miércoles, 24 de octubre de 2007

Filosofar


Asir el concepto; acorrarlarlo. Clavar en él tu mirada, como si fuerais completos desconocidos. Asombrarse ante la arbitrariedad de sus bordes, ante la opacidad de su perímetro. Hacer de la palabra un monstruo intratable, pero jamás un fetiche. Destruir toda familiaridad con ella, reducir sus ecos al extrañamiento.

3 comentarios:

Atilio dijo...

Caro Daniel:

Hablar así del signo es teológico y fetichista, aunque sea metafórico.

Emilio Cervantes dijo...

¿Por qué el monstruo intratable te resulta simpático, y sin embargo el fetiche algo a evitar?

irichc dijo...

Porque la confianza da asco.