lunes, 7 de junio de 2010

Paréntesis mayéutico


Hasta que no definamos con precisión el concepto de alma es imposible saber cuándo va a surgir y cuándo a extinguirse. Si se adopta la opinión según la cual el alma es el cuerpo y éste la materia, entonces el alma no desaparece mientras la materia se conserva; luego resulta en cierto modo inmortal, aunque carezca de percepción. Si, en cambio, el alma es sólo un término para designar cierto nivel de organización del cuerpo, se debe estar en disposición de aclarar por qué algunos cuerpos se organizan y otros no, o no lo bastante como para llamarlos vivos.

Por mucho que ahondemos en la materia nunca se encontrará en ella la fuente de su actividad, ya que siempre cabrá retroceder un paso más en la sucesión de sus movimientos. Así, al buscar la causa fuera de lo corporal, se busca el alma. Habida cuenta de que la distancia entre el motor y el móvil en un movimiento local es infinita, se sigue que la materia es infinitamente divisible. El movimiento ha de ser transmitido por un cuerpo y absorbido por otro para que sea físicamente concebible y no un movimiento en el vacío. Esto nos conduce a una sucesión infinita de movimientos en cada caso, hecho que puede aceptarse con la condición de que tal movimiento tenga un comienzo. Si la materia no está infinitamente dividida, el comienzo puede darse en las últimas de sus subdivisiones, que serán porciones extensas moviéndose a sí mismas como unidades compactas, esto es, sin transmitir movimiento verdaderamente en el interior de sus cuerpos (lo que en el sistema de Epicuro se ha venido conociendo como la declinación azarosa de los átomos). Pero esto va contra la hipótesis, por lo que se descarta. Lo cual implica que no hay un átomo material que se autodetermine a moverse, y que más bien la causa primera del movimiento activo de un cuerpo es espiritual o metafísica.

Por la misma razón que obliga al motor y al móvil a diferir siempre, y a la causa a ser mayor que el efecto o anterior a él, el principio organizativo no puede ser idéntico al cuerpo organizado. Hay, pues, dos posibilidades: que se pase de lo inorganizado a lo organizado, o bien que se mantenga siempre cierto tipo de orden estable. Si ser organizado (u orgánico) es inherente al ser material, entonces no se progresa hacia el orden, sino que se parte de él invariablemente para dirigirse hacia cualquiera de sus distintos grados. Sólo bajo esta hipótesis la vida, entendida como la mínima organización de todo cuerpo, sería coeterna a la materia. Si, por el contrario, en un momento cualquiera lo inorganizado se somete a lo organizado para hacerse semejante a él, ¿a quién y en qué momento se sometió lo organizado en primer lugar? Organizar u ordenar, además, significa poner las partes en relación a un todo unitario. Ahora bien, ¿cómo podrían alinearse dichas partes sin una noción previa de la unidad buscada, es decir, sin una causa final?

2 comentarios:

Edit dijo...

He ojeado por encima tu blog y debo decirte que me ha encantado. Y creo en ello, aunque tú pienses que por no ser católico no pueda, te equivocas, soy tan cristiano como tú. Pero ya nos iremos conociendo, tú tranquilo...
Me ha fascinado esta entrada porque has introducido el orden como un factor clave para la comprensión del alma. Ya que una realidad material no puede crear nada inmaterial, y viceversa, el orden es un punto donde las dos sustancias -tal como la entendía Descartes- se conectan. ¿Acaso la materia no encierra una realidad inmaterial como el orden? Mil ladrillos tirados por el suelo y mil ladrillos formando una casa son los mismos ladrillos, pero denota que ha habido una inteligencia que ha intervenido.
Felicidades. Si no quieres que te escriba, dímelo.

irichc dijo...

Gracias, Edit. No dije que no pudieras, sólo quería saber en qué términos se daba esa coincidencia de pareceres.

Descartes no supo resolver la conjugación de dos sustancias radicalmente distintas (de las que sólo una es sustancial, propiamente hablando) y erró en su concepción de la materia y del movimiento. Pero es cierto que abrió el camino.

Añadir sólo que ningún comentario razonado es despreciable. Así que te pido que sigas escribiendo siempre que te parezca bien.