viernes, 24 de febrero de 2023
jueves, 23 de febrero de 2023
El Argumento de la Verdad Rebasante
"Ninguna verdad es necesaria" no puede ser una verdad necesaria, ya que forma parte del conjunto de las verdades de las que se predica la no necesidad. Tampoco puede ser una verdad contingente, toda vez que ello conllevaría que "Alguna verdad es necesaria" es asimismo una verdad contingente. Sin embargo, si hay verdades necesarias no pueden depender de una verdad contingente. Por tanto, debe concluirse que "Ninguna verdad es necesaria" no es ni una verdad necesaria ni una verdad contingente, sino una falsedad.
Si "Ninguna verdad es necesaria" es una afirmación falsa y consiguientemente "Alguna verdad es necesaria" es una afirmación verdadera, supongamos que "La realidad existe" es una verdad necesaria. En este caso, alguna verdad y la realidad serán necesarias. Lo que dará lugar a que las verdades a las que llamamos necesarias podrán existir por sí mismas sin la realidad y a que, por otro lado, la realidad a la que llamamos necesaria podrá existir por sí misma sin las verdades necesarias. Ahora bien, ambos escenarios son incomposibles y mutuamente excluyentes, pues en el escenario en el que la verdad puede existir sin la realidad asumimos que la realidad puede no existir y es por ello contingente, mientras que en el escenario en el que la realidad puede existir sin la verdad asumimos que la verdad puede no existir y es por ello contingente. Y dado que es imposible que algo sea necesario y contingente, se sigue que la verdad sólo puede ser necesaria si no lo es la realidad, y que la realidad sólo puede ser necesaria si no lo es la verdad. Con todo, hemos concedido que "Alguna verdad es necesaria" es una afirmación verdadera. Por tanto, "La realidad existe" no es una verdad necesaria.
martes, 21 de febrero de 2023
Cuando decimos que se da una verdad lógica o matemática, como un teorema o la proposición "el todo es mayor que cualquiera de sus partes", y una verdad fáctica o empírica, como un relato histórico o la proposición "hoy es jueves", ¿qué razón nos mueve a llamar verdad a ambas? Si el adjetivo de una es ser "a priori" y el de otra ser "a posteriori", ¿acaso sabemos qué representa el sustantivo que les es común?
Esta incógnita no puede ser despejada desde un paradigma empírico, pues ambas verdades no tienen nada que las haga semejantes. Y, dado que el reino de la verdad no es susceptible de ser dividido, ya que ésta nunca es contra sí misma ni extraña a sí misma, es necesario concluir que una de las llamadas verdades no es verdad.
El materialista cree que todo emana de la realidad y es en última instancia reductible a ella. Cualquier verdad abstracta no es más que una destilación de un sustrato fenoménico y, como tal, una fantasía. No hay, entonces, auténticas formas segregadas, ya que la naturaleza es solo una, sin nada por encima o por debajo de su propia noción.
Quien estima que la verdad es la adecuación del lenguaje a la realidad concibe a una verdad finita como subconjunto de una realidad infinita. La verdad no es para él más que el espacio que trabajosamente ha conquistado la razón humana. Frente a ella, la realidad, anterior a la inteligencia, sume en una penumbra impenetrable todo lo que escapa a nuestra mirada.
Esta formulación de la verdad como excrecencia de lo que acontece encierra la luz expansiva de las ideas eternas en la estrecha provincia de nuestro entendimiento. Si la verdad no es lo más antiguo, tampoco es lo primero. Si no es lo primero, no es lo más fuerte. Si no es lo más fuerte, puede ceder. Y si la verdad cede, la verdad no es ni ha sido nunca nada.
Lo verdadero sólo hará valer su derecho, que es el derecho absoluto de un imperio indestructible, si se define como aquello que puede expresarse sin contradicción. Esto corta el nudo gordiano, habida cuenta que la propiedad de no ser autocontradictorio se predica tanto de las verdades lógicas como de las fácticas.
Todo lo posible es verdad. La realidad no es sino el subconjunto de una verdad infinita, que no hace que lo verdadero sea más verdadero, sino real. Puesto que, si referimos el epíteto a un solo sujeto, o se es verdadero o no se es, pero no se puede ser más verdadero, toda vez que la verdad no está supeditada al devenir ni a los vaivenes del crecimiento y el decrecimiento.
Realidad y verdad quedan de este modo conciliadas. Lo real es verdadero porque pertenece a la verdad y gracias a ella es sin ser contra sí mismo ni extraño a sí mismo, dada la trabazón inalterable de todas las cosas. Mientras que la verdad es real porque nada hay más real que lo que es siempre.
domingo, 19 de febrero de 2023
Si "la verdad es una relación entre una proposición y la realidad" fuera verdad, entonces "la verdad es una relación entre una proposición y la realidad" expresaría una relación entre una proposición y la realidad, lo que es evidentemente falso.
Asimismo, si no existiera la realidad, sería verdad que no existe la realidad. Por lo que no es cierto que la verdad sea una relación entre una proposición y la realidad.
Asimismo, si la necesaria existencia de la realidad no puede ser probada y la verdad depende de la realidad, entonces la necesidad de la verdad no puede ser probada. Por tanto, la verdad es siempre contingente. Lo que es tanto como afirmar que "la verdad es contingente" es una verdad necesaria. Queda, pues, reducido al absurdo.
