: Juegos de palabras.

Mientras un recuerdo no está en mi conciencia no puede hablarse de que esté en mi Yo, que es sinónimo, salvo cuando extendemos el Yo más allá de la conciencia, es decir, como parte del Mundo conocido y cognoscible. Cuando integramos lo conocido sobre mí como objeto con lo que es mi Yo o mi conciencia, hemos dado un paso más conociéndonos como ser del Universo y no meramente como sujeto meramente actual, meramente consciente de que ahora veo y escribo.

Porque también soy consciente de comenzar a serlo al despertar. Carezco del recuerdo de lo inmediatamente anterior a lo primero conocido esa mañana y, por lo tanto, soy consciente de que mi Yo se limita y carece de razón suficiente en sí mismo. Por lo tanto, debo extender mi Yo a algo del Universo, a un Yo real experimentado como material.

irichc dijo...

Entonces no podemos salir del solipsismo pues si no podemos hablar de causas de nuestras sensaciones tampoco podemos atribuir razón suficiente alguna a lo que siento como no producido desde mi yo: la sorpresa, por ejemplo.

Sí hay razón suficiente. Lo que no hay es correlación, sino simple concomitancia.


Bien, pues pongamos que la cosa en sí somos nosotros. Entonces no conocemos nada que no seamos nosotros mismos

Los clásicos, sin incurrir en desvaríos solipsistas, sabían que conocerse a sí mismo era conocerlo todo.


in embargo, como decía en mi respuesta anterior, hay sensaciones que no podemos atribuir a nuestra subjetividad

Esto no es exacto. Hay cosas que no se desprenden clara y directamente de mi noción, a las que llamo pasiones; y cosas que sí lo hacen, a las que llamo acciones. Soy la razón suficiente de mis acciones y no lo soy de mis pasiones, donde opero como razón instrumental o coadyuvante. Pero acciones y pasiones están comprendidas en mi noción, igual que lo está en la del hielo el derretirse ante el calor de una vela encendida, pese a ser el fuego lo que quema y el hielo lo que es quemado.

El mundo existe con independencia de que yo exista o no, pero no es un ser en sí. La realidad empíricamente considerada -según el dogma positivista- no se obtiene por derivación de ningún principio lógico superior que la comprenda. Ése es el motivo por el que no se la puede definir, sino, a lo sumo, describir. La palabra "realidad" es un término tan vacío como "ozingobru" si no se refiere a esta o aquella realidad contemplada. Por eso no sirve como fundamento de ningún sistema, ya que ella misma, dada su inconsistencia ontológica, requiere de él.

Somos capaces de abstraer las características generales de los objetos para aplicarlas a una pluralidad de ellos. Ahora bien, como no hay muchas realidades, sólo una, no es pensable siquiera una definición de realidad que pueda extrapolarse a varias. "Perro" viene a ser un vocablo apto a los efectos de una definición a priori; "realidad" no. No hay nada común con carácter necesario en dos situaciones reales distintas, pues las variables tiempo y espacio también son relativas a los estados de cosas.

Los duros materialistas han esgrimido ese espantajo, la realidad fenoménica, frente a cualquier conceptualización que escapase de ella. Sin embargo, a pesar de existir en cuanto tal ("real" y "existente" son sinónimos), la realidad carece de significación propia. No puede oponerse a "lo irreal", porque no hay impedimento absoluto para que lo que hoy no existe sí exista mañana. Ergo, no hay "realidad" ni "irrealidad" a priori, sólo convenciones descriptivas, que es lo que se quería demostrar.

irichc dijo...

Cuando integramos lo conocido sobre mí como objeto con lo que es mi Yo o mi conciencia, hemos dado un paso más conociéndonos como ser del Universo y no meramente como sujeto meramente actual, meramente consciente de que ahora veo y escribo.

