miércoles, 9 de mayo de 2007

El texto al que debo gran parte de mi mala fama


Y que sigo sosteniendo, dos años más tarde.

* * *

El lobby gay y la heterosexualidad degenerada (la homosexualidad siempre lo es) quieren que el sexo sea algo indiferente, neutro, relativo, convencional, intercambiable. Pero el sexo es algo más que echar una cana al aire. En cierto modo es la esencia del hombre, tanto del vulgar y sensual como del extraordinario y espiritual. Ambos se definen en base a su relación con el sexo, sea ésta inercial o racional, obvia o problemática. Negar esta condición constitutiva del sexo es negar al hombre y convertir la humanidad en una especie animal más. Con la diferencia de que, para colmo, se la condena a la más vergonzante y egoísta de las extinciones en el altar de la lujuria.

Los homosexuales tienen un vicio por su condición, pero no pecan si no consienten a él. Absolutamente nadie puede ignorar por tiempo indefinido las tendencias viciosas, y ningún mortal está libre de pecado. Ahora bien, ¿qué pensaríamos de un obeso que intentase elevar la gula a la categoría de privilegio civil? Una cosa es respetar a los homosexuales y otra muy distinta es asumir los postulados de los gays, rendirse a la bajeza.

Antes he dicho que el sexo, como valor psicológico, es la esencia del hombre, ya que no hay manera de sustraerse a él mientras se está vivo. Sin embargo, el sexo como valor moral aislado y hedonista es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia. Se opone, entonces, al amor, del que resulta lo contrario: la voluntad de unión, de integración y de lleno, la afirmación de la vida.

Un monstruo no es tal por su carácter improbable, es decir, por la parvedad de casos de su tipo, pues, si así fuera, también serían monstruos los seres excepcionales, Jesucristo a la cabeza. Ahora bien, el fenómeno monstruoso se da cuando un ser está dotado de órganos o facultades que no corresponden a fin alguno, como por ejemplo, tres ojos en un mismo rostro (que rompen el eje de simetría de la visión), la bicefalia (que impide ejercer autónomamente el control sobre los miembros) o la atracción por personas del mismo sexo, destinada a eliminar el amor de la faz de la tierra, como preámbulo macabro a la desaparición de la raza humana.

Primero fue el amor sin descendencia ("libre"), luego el amor sin compromiso (al que habría que llamar "libérrimo"). Ahora sólo queda el "amor" sin amor, entiéndase, la cópula libertina, esgrimiendo el mero goce escatológico del propio cuerpo en perjuicio de cualquier otra consideración. Hay heterosexuales que "aman" así, pero no están obligados a hacerlo. La institución jurídica del "matrimonio homosexual", por contra, crea un modelo que desecha cualquier forma de relación que no sea la fundada en el banal interés erótico y en la indiferencia sádica.

No puede haber comunión de ideales ni afirmación de la vida (esto es, familia) desde la perspectiva de la caducidad, como tampoco puede darse la amistad desde la instrumentalización sexual del otro ("Para considerar a una mujer nuestra 'amiga' sería preciso que nos inspirase alguna suerte de antipatía física", dejó escrito Nietzsche). Los homosexuales degradan el amor, rebajándolo hasta el nivel de la amistad, para acto seguido arruinar la amistad, encerrándola en la mazmorra del sexo.

Y bien, el origen de la homosexualidad es en buena parte sociológico, a saber: una mala disposición del padre para que el hijo se identifique con él. Y como el error engendra error, de familias malas pueden salir familias peores y hasta antifamilias o pseudofamilias. ¿Cuál es el quid del descalabro? Una sociedad débil, egoísta e individualizada daría lugar a esta clase de fenómenos de otro modo inexplicables.

Hoy los jacobinos, antes iusnaturalistas, olvidan la frontera que el mismo Parlamento inglés se autoimpuso: "La ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer".

La medida legislativa que se comenta no ha sido acordada por ser un avance en materia alguna, sino por resultar electoralmente sabrosa. No se ataque, pues, a la Iglesia, que siempre dijo lo mismo: atáquese al partidillo que desde su fundación hasta la fecha ha tardado 125 años en reconocer y proclamar un "derecho inalienable", como parece al fin que lo es el concubinato homosexual. Mas adelantemos algo de teoría.

