lunes, 18 de abril de 2011

El eje del bien


Respecto a la caridad de los ateos, qué duda hay de que puede apreciarse en las formas exteriores. Pero ¿quién nos asegura que valga algo una vez examinada en su raíz? Lo mismo para el creyente hipócrita que obra rectamente sólo por miedo a arder en el infierno, sin participar de una auténtica comunión con Dios. San Agustín decía que las virtudes de los paganos eran vicios espléndidos, y yo tiendo a adherirme a esta tesis. ¿Qué es el honor de un hombre sino una expresión sublime de su orgullo? ¿Y qué son la magnanimidad, la paciencia y la virtud en general si no se ofrecen a una sola ara por encima de todas las demás? Los paganos no morían por Dios, mártires de la Verdad, pero eran capaces de entregar su vida por la Patria y por la Fama, que no son más que pálidos ídolos y vanidades pasajeras. Habría que preguntarse, pues, qué mueve al ateo a obrar bien, ya que no es el Bien quien lo hace.

14 comentarios:

Hernán Toro dijo...

Daniel, otra pataleta de ahorcado. El ateo conocedor de la inexistencia de jueces postmortem, actúa bien por la parte de la naturaleza humana que es altruísta. El teísmo, por otro lado, corrompe esa bondad humana al supeditarla a lo que mencionas (miedo al castigo) por un lado, y a lo que no mencionas excepto eufemísticamente: interés por salvación.

La bondad teísta es cobarde y mezquina, hasta el punto de cataloga de basura a la humanidad, si no fuera por el policía celestial.

Puedes camuflarlo como quieras, pero el ateo ético da lecciones de ética al creyente "bueno", al hacer el bien por el bien, y no por una mezquina recompensa... que es en últimas la razón por la que crees.

Todos tus blogs anteriores son una argumentación de miedo a consecuencias adversas.

El subtexto es patente.

irichc dijo...

Hacer el bien por el bien es como comer pan por comerlo, un acto mecánico y rutinario. En cambio, si se hace el bien por convicción de ser lo óptimo absoluto, se tiene una noción de aquello que no admite mejora y es en sí perfecto y autosubsistente. Todo lo que rebaje la cualidad de este óptimo a un óptimo subjetivo o circunstancial lo vuelve susceptible de trocarse en cualquier otra cosa. Luego, si la virtud es el ánimo constante y congruente de hacer el bien, el ateo no puede ser verdaderamente virtuoso, ya que o no perseverará por fines imperecederos, mudando de parecer, o lo hará por fines perecederos, engañándose a sí mismo.

irichc dijo...

Recompensas las hay siempre. El ateísmo ofrece una satisfacción terrena y el cristianismo, además y sobre todo, una satisfacción eterna. En suma, el ateo tiene siempre menos incentivos para la virtud y los mismos para el vicio. Los argumentos que empleáis para acentuar la pequeñez e insignificancia de nuestra especie, ¿por qué no pesan en vosotros cuando de favorecer a vuestros semejantes se trata? Matar a un hombre es, desde una perspectiva cósmica, tan irrelevante como aplastar a una hormiga. Pero desobedecer a Dios resulta tan grave en el más vil de los mortales como en el más encumbrado de los ángeles.

Decir que el cristiano obra como un mercenario es confundir los términos. La salvación es una consecuencia de la fe en Dios, no su causa. ¿Cómo poner el carro antes que los bueyes? Sin embargo, es una consecuencia necesaria, pues un Dios que no castigase a los malos ni restituyese a los buenos sería un ser injusto o impotente. Creer en un ser así y llamarlo el sumo bien se me antoja una necedad.

El Perpetrador dijo...

Estupenda entrada y estupendos comentarios, Irichc. Las causas ateas son interesadas o ciegas, mientras que en el religioso cabe, además de el interés y la costumbre, una mirada trascendente sumamente meritoria.

Por cierto, tengo curiosidad por saber qué piensas de mi última entrada, ya que me encuentro en completa soledad entre mis conocidos cuando opino sobre la Edad Media.

Hernán Toro dijo...

Hacer el bien por el bien no es un acto mecánico, porque implica volición, esfuerzo, convicción, y sobre todo, algo que los creyentes no tienen... ÉTICA REAL.

La sola comparación con comer pan muestra el abismo ético que hay entre una persona ética comprometida, y quien sólo actúa bien por lamerle las suelas a un amigo imaginario, sea por un premio, o por miedo al castigo.

Hernán Toro dijo...

Y por cierto, Daniel, la salvación, en personas como tú, es LA CAUSA DE LA FE. Sin el pavor que tienes a la muerte, y sin la patética necesidad de trascendencia imaginaria que se nota en el subtexto de todos tus "argumentos", simplemente, no creerías. Todos tus escritos destilan el "creo porque me parece horrible la no trascendencia".

Crees, por cobardía ante la muerte, como el 99% de los creyentes. Supeditas tu bondad a una recompensa.

Natalia Pastor dijo...

La comprensión atea del amor, la más alta virtud humana, es sesgada.
Cristo no vino a la reforma de la sociedad terrena, sino a morir por los pecados del mundo de manera que podamos ir al cielo cuando muramos. Las enseñanzas de la Biblia, sin embargo, causaron que tanto esclavo y amo actuaran con respeto e incluso el amor hacia los demás.