Hay infinitas cosas que percibes y de las que no eres consciente. El ejemplo de Leibniz nos muestra a un paseante ante el rumor de las olas, a las que no logra distinguir por separado pero que, sin embargo, asimila de forma confusa como si se tratara de un todo.


Por lo tanto, debo extender mi Yo a algo del Universo, a un Yo real experimentado como material.

No te esfuerces en argumentármelo. No disiento sobre este extremo, reconozco que un alma sin cuerpo es algo imposible o, al menos, irrelevante e inane. Sin embargo, la relación alma-cuerpo no debe tomarse en términos de inclusión o causación, sino de concomitancia racional (lo que la distingue de la concomitancia ocasional o milagrosa de Malebranche).

Sursum corda! dijo...

Espero tener un rato para responder por extenso, pero quiero dejar señalado que Leibniz cae en los mismo problemas de Malebranche. Los seres no actúan. Actúa Dios "con ocasión de..."

Pero no.

Sursum corda! dijo...

irichc: "Sí hay razón suficiente. Lo que no hay es correlación, sino simple concomitancia."

Sc!: Volvemos a lo mismo, los relojes sincronizados que en realidad no se influyen unos a otros sino que desde su "sincronización" siguen su propio destino predeterminado.

No hay causalidad aunque lo parezca en los fenómenos. Lo único real es la causalidad de Dios, que ¡oh milagro! no implica ningún inconveniente para Leibniz y su seguidor.

Pero se trata de un mero ejercicio de imaginación que ser resiste a ver lo que ve y prefiere ver lo que desea ver.

irichc: "Los clásicos, sin incurrir en desvaríos solipsistas, sabían que conocerse a sí mismo era conocerlo todo."

Sc!: Que es como no decir nada. Una vez conocido el mundo se conoce mejor el propio ser humano, con lo cual todo está invertido: conoce el mundo y te conocerás a ti mismo.

¿Y cómo se libraron de los desvaríos solipsistas? Pues porque admitían que el conocimiento es EFECTO de algo exterior, que es lo real. sin causas y efectos, el mundo no se puede decir que existe. Solipsismo por tanto. Y es efecto porque en su apariencia no es completo ni tiene en sí mismo razón suficiente. Me duermo aunque no quiera, me despierto sin querer, veo lo que no espero ver y me suceden cosas que nunca habría imaginando ni querido.

irichc: "Hay cosas que no se desprenden clara y directamente de mi noción, a las que llamo pasiones;"

Sc!: ¿Entonces? ¿Tendrán alguna causa como razón suficiente de su existencia en mí, ya que no se siguen de mi mera esencia ni existencia. Volvemos a reconocer que la relación causa efecto es NECESARIA para describir y comprender la realidad.

irichc: "Pero acciones y pasiones están comprendidas en mi noción"

Sc!: Lo que llama pasiones como potencialidad (en sentido aristotélico) lo que puede pasar si existe alguna causa que lo haga pasar al acto. Por tanto piden a gritos una razón suficiente que si no es "mi" propia noción, será algo externo.

irichc: "El mundo existe con independencia de que yo exista o no, pero no es un ser en sí."

Pero si existe con independencia de que yo exista o no, no es un mero fenómeno en mi conciencia sino ALGO EN SÍ. No es bueno refugiarse en juegos de palabras.

irirchc: "La realidad empíricamente considerada -según el dogma positivista- no se obtiene por derivación de ningún principio lógico superior que la comprenda. Ése es el motivo por el que no se la puede definir, sino, a lo sumo, describir."

Sc!: Evidentemente porque se deriva DE LOS HECHOS. NO hay un principio lógico sino meramente factual: hay una realidad. Pero eso no sólo de lo conocido sino de todo. No podemos deducir el universo de nuestro pensamiento. Por tanto, como dice, no se la puede definir, en el sentido de exponer qué es su esencia, sino describir, es decir, anotar empíricamente lo que conocemos de ella; se puede constatar que existe pero no deducir de ningún concepto.

iricchc: "Somos capaces de abstraer las características generales de los objetos para aplicarlas a una pluralidad de ellos. Ahora bien, como no hay muchas realidades, sólo una, no es pensable siquiera una definición de realidad que pueda extrapolarse a varias."