El buen Estado debe reconocer los máximos derechos, que son finitos y consustanciales, y al menos garantizar las libertades, infinitas y de carácter accidental, en tanto que éstas no frustren a los primeros. Es de notar que los derechos se complementan mutuamente (al integrar la noción de hombre), mientras que las libertades de signo contrario (que constituyen al individuo) se limitan recíprocamente. Los derechos, a su vez, constriñen las libertades adversas a su realización, pero ninguna libertad, ejecutada para el caso, puede disminuir un derecho en general reconocido.

Visto esto, pocos negarán que el trocar una libertad en derecho positivo "erga omnes" equivale a debilitar por un tiempo indeterminado todas las libertades y también todos los derechos naturales que se le oponen (verbigracia, el derecho a la familia). Aquí se une el inconveniente de que con ello no se protege nada duradero que justifique tal gravamen, quedándose la cosa en un mero refrendo "a posteriori" de la voluntad de Zutano y Mengano, privadamente respetable, si bien inútil y redundante en lo público. El individualismo institucional, además de ser una suerte de oxímoron, empobrece la dimensión del hombre.

Un Estado que garantice todos los derechos será o bien perfecto, si los armoniza con la libertad, o bien tiránico, si no lo logra. En adición, un Estado que reconozca todas las libertades se destruirá a sí mismo, convirtiéndose en anarquía. Por último, el que sólo reconozca parte de ellas cederá una fracción de su soberanía a grupos de poder, cual oligocracia.

Las parejas estables gays, las poquísimas que hay y que habrá, no dan nada a la sociedad, luego la sociedad no les debe nada en tanto que parejas. Ello aún sin entrar a juzgar su aptitud moral, que, por supuesto, también se discute.

El amor, en efecto, es la unión perpetua (o así pretendida) de dos seres y, en el caso de hombre y mujer, unión en cuerpo y espíritu. "Que sean una sola carne": cualquier otra definición lo desvirtúa. Así pues, el amor erótico, a diferencia del amor intelectual o místico, implica que esa perpetuidad se extienda al cuerpo mediante la descendencia. Y no puede decirse que el "amor" entre homosexuales sea místico, pues es carnal. Entonces, al carecer de fines carnales, es falso amor erótico, es mera lujuria y sometimiento a las pasiones, lo cual -si bien no basta para incapacitar o desacreditar a nadie- tampoco debe conceder derechos de más.

La sodomía no tiene ningún fin, ni próximo ni remoto, que no sea la obtención de placer, implícita de por sí en cualquier acto. Rascarse un brazo -se me contestará- tampoco cuenta con fines adicionales, y no por ello entra en la categoría de lo anormal o deforme. Pero nadie consagra una parte importante de su vida a rascarse, ni aspira a edificar algo superior a partir de este fundamento. Por ello es un abuso crear instituciones jurídicas "ad hoc" que, más allá de la protección contractual, amparen derechos inexistentes, como el que puedan tener los zurdos a trepar escaleras violetas. Máxime cuando tales prerrogativas individuales se oponen a derechos inalienables de la sociedad, por ejemplo, el de fundar una verdadera familia.

Pero advirtamos este extremo: El matrimonio civil es el sometimiento del otrora compromiso eterno a la contingencia contractual, la permuta de la fidelidad de dos por la voluntad condicional de uno y otro. Sólo hay un auténtico matrimonio: el que nace queriendo durar para siempre; sólo Dios puede refrendar pactos incondicionales, indisolubles en sí y superiores a todo albedrío una vez consumados.

Si el matrimonio civil moderno ha logrado prosperar ha sido dado su parasitarismo con respecto al católico, empezando por el nombre. A pesar de ello, ha supuesto una brecha en la noción sacramental de la familia, que ahora se concibe con los trazos pragmáticos de una sociedad en comandita. No es extraño que ya muchos vean en esa versión descafeinada y falsa de matrimonio, y por extensión también en el matrimonio católico, un "papeleo inútil", prefiriendo a cualquier vínculo formal la ausencia completa de sujeción, el mero estado de facto, la idílica beatitud primitiva.