Incluso si resultara admisible que la verdad es contingente, ello conllevaría que "la verdad es una relación entre una proposición y la realidad" no sería una verdad necesaria, lo que a su vez implica que su opuesto, "la verdad no es una relación entre una proposición y la realidad", sería posiblemente verdadero. Por consiguiente, no sería siempre falso que la verdad es independiente de la realidad.
Además, si la verdad fuera la relación entre una proposición y la realidad, la verdad no estaría ni en la realidad ni en la proposición. Del mismo modo que, si el matrimonio es la relación entre un hombre y una mujer, el matrimonio no está ni en el concepto de hombre ni en el de mujer. Debería, pues, aclararse si "la verdad es una relación" es un aserto que establece una relación entre el lenguaje y la realidad o entre el lenguaje y el lenguaje mismo. Si establece una relación entre el lenguaje y la realidad, debería haber algo común entre ambos para que la relación fuera válida, esto es, algo distinto de la realidad y el lenguaje que esté presente en ambos. Si, por el contrario, establece una relación entre el lenguaje y el lenguaje mismo, la verdad no es más que una norma gramatical sin valor extrínseco. Luego, si la verdad es la relación entre una proposición y la realidad y tiene un valor extrínseco y no meramente gramatical, debe ser algo distinto de la realidad y del lenguaje que esté presente en ambos.
Si dos entes son distintos entre sí, o bien uno es anterior al otro o bien ambos existen simultáneamente. Está fuera de duda que la realidad es anterior al lenguaje. Por tanto, si algo es común a la realidad y al lenguaje pero distinto de ambos, deberá ser anterior al lenguaje o posterior a la realidad. Dado que, si es simultáneo a la realidad o anterior a ella, será anterior al lenguaje. Si, en cambio, es posterior a la realidad, la verdad empezará a existir y no será necesaria, por lo que tampoco será una verdad necesaria que la verdad empiece a existir. O lo que es lo mismo: o bien la verdad empezará a existir o bien no empezará a existir y será siempre o no será nunca. Pero esto carece de sentido, ya que, si la verdad es siempre o no es siempre, es posible que sea necesaria, cuando la necesidad excluye la posibilidad; y si la verdad nunca es, entonces nunca es verdad que la verdad nunca es. En consecuencia, la verdad no empieza a existir y no es posterior a la realidad.
Sentado que el lenguaje es posterior a la realidad, si fuera cierto que la verdad es común a la realidad y al lenguaje, resultado de la correspondencia entre ambos, y que, por ello, no hay verdad sin lenguaje, se seguiría que la verdad no podría ser simultánea a la realidad, ya que ésta es anterior al lenguaje. Pero hemos visto que tampoco puede ser posterior a la realidad. Por tanto, es fuerza admitir que la verdad es anterior a la realidad y al lenguaje, y que la verdad no es una relación entre una proposición y la realidad.
sábado, 18 de febrero de 2023
¿Cuál es el valor más alto en la jerarquía moral? Cualquiera que sea el que propongamos podrá ser cuestionado, excepto uno.
lunes, 13 de febrero de 2023
Todo derecho natural es absoluto
No existen ni el deber ni el derecho de tolerar el error, ni hay tal cosa como un derecho a errar
sábado, 21 de enero de 2023
miércoles, 18 de enero de 2023
sábado, 10 de diciembre de 2022
martes, 6 de diciembre de 2022
La primera nada, la nada finita, era nada antes que todas las criaturas. Por consiguiente, es más antigua y fuerte que la criatura: porque mis días nada son. Así, la criatura hecha de la nada con una esencia contraria a ella podría ser vencida por la nada y devuelta a ella, pues nada permanece bajo el sol (...).La segunda nada es infinita y dirigida contra Dios, como el no ser eterno contra la esencia eterna. Esta inmensa nada es el peor de todos los seres y una suerte de no ser. De ahí el dicho común de que nada es peor, como está escrito, que aquel que es mezquino consigo mismo. (...) Ciertamente Dios no ha creado de sí esta inmensa nada, pues de lo contrario podría crearse un nuevo dios o un ente inmenso, igual al verdadero Dios en detrimento y desdoro de su loor y dignidad (...). Por tanto, esta inmensa nada es tan mala que Dios no debe crear nada de ella. Con todo, una criatura perversa abusa a voluntad de la antedicha nada infinita. Tal fue el abuso de Lucifer cuando ascendió y quiso ser semejante al Altísimo.La misma pésima nada está unida a la humanidad malévola a causa de la naturaleza de la primera nada a partir de la cual ha sido hecha. De ahí que nosotros, mortales, no nos inclinemos al bien, que está más lejos del hombre, sino al mal, es decir, al pecado y a la destrucción, el cual está más cerca y mora en nosotros. Y aunque el espíritu humano debe impulsarse a sí mismo y a su cuerpo hacia el bien, sin embargo el cuerpo ha quedado envejecido y corrompido por su propia malicia, de modo que por él el espíritu está enormemente cargado y es arrastrado hacia la región inferior, hacia el mal, pues la habitación terrenal deprime al alma. Así lo estableció San Agustín: Más puede el mal arraigado que el bien inusitado (Malum inolutum plus valet quam bonum insolitum).