Sc!: Podemos decir que algo es rojo o verde, o que tiene color, o que podemos sentirlo, o que tenemos algún motivo para decir que existe. "Ser" es el concepto que responde a tal mínimo de conocimiento. El resto, o tiene que ver con esto o es un mero galimatías.

irichc: "Hay infinitas cosas que percibes y de las que no eres consciente."

Sc!: Eso tiene sentido admitido el mundo, admitida una materialidad de los procesos de sensación: luz en un ojo, atravesando una lente, incidiendo en una células receptoras, transmitiéndose un impulso nervioso, etc. Sin esa descripción científica, sin ese reconocimiento de la realidad del mundo externo a mi conciencia, conozco lo que está en mi conciencia, pero si no soy consciente de algo no existe en mi consciencia, nuevamente si las palabras tienen algún sentido. Así que lo de las olas confusas será cierto si hay olas, si las olas son algo objetivo si hay una causa en ellas de la percepción que SÍ está en mi conciencia, clara y distinta, como decía Descartes.

irichc: "reconozco que un alma sin cuerpo es algo imposible o, al menos, irrelevante e inane. Sin embargo, la relación alma-cuerpo no debe tomarse en términos de inclusión o causación, sino de concomitancia racional (lo que la distingue de la concomitancia ocasional o milagrosa de Malebranche)."

Sc!: Inútiles distinciones para liberarse de las consecuencias de un error sin liberarse de él.

Si hay un mundo, dado que comenzamos a decir que hay un cuerpo, las relaciones entre alma y cuerpo, o entre cuerpos, no pueden ser meramente concomitantes, no pueden reducirse a existencia paralelas armonizadas por Dios y sin que exista causa real. Si no reconocemos que hay causa, no podemos inferir que haya realidad sino sólo algo en mi conciencia, que sería, por tanto sólo mi propia conciencia, con los problemas que de ello se derivarían. Si reconocemos que hay causa, aunque se quiera limitar esto a Dios, entonces tiene sentido hablar de realidad. Pero la argumentación es válida para una causa externa y demostrar si esta causa son átomos o un ser eterno, personal, etc, (Dios) es algo posterior, cosa que no veo demostrada en ningún lado.

Malebranche se encuentra en una situación similar a la de Leibniz, pues para él es Dios el que causa. La diferencia puede ser que para Malebranche causa a lo largo de la existencia del mundo "con ocasión de", mientras que para Leibniz, lo ha previsto todo y predeterminado todo en la misma creación.

Pero dígase entonces. ¿Espera Dios a que tengamos un hijo para crear un alma? Si no, ¿Existía el alma desde la eternidad?

Volvemos a lo anterior. Si se admite la realidad de alguna causa podemos admitir la existencia del mundo. Lo que sepamos de ese mundo es posterior y entraríamos ahí en las demostraciones de la existencia de Dios de Leibniz y similares.

irichc dijo...

No hay causalidad aunque lo parezca en los fenómenos. Lo único real es la causalidad de Dios, que ¡oh milagro! no implica ningún inconveniente para Leibniz y su seguidor.

Exacto: la causalidad que se resume en el acto de Creación. Éste es milagroso, como apuntas, y hasta puede que incomprensible. Ahora bien, a diferencia de los jansenistas, Leibniz no veía los milagros como límites insalvables de la razón, sino como consecuencias o, en este caso, fundamentos de un sistema más amplio que podía explicarlos como necesarios para el orden.


Pero se trata de un mero ejercicio de imaginación que ser resiste a ver lo que ve y prefiere ver lo que desea ver.

No. Se trata de un ejercicio de racionalismo que -ya lo comenté- es la mejor expresión del lema barroco según el cual las cosas no son lo que parecen.