Viene entonces cuando, en un ataque de inconsecuencia, "el pueblo", el atolondrado pueblo, exige que se legisle sobre las parejas de hecho porque la razón natural y la "igualdad" lo requieren. Salimos, pues, de una regulación para caer en otra. ¿Con qué cometido? Protegernos de nuestra propia voluntad, aunque lo hagamos de manera artificiosa mediante la ley, que imaginamos no impuesta, sino emanada de nuestras conciencias.

El "matrimonio homosexual", en fin, es un paso más en este montaje metafísico-jurídico, nacido para despojar al hombre de sus responsabilidades irrenunciables en favor de un Estado omniabarcante, cuyo proceder no debe cuestionarse ni siquiera en el fuero interno. Se trata en definitiva del sueño de un déspota como Napoleón (impulsor del Código Civil), perpetuado en el ideario fáustico del ateo.

Además, el placer sexual es una pasión y, por consiguiente, carece de fines propios. Los homosexuales no reinvindican el derecho al amor -eso iba a ser como reinvindicar el derecho a la alegría: una estupidez-, sino al placer. La capacidad de amar no puede regularse de forma directa, pues es de naturaleza interna. Sólo se regulan los actos externos, a saber, la consecución de una descendencia, a cuyo núcleo afectivo llamamos familia, o en su caso, la búsqueda del mero goce, a la que nos referimos como concubinato. La homosexualidad queda forzosamente reducida a este último supuesto.

El sexo es siempre promiscuo, el amor es su némesis, que le pone freno. Y el amor necesita un cauce o fin permanente para no extraviarse ni agotarse demasiado pronto. Así pues, el "amor homosexual", aun si existiese, cosa que niego, no tendría nada que ver con el matrimonio, al no contar con fines naturales.

Los gays reclaman el derecho al matrimonio para escarnecer el amor y, mediante su marginación, parecer ellos menos enfermos. Se intenta dar una solución sociológica a un problema a la postre psicológico, arrastrándose a todo el cuerpo social en una caída en picado hacia la animalidad.

No podemos proseguir sin esbozar una caracterización de nuestro objeto de estudio. Las características del amor son tres:

1) Ánimo de perpetuidad

2) Intención de reciprocidad

3) Suficiencia

Cuando se cumplen las tres se da el amor en cualquiera de sus vertientes: consanguíneo, erótico o místico, de menor a mayor sublimidad.

La condición del amor consanguíneo, el más terreno, no puede perderse nunca, ya que es innato. Basta, en efecto, con que se den relaciones de parentesco lo bastante notorias como para permanecer en la conciencia del amante. No es de extrañar que sea también el afecto más común entre los hombres y el primero en manifestarse.

El amor erótico está a medio camino entre lo innato y lo gratuito, entre lo pasivo y lo activo. Su condición es la unión carnal: no admite separación definitiva y exige su símbolo de perpetuidad en la progenie. De otro modo resulta imperfecto, inacabado. Depende tanto de la propia voluntad como del azar del encuentro y del equilibrio de las potencias de los individuos en que se da.

El amor místico no se adquiere por nacimiento ni por voluntad, sino por irradiación. El deseo que lo alimenta es puramente intelectual, sale fuera de sí y se une por el vértice infinito de la fe.

Veamos ejemplos de amor bastardo:

a) Un caso donde se cumple 1 y 2 pero no 3 es, por ejemplo, el de la poligamia, en la que ninguna relación forma un vínculo completo, sino que todos los conatos de vínculo se unen en una masa acéfala.

b) Si se verifica 1 y 3 pero no 2, topamos con el fetichismo y toda clase de idolatría en la que no podemos ser correspondidos, al tratarse de una entrega unilateral, solipsista y enajenada.

c) Supuesto típico en el que se dan 2 y 3 pero no 1 es la homosexualidad, que renuncia por principio a la descendencia, el único modo de perpetuación carnal. Y si intenta solventar esto por otros medios externos (v.g., la adopción), entonces deja de cumplir 3 y sale de un fraude para caer en otro.

d) Cuando se cumple sólo 3, obviándose 1 y 2, nos hallamos ante un vicio que se autoconsume en su propia pasión, pero no pretende durar ni ser correspondido.

e) La situación por la que se cumple sólo 2, obviándose 1 y 3, retrata un mero ejemplo de seducción sin más pretensiones.

f) Por último, un caso donde se verifica sólo 1, obviándose 2 y 3, expresa el amor intelectual que el artista tiene para con sus obras, que ni espera ser correspondido ni es autosuficiente, pues toda creación exige un código y una materia donde plasmarse.