Sólo la creación de Dios para el hombre cuenta con la conciencia moral. La naturaleza no tiene moral.

En contraste del ateo que intenta explicar la conducta moral sin Dios, la Biblia nos dice que estas cualidades morales y personales demuestran el hecho de que fuimos creados "a imagen de Dios" (Gen 1:26-27).

Hernán Toro dijo...

Natalia, si hubiéramos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, estaríamos asesinando inocentes para castigar culpables, estaríamos haciéndole comer sus hijos a nuestros enemigos, estaríamos rajando a machete el vientre de una vecina inocente de uno de nuestros enemigos, para arrancarle su feto; estaríamos haciendo genocidios y exterminios étnicos; estaríamos esclavizando muchachas jóvenes para preñarlas...

Vaya... pareciera que sí estuviéramos hechos a imagen y semejanza de ese demonio Yahweh de las escrituras Judías...

Daniel, me acabo de autoconvencer de que Dios existe.

;)

Just kiddin'.

Miserere mei Domine dijo...

Cristo ha resucitado!!!. Feliz y Santa Pascua :)

Alejo dijo...

Las virtudes de los ateos occidentales son actos reflejos que heredaron de sus abuelos cristianos. No pueden fundamentarlos más allá del mero sentimiento de que "así debe hacerse" o de que "me hace sentir bien". No hay fundamentación posible para un Ética atea, ya que se ha quitado la existencia de un bien objetivo. ¿Por qué sería "realmente" o "objetivamente" mejor compartir mi aliemento con mi vecino moribundo en vez de quitarle a él lo poco que le queda?

Iñaki dijo...

@Alejo:

No te confundas: las virtudes de los creyentes sí que son "actos reflejos", por emplear tus mismos términos, heredados del hecho de pertenecer a la especie humana. Solo que además, recubrís estas virtudes con una serie de imposiciones de las condiciones de vida de hace 2000 años (véase lo de no comer cerdo para los musulmanes: hubo un tiempo donde la carne de cerdo provocaba enfermedades y esta prohibición salvaba vidas). Hoy en día, en cambio, los creyentes vivís anclados en las reformas morales autoimpuestas que unos señores de hace unos milenios diseñaron para su época. Os habéis quedado anclados, atrasados. Y, por tanto, vuestra moral ya no es válida para nuestro presente: necesitáis una actualización urgente.

La ética atea es la ética humana, pura, sin religiones que la moldeen innecesariamente. La ética atea también es tuya, aunque no quieras: está sobradamente demostrado que tenemos unos principios éticos comunes, por el hecho de ser humanos.

¿Qué fundamento tiene esto? Te lo digo yo: la supervivencia de la especie. ¿Por qué es mejor compartir la comida? Por la supervivencia del grupo. Los principios de la evolución es lo que hace que el comportamiento normal sea de altruismo entre nosotros, aunque siempre haya individuos aprovechados, como en todas las especies.

irichc dijo...

Hay algo cierto en lo que dices, Iñaki. El derecho natural es común a la especie y la religión revelada no hace más que sancionar con su autoridad los mandatos de aquél, que todos conocen de manera innata. Esto no implica que la religión esté subordinada a la ley de la naturaleza, ya que la creencia en un ser sobrenatural -entre cuyas atribuciones principales está la de ser legislador del género humano- es tan antigua como el hombre mismo. Así, cuando afirmamos que algo es bueno en términos morales presuponemos que existe el Bien, que nos vincula a todos por igual; más todavía, nos vincula individualmente, no como grupo, pues en puridad no existen las obligaciones morales colectivas, aunque muchos puedan tener la misma obligación. Ahora bien, si el propósito de la moral fuera garantizar nuestra supervivencia como individuos, casi todo estaría permitido en vistas a este fin; e incluso tomados como grupo, siempre habría rivalidades entre varios de ellos que acabarían saldándose con la guerra.

No, la moral no puede coincidir completamente con nuestro interés, porque de hacerlo deja de ser vinculante y se convierte o bien en un catálogo de nuestras necesidades naturales (las cuales, al no depender de nuestro albedrío, hacen que su inobservancia no nos vincule) o bien en mera expresión de nuestros deseos, toda vez que la voluntad humana surge de la naturaleza humana. Con más razón hay que rechazar esto cuando esta voluntad está corrompida y anhela a sabiendas lo que no le está permitido. Incluso el mejor de los hombres sufre a diario la tentación de ser mentiroso, ladrón, asesino, adúltero y traidor. El hombre ha instituido leyes estrictas y penas severas contra esta tendencia al mal, más humana que su contraria, en tanto que es por ella que nos distinguimos del resto de los animales. Con todo, ningún pueblo ha legislado en nombre de la especie, sino para ella y en su beneficio, en virtud de una justicia universal.

irichc dijo...

Te plantearé un problema moral muy sencillo. Supón que puedes robar a alguien sin ser castigado y sin causarle un grave perjuicio. Si necesitas ese dinero más que él, al ser tú pobre, conviene más al fin de la supervivencia de la especie el que ese dinero esté en tus manos antes que en las suyas. ¿Lo apruebas?

irichc dijo...

Y por último, el derecho natural también nos enseña cosas que la religión revelada desmiente. Por ejemplo, que hay que vengar nuestras ofensas. Cuando un ateo perdona a su enemigo no apela a su código genético ni a máximas grupales. Apela a Cristo, aunque no lo sepa.