Una vez conocido el mundo se conoce mejor el propio ser humano, con lo cual todo está invertido: conoce el mundo y te conocerás a ti mismo.

No son principios recíprocamente excluyentes, si partimos de que yo soy expresión del mundo y el mundo es mi expresión (ver el primer Wittgenstein).


¿Y cómo se libraron de los desvaríos solipsistas? Pues porque admitían que el conocimiento es EFECTO de algo exterior, que es lo real. sin causas y efectos, el mundo no se puede decir que existe. Solipsismo por tanto.

Para librarse del solipsismo sólo hace falta reconocer que yo no soy la razón de todo lo que ocurre ante mis ojos; que mi cerebro no segrega realidad. Según Leibniz, 1) los fenómenos existen los perciba yo o no; 2) la realidad no es un fenómeno aislado, sino la totalidad de ellos desde determinado punto de vista; y 3) hay infinitas percepciones del mundo (y, por tanto, infinitas realidades), siendo válida cada una de ellas en su condición contingente.


Y es efecto porque en su apariencia no es completo ni tiene en sí mismo razón suficiente. Me duermo aunque no quiera, me despierto sin querer, veo lo que no espero ver y me suceden cosas que nunca habría imaginando ni querido.

Lo cual es tanto como decir que no sólo actúo: también padezco.


¿Entonces? ¿Tendrán [las pasiones] alguna causa como razón suficiente de su existencia en mí, ya que no se siguen de mi mera esencia ni existencia.

Si yo fuera un ser diferente al que soy, mis pasiones serían diferentes a las que son. Yendo más allá: si yo fuera distinto, todo el universo lo sería. Luego, para una mente de poder infinito es posible deducir mis pasiones de mi sola noción, pues de ésta se seguirá también la del universo entero. Sagan decía que para hacer una tarta de manzana necesitas el cosmos al completo. Leibniz, en la misma línea, diría que en la noción de tarta (pese a ser un agregado de múltiples elementos) está contenido el todo. Es decir, no en el consenso que marca lo que entendemos por tarta (la apariencia), sino en el meollo monádico de la tarta, si lo tuviera, o de sus componentes.


Volvemos a reconocer que la relación causa efecto es NECESARIA para describir y comprender la realidad.

Pero puede ser metafísicamente incorrecta. Lo útil y lo verdadero no siempre coinciden.


Lo que llama pasiones como potencialidad (en sentido aristotélico) lo que puede pasar si existe alguna causa que lo haga pasar al acto. Por tanto piden a gritos una razón suficiente que si no es "mi" propia noción, será algo externo.

Nadie lo niega, si se trata de pasiones.


Pero si [el mundo] existe con independencia de que yo exista o no, no es un mero fenómeno en mi conciencia sino ALGO EN SÍ. No es bueno refugiarse en juegos de palabras.

No. El mundo es un fenómeno en mi consciencia de mónada consciente y en la consciencia o percepción inconsciente de infinidad de mónadas más. Referirse al fenómeno sin tener en cuenta al que lo observa es una abstracción en física. También en la metafísica leibniziana. Kant presupuso otro tanto con la cosa en sí de su KrV, si bien dándole al mundo un estatuto ontológico que no le correspondía a él, sino al sujeto.

irichc dijo...

Evidentemente porque [la realidad] se deriva DE LOS HECHOS. NO hay un principio lógico sino meramente factual: hay una realidad. Pero eso no sólo de lo conocido sino de todo. No podemos deducir el universo de nuestro pensamiento.

Podemos, pero no "a priori". Tira del hilo de la causalidad, la cadena áurea de los clásicos, y arrastrarás con él al orbe todo. Una molécula cualquiera de tu uña basta para describir las circunstancias en que explosionó la galaxia en la que ahora te encuentras, si se examina bien dicha molécula, que es una consecuencia directa o indirecta de todo lo que la ha precedido.