En resumen:

1) El "amor homosexual" es un acto natural (la cópula) carente de fines naturales (la reproducción).

2) Todo amor busca unir a perpetuidad (el amor entre madre e hijo, padre e hijo, etc. no busca unir a perpetuidad, porque ya nace unido por el parentesco), pero el "amor homosexual" no sólo no lo logra, sino que no puede lograrlo desde sí mismo.

3) Luego, o bien el "amor homosexual" no busca unir a perpetuidad, o bien lo busca sin fruto.

4) Si no lo busca, no es amor.

5) Ahora bien, si lo busca sabiendo que no puede lograrlo, también es engaño.

6) Ergo, se elija lo que se elija, aceptadas las premisas, el "amor homosexual" sólo impropia y arbitrariamente puede llamarse amor.

7) Y, si no se aceptan las premisas, entonces llámese amor a cualquier entretenimiento pasajero, con lo que se demostrará que, para conseguir semejante cometido, se tuvo que vaciar el concepto, tal y como se entiende de ordinario.

Ahora el único freno contra la poligamia es la "dignidad de la mujer", que se esgrimiría como indisponible frente a aquéllas a las que no les importase compartir marido. Pero parece que a nadie le preocupa la dignidad de la familia. Es hipócrita: permitimos uniones contra natura, minoritarias en nuestra sociedad, y les negamos a los inmigrantes sus uniones tradicionales que, siendo incorrectas, al menos no carecen de fines.

Debo insistir: los gays no buscan ser naturalmente iguales que el resto de parejas, porque es imposible, ya que su condición física y espiritual se lo niega. Buscan que esas parejas sean iguales a ellos: eso sí es posible, y la ley aquí es sólo un instrumento para perpetuar esa práctica marginal. Por lo común la ley reafirma la costumbre generalmente aceptada; en España se ve que también nace para negarla y pervertirla a golpe de chantaje moral.

No deja de ser sintomático el que muchos se hayan tomado a modo de cruzada la invención de derechos, queriendo dotar de una dignidad especial a quien de por sí no la tiene. Como el que maquilla a una rana.

Sólo hacer notar que el "amor homosexual", como el supuesto amor de los animales, carece de fines conscientes o inconscientes. Con la misma autoridad con que hoy se casan hombres con hombres y mujeres con mujeres, podrían "casarse" caballos con yeguas y hasta yeguas con novillos, amparándose la extravagancia en la libre voluntad del campesino. Ahora bien, el consentimiento sin derecho no obliga a terceros, pues es pacto entre criminales; y España y Portugal bien pueden dividirse el mundo en Tordesillas, que el mundo seguirá su curso.

16 comentarios:

Renton dijo...

el fenómeno monstruoso se da cuando un ser está dotado de órganos o facultades que no corresponden a fin alguno, como por ejemplo, tres ojos e...

Es entonces la mujer un ser monstruoso? los científicos admiten que el orgasmo femenino no tiene función alguna.

destinada a eliminar el amor de la faz de la tierra, como preámbulo macabro a la desaparición de la raza humana.

Gracias a Dios, el futuro de la raza humana no depende de que dos tipos se den por ahí; si fuera así, YA habría desaparecido hace tiempo.
Crees que la homosexualidad es un fenómeno del siglo XX?

La institución jurídica del "matrimonio homosexual", por contra, crea un modelo que desecha cualquier forma de relación que no sea la fundada en el banal interés erótico y en la indiferencia sádica.

El matrimonio homosexual simplemente da categoría jurídica a algo ya existente.
Dos mujeres gays van a seguir estando juntas exista esta categoría o no, la ventaja para ellas es que ahora tienen derechos.

