jueves, 24 de julio de 2008

Tramposa analogía


Decir que porque las ideas, por ejemplo, «estén en el cerebro», son por ello sólo células, es un error común. No son sólo células (o conexiones neuronales) como dije antes usando una metáfora: del mismo modo que la foto de una moneda no es la moneda.


El autor, para no desentonar con su propio pensamiento, tendría que haber dicho que la foto de una moneda no es sólo la moneda. O, en otras palabras, que en la foto hay algo de la naturaleza de la moneda, pero no todo; o todo pero no esa naturaleza exclusivamente.

Sin embargo, he aquí la aporía. Porque si la moneda es algo distinto a su apariencia fenoménica, entonces quizá incurramos en el "fisicalismo": la moneda sólo es un compuesto químico. Si, en cambio, se iguala a la mencionada apariencia o representación psicológica, tenemos que la foto es la moneda, lo cual conduce al idealismo. Y si la moneda es el compuesto químico y su trasunto psíquico, habrá que concluir que o bien es dos entes contradictorios, o bien que ni la moneda física ni la reproducida son monedas, sino otra cosa.

Se prueba la contradicción de referencia:

- Lo representado, aunque se imagine de manera dinámica, se concibe siempre como inmóvil. Dado que el movimiento es la sucesión de estados de hecho, la representación de un objeto como móvil implicaría necesariamente la de una multiplicidad de objetos que no tendrían nada más en común que su ser representable.

- No hay modo de saber si dos personas que se representan sendos objetos están representando el mismo objeto de diferente guisa. No existe, pues, vínculo identitario u ontológico entre lo representado y lo representativo, sólo una relación racional de tipo contingente.

- Ahora bien, la materia es plural y móvil. Luego, en atención a lo establecido en los dos puntos que preceden a éste, no puede ser elemento constitutivo de ninguna representación ni de ninguna idea.



3 comentarios:

Fernando G. Toledo dijo...

La cuestión era harto más sencilla: en los primeros comentarios afirmaba, reconocía, aceptaba y clamaba perdón porque la analogía era confusa y pobretona. Y, como recordabas, quien avisa no es traidor.
Ahora bien, a tu propia (supuesta) refutación, le cabrían igualmente protestas:
1) Porque estás pidiendo el principio de que lo representado «se concibe siempre como inmóvil» (sic). Dado que re-presentar equivale a volver a presentar, esta representación presupone que el objeto «evocado» se ponga en un contexto que va a seguir en movimieno. Sin contar que la propia «evocación-representación» o está en movimiento o no está. Después de todo, una la «multiplicidad de objetos» requerida no equivale a «cualquier multiplicidad» o «cualquier objeto»: basta con «elegir» de lo múltiple aquellos objetos que no vulneren la analogía de lo representado (que, como dirás después, por ser materia, será también «móvil»).

2) Porque sí que hay (o habría, vamos) un modo de saber si dos personas representan el mismo objeto. Al menos habría modo de reducir bastante la posibilidad de que se figuren dos objetos diferentes. Dado un objeto solo y dos personas situadas a distancias equivalentes y en situaciones equivalentes, por el hecho de que ambas personas reciben el objeto por el mismo mecanismo de retina, nervio óptico, pulsos electroquímicos, etc., es postulable que el objeto que se representan sea el mismo. La cuestión puede zanjarse si, al pedir que señalen el referente de su representación, señalan el mismo (no importa si la representación es exacta en uno y otro: eso no es lo que has pedido, sino saber si dos representaciones se refieren o no al mismo objeto).

3) Si bien la materia «se dice de muchas formas» (plural), no toda es «móvil» en sentido físico. No lo es, por ejemplo, el teorema de Pitágoras (materialidad de tercer género).

irichc dijo...

Dado que re-presentar equivale a volver a presentar, esta representación presupone que el objeto «evocado» se ponga en un contexto que va a seguir en movimieno.

Al imaginar reproducimos la ilusión del movimiento (todo movimiento representado es ilusorio), no al concebir. Concebimos al objeto como único, no obstante lo representemos mediante la repetición de sus características en la sucesión de momentos que integra la línea del tiempo. Ahora bien, lo imaginado está en función de lo concebido.


Dado un objeto solo y dos personas situadas a distancias equivalentes y en situaciones equivalentes, por el hecho de que ambas personas reciben el objeto por el mismo mecanismo de retina, nervio óptico, pulsos electroquímicos, etc., es postulable que el objeto que se representan sea el mismo.

Si la percepción fuera sólo la recepción pasiva de un estímulo, estaría de acuerdo contigo. Pero en tanto que "representar" conlleva "volver a traer algo", como has dicho, no podemos presuponer que se representa lo mismo aunque el estímulo provenga del mismo objeto. Es esa "vuelta" la que imprime un matiz subjetivo indeleble.


La cuestión puede zanjarse si, al pedir que señalen el referente de su representación, señalan el mismo

Eso es confiar la suerte del pleito a la voluntad de las partes interesadas en él. En caso de que haya un modo de descubrir la objetividad de una representación, ha de ser imparcial. Supón que me represento una circunferencia como una elipse al aplicar a la primera cierta regla de distorsión. Si acto seguido aplico otra por la que la elipse se convierte en una parábola, ¿es legítimo decir que sigo representándome la circunferencia? ¿Cabe hablar de representaciones de representaciones, y así indefinidamente?

Fernando G. Toledo dijo...

Es esa "vuelta" la que imprime un matiz subjetivo indeleble.

Matiz que no interesa en absoluto. ¿Acaso no podemos decir que hemos pronunciado la misma palabra («Materia») aunque nuestros tonos de voz sean diferentes? Lo importante, como pedías, es que el objeto representado sea el mismo, no el «matiz» de esa representación.

Eso es confiar la suerte del pleito a la voluntad de las partes interesadas en él. En caso de que haya un modo de descubrir la objetividad de una representación, ha de ser imparcial. Supón que me represento una circunferencia como una elipse al aplicar a la primera cierta regla de distorsión. Si acto seguido aplico otra por la que la elipse se convierte en una parábola, ¿es legítimo decir que sigo representándome la circunferencia? ¿Cabe hablar de representaciones de representaciones, y así indefinidamente?

La duplicación de representaciones la dejaremos para después, lo que importa ahora es (cito) «si dos personas que se representan sendos objetos están representando el mismo objeto». Si partimos de tal moneda elegida por un tercero (a quien eximiremos de rendir examen acerca de sus propias representaciones de la moneda), podremos saber si dos personas se representan la misma moneda pues señalarán aquel objeto, el mismo.
Cierto es que ello obliga a confiar en la voluntad de los participantes de no mentir (y señalar un referente distinto al que se representa) o que la representación sea diferente, pero también hay maneras de probar si miente o no y, además, lo diré de nuevo, tu preocupación no es saber el matiz, la forma, el tono, de la representación, sino si representan el mismo objeto.
Hay más para decir acerca de tus objeciones pero me aburrí demasiado rápido, disculpas.