Podemos decir que algo es rojo o verde, o que tiene color, o que podemos sentirlo, o que tenemos algún motivo para decir que existe. "Ser" es el concepto que responde a tal mínimo de conocimiento. El resto, o tiene que ver con esto o es un mero galimatías.

Veamos. Partimos de la base de que no hay realidades paralelas, sino una única realidad (como suma amorfa de fenómenos) a la que se puede describir de infinitas formas distintas según la perspectiva que se adopte en lo espacio-temporal, esto es, del modo de percibir de cada sujeto existente. Ahora bien, el lenguaje se genera por inducción, atribuyendo al término general lo observable por lo común en las múltiples realidades particulares que éste designa: a partir de los perros que veo, llego a la noción de “perro”. Algo único y que no pueda descomponerse en un número limitado de partes más pequeñas y conocidas (siquiera sea por analogía) es por fuerza indefinible. ¿Cómo llegar, pues, por inducción al concepto de realidad, si sólo tenemos un ejemplar de la misma? Ergo, la realidad carece de noción metafísica, de "en sí", y también de noción vulgar o descripción paradigmática.


Eso [la percepción inconsciente] tiene sentido admitido el mundo, admitida una materialidad de los procesos de sensación: luz en un ojo, atravesando una lente, incidiendo en una células receptoras, transmitiéndose un impulso nervioso, etc. Sin esa descripción científica, sin ese reconocimiento de la realidad del mundo externo a mi conciencia, conozco lo que está en mi conciencia, pero si no soy consciente de algo no existe en mi consciencia, nuevamente si las palabras tienen algún sentido.

Te lo concedo sin la menor objeción. Tal vez una, pero terminológica: fuera de mí no hay realidad, sino facticidad en flujo, el río de Heráclito.


Si hay un mundo, dado que comenzamos a decir que hay un cuerpo, las relaciones entre alma y cuerpo, o entre cuerpos, no pueden ser meramente concomitantes

Lo son entre alma y cuerpo, no entre cuerpos. Si lo fueran entre cuerpos, no cabría hablar de cosmos, sino de archipiélago atómico. Se destruiría el PRS y la infinita divisibilidad de la materia.


Malebranche se encuentra en una situación similar a la de Leibniz, pues para él es Dios el que causa. La diferencia puede ser que para Malebranche causa a lo largo de la existencia del mundo "con ocasión de", mientras que para Leibniz, lo ha previsto todo y predeterminado todo en la misma creación.

Correcto. No es pequeña salvedad.


Pero dígase entonces. ¿Espera Dios a que tengamos un hijo para crear un alma? Si no, ¿Existía el alma desde la eternidad?

Aguda pregunta. Se responde como sigue: la mónada existía desde la eternidad (si por tal se entiende el comienzo del universo), pero adquiere su condición racional con la fecundación.

Sursum corda! dijo...

Veo que tengo aquí labor para rato. Y espero que usted lo disfrute tanto como yo.

Si, además depuramos nuestras ideas o las cambiamos a mejor no cabe duda que podremos felicitarnos.

Iremos paso a paso, como siempre.

irichc: "Una molécula cualquiera de tu uña basta para describir las circunstancias en que explosionó la galaxia en la que ahora te encuentras,"

Sc!: Hoy día se sabe que los elementos químicos se han originado en la evolución de las estrellas a partir de los elementos ligeros, Hidrógeno, Helio, etc. O sea que, estrictamente, parte de lo que usted afirma es verdad. Pero todo ese conocimiento no se deduce del conocimiento de la uña pues lo anterior no se averigua sabiendo que la uña contiene carbono o azufre e independientemente de que se conozca la física de las estrellas.

En cualquier caso, que es la tesis, no se deduce lógica sino factualmente pues nuestro conocimiento de la realidad no es inmediato ni puede alcanzar algo denominado esencia. Podemos ver que hay cuerpos que se atraen y postular la gravedad. Otros se atraen y se repelen en otras circunstancias y hablamos de magnetismo y electricidad. Y postulamos entidades y leyes que explican esos fenómenos. Por decirlo así, lo conocemos por sus efectos, no por su esencia que SIEMPRE permanecerá desconocida.