No puede haber comunión de ideales ni afirmación de la vida (esto es, familia) desde la perspectiva de la caducidad

Y a efectos prácticos de su capacidad de perpetuación, qué diferencia supondría que los gays no mantuvieran relaciones sexuales?

Si folla no ha niños, sí.

Si no follan, crees que entonces se acercarán a una mujer?

Que se den por detrás no afecta nada a la família tradicional.

Que mis vecinos gays follen cada noche no me impide a mí el desarrollar una família.

Por cierto, cómo afecta a la raza humana la castidad sacerdotal?

Y bien, el origen de la homosexualidad es en buena parte sociológico, a saber: una mala disposición del padre para que el hijo se identifique con él. Y como el error engendra error, de familias malas pueden salir familias peores y hasta antifamilias o pseudofamilias

Eso me recuerda a eugenesia nazi.


Hoy los jacobinos, antes iusnaturalistas, olvidan la frontera que el mismo Parlamento inglés se autoimpuso: "La ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer".

Eppur si muove...

Después sigo que mi jefe se cabrea...

Renton

irichc dijo...

Es entonces la mujer un ser monstruoso? los científicos admiten que el orgasmo femenino no tiene función alguna.

Reciprocidad.

irichc dijo...

Haga caso a su jefe.

tumbaito dijo...

Variaciones Tumbaíto:

Antes he dicho que el sexo, como valor psicológico, es la esencia del hombre, ya que no hay manera de sustraerse a él mientras se está vivo. Sin embargo, el sexo como valor moral aislado y hedonista es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia.

Antes he dicho que la “polinización”, como valor “biológico”, es la esencia de las “plantas”, ya que no hay manera de sustraerse a ella mientras se está vivo. Sin embargo, la “polinización” como valor moral aislado y hedonista es voluntad de descomposición, de desintegración y de vacío. Es una protesta contra el peso de la existencia.

PUES QUE QUIERE QUE LE DIGA A LAS PLANTAS LES HA IDO MUY BIEN.

Renton dijo...

Irichc:

Por cierto, cómo afecta a la raza humana la castidad sacerdotal?

Esto estaría bien que me lo contestaras.

Me gustaría saber si ellos también amenazan el futuro de la humanidad...

La medida legislativa que se comenta no ha sido acordada por ser un avance en materia alguna, sino por resultar electoralmente sabrosa. No se ataque, pues, a la Iglesia, que siempre dijo lo mismo: atáquese al partidillo que desde su fundación hasta la fecha ha tardado 125 años en reconocer y proclamar un "derecho inalienable"

Cierto.
Pero se puede criticar a la Iglesia por sus proclamas en relación a la existencia o no del Limbo...
Son cambiantes y confusas.

Un Estado que garantice todos los derechos será o bien perfecto, si los armoniza con la libertad, o bien tiránico, si no lo logra

Qué libertad amenaza el matrimonio gay?

Este es un asunto que afecta derechos civiles, la iglesia que se ocupe de sus ostias, santos y sacerdotes gays pederastas que amenazan nuestros niños.

Sólo hay un auténtico matrimonio

Sólo hay un matriminio católico... después hay otro baptista, evangelista, musulmán...

Diferentes grados de sacralidad pero misma categoría legal.

Los gays reclaman el derecho al matrimonio para escarnecer el amor y, mediante su marginación, parecer ellos menos enfermos.

Haber empezado por aquí hombre...

La homosexualidad y el lesbianismo NO es una enfermedad.

Y decir lo contrario ataca sus derechos al dicriminarlos por su orientación sexual y negarles la igualdad que garantiza la ley.

Y te hablo de la Ley a la que todos nos hemos de someter, no la del dios católico.

y España y Portugal bien pueden dividirse el mundo en Tordesillas, que el mundo seguirá su curso.

Cierto...

Renton

Tierra dijo...

Irichc creo que te reprimes mucho...a lo mejor el no aceptarte a ti mismo hace que tengas tanto odio y desprecio hacia la gente que no es "normal". Si eres homosexual no pasa nada, no es un castigo divino, aceptate y quierete a ti mismo y de ese modo querras y aceptaras a los demás.
Saludos :)

irichc dijo...