Sólo en el caso de nuestra conciencia podemos decir que tenemos una intuición inmediata de ella. Pero en este caso sólo percibimos fenómenos de la conciencia. NUNCA LA CONCIENCIA EN SÍ, si esto tiene algún sentido. Sé que siento colores, sonidos, que recuerdo, que deseo, que me duermo, que me despierto, pero no puedo decir que conozca nada de lo que tales cosas se deduzcan. Nueva,mente como en el caso de la uña y el universo, es el conocimiento del universo, del mundo material, lo que permite comprender la conciencia y su funcionamiento, como por ejemplo, que una lesión cerebral produzca perdidas de memoria o de la capacidad para expresarse en conceptos (vea AFASIAS).

Sursum corda! dijo...

irichc: "Partimos de la base de que no hay realidades paralelas, sino una única realidad (como suma amorfa de fenómenos) a la que se puede describir de infinitas formas distintas según la perspectiva que se adopte en lo espacio-temporal, esto es, del modo de percibir de cada sujeto existente."

Sc!: Aclarémonos. ¿Existe un único universo? ¿Monismo de Spinoza rebatido por Leibniz? ¿Existen seres diversos? ¿Son estos seres análogos a relojes sincronizados que no se influyen mutuamente sino que vienen predeterminados desde su creación o existen causas reales?

irichc: "Ahora bien, el lenguaje se genera por inducción, atribuyendo al término general lo observable por lo común en las múltiples realidades particulares que éste designa: a partir de los perros que veo, llego a la noción de “perro”... [pero]... ¿Cómo llegar, pues, por inducción al concepto de realidad, si sólo tenemos un ejemplar de la misma?"

Sc!: Usted me sorprende. Así que conociendo diversos perros vemos lo que hay de común en ellos y a eso lo conceptuamos como definición de "perro" pero viendo diversos seres no somos capaces de crear el concepto de ser.

Cuando formamos el concepto "perro" creamos una idea que carece de un contenido concreto pues establece un límite (definición) entre lo que consideramos perro y lo que consideramos que no lo es. Pero el concepto no es sino una variable que puede tomar diversos valores: de lanas, de presa, caniche, san bernardo, rojo, negro. NO es algo similar a una sensación concreta, no es con lanas y pelo liso y rizado, sino con lanas O pelo liso O rizado, dejando excluido todo un universo de lo que NO es "perro".

Si hablamos del color, no es ni verde ni amarillo ni rojo, sino una mera variable, un nombre, que puede contener alguno de los colores concretos.

Si hablamos de ser, la variable abarca todo valor posible: rojo, con lanas... pero NADA en concreto. Es una mera palabra que puede contener todo.

Así que el conocimiento de la definición NO es el conocimiento de la esencia de nada sino el procedimiento operativo para incluir o excluir algo de una clase o conjunto.

El concepto de Ser no contiene nada o lo contiene todo, según se diga, y no nos aporta nada sobre la realidad sino sólo sobre nuestra relación con la realidad. Por ejemplo, para mi debate con d_p sirve para aclararle que si adjudica realidad un acto lo está considerando un ser o algo de un ser y que acto, como espacio o tiempo, sólo puede ser dicho remitiéndonos a seres o relaciones entre seres. Nos evita caer en paradojas que nosotros mismos creamos con el lenguaje, pero no aporta nada que no conociéramos ya.

El ejemplo conocido; "si los apóstoles era judíos y Pedro era apóstol, Pedro era judío, pero si los apóstoles eran doce y Pedro era apóstol, Pedro NO era doce" no trata sobre la naturaleza de las cosas sino sobre el uso de los conceptos como cualidades o cuantificadores.

La lógica depura falacias, pero no introduce conocimientos nuevos en sentido estricto.