Intereses

* La Tierra está llorando y no la estamos escuchando...en nuestra mano está hacer que todo cambie siempre para mejor. Como diria Jodorowsky plantad un arbolito
* aunque no hayais hecho ningun acto de psicomagia :) Soy una chica a la cual le gustaría que te lo pasaras bien viendo mi blog.


Es mujer, Renton. ¿Ves como no hay que tenerlas en cuenta? Piensan con la vagina.

tumbaito dijo...

Perdóneme, sr. Irichc, pero opino que se está pasando de la raya. Esa flower power no tiene mucha luces pero la generalización suya no es la de alguien que tenga muchas más.

Renton dijo...

Estoy con tumbaito...

Renton

Tierra dijo...

¿Además de homosexual, misógino? Tu respuesta me lo confirma. Tienes colgadas fotos de tu mujer en ropa interior, ¿es que la muestras como un trofeo?...Da la sensación de que la tienes como un objeto, sometida...me gusta que se respete a las personas, hombres o mujeres y creo que no te respetas ni a tí mismo. Para mí no es un insulto lo que te dije antes, simplemente intentaba explicar el origen reprimido de tu homofobia, y creo que no me equivoqué. Saludos y por cierto, me encantan mis luces que son de bajo consumo ;)

tumbaito dijo...

¿Tiene colgada fotos de su mujer en paños menores? ¡Qué chico más malo!

irichc dijo...

Tengo tres aficiones que no creo que me abandonen nunca:

1) La filosofía.

2) Escandalizar a los inmoralistas.

3) Poner de cuatro patas a las mujeres bonitas.

tumbaito dijo...

Pues a las tres las deja insatisfechas.

irichc dijo...

No será por falta de empeño.

Autógeno dijo...

Irichc, la lógica de tu razonamiento es en apariencia impecable; no así tus premisas, que terminan por dar lugar a conclusiones tan irrefutables en la teoría como falsas en los hechos. Procuras una y otra vez volver lo imposible contra lo dado, y el resultado es una curiosa forma de consagrar un intelecto extraordinario al pensamiento más convencional.

Bajo ningún concepto comparto la postura de quienes a falta de los recursos retóricos apropiados para combatir en tu terreno se ensañan con los maléficos rasgos psicológicos que te atribuyen, pero debo hacer notar que tu exhibición de filosofemas asume el mismo método empleado por tus detractores tras la oportuna inversión del sentido: partes de la idea para atacar ciertos tipos psicológicos que detestas. No digo que no sea lícito, pero tanto ética como estéticamente te deja al descubierto.

Admito que hay cierta grandeza en adoptar el adusto papel de fiscal de Dios –que también es el Diablo– en tiempos tan ajenos a los juegos metafísicos, pero sería francamente aburrido si antes o después no revelaras tu vocación satírica de escándalo –¿el inmoralismo de un moralista?– al tomar como objetivos principales de tu crítica los productos menos cuestionados de la modernidad. Es válido utilizar la razón para desmontar la desmesura idolátrica de la razón, cómo no; tan válido como vano, pues termina por servirle de complemento retroalimentario. También se advierte en tus escrios una tendencia muy antropocéntrica –y por tanto, muy literaria– que impregna de cualidades humanas los conceptos manejados. Salvo que quieras hacer una didáctica inspirada en la prosopopeya, y excepción hecha de las comprensibles insuficiencias del lenguaje, lo monstruoso es atribuirle fines de cualquier especie a la naturaleza. Conviene recordar que la naturaleza, al igual que el hombre, es capaz de todo y aún no se sabe de todo lo que es capaz; puede hacernos creer cualquier cosa porque cuanto más la interrogamos más increíble resultan ser sus respuestas...

Un saludo.

gosen dijo...

La sociedad humana en si ya es mala pero mas o menos va medrando, pero cuando el maricon y la lesbiana se instalan y llegan a ser notables la sociedad se descompone se desmonta y desaparece. Asi le pasó a Roma a Grecia y a todo imperio que abondonó la unidad natural familiar. Las sociedades fuertes tienen familias unidas y fuertes.
Los "invertidos" son elementos muy sofisticados de descomposicion de la sociedad., niegan los principios fundamentales de ésta o sea la esencia natural o razon de ser, la cual nos ha llevado a todos a la existencia hasta aqui.