viernes, 4 de noviembre de 2011

Breve-VI




1) Dios carece de materia y de multiplicidad, y es inmutable.

2) El universo comprende toda la materia, que es cambiante.

3) Cambiar es devenir un estado que es en otro que no es.

4) Nada es causa de sí ni efecto de sí.

5) Todo lo que no es no será mientras no sea generado (por el punto 4).

6) Todo lo que es seguirá siendo mientras no sea impedido (por el punto 4).

7) El universo es siempre cambiante (por el punto 2).

8) Por tanto, el universo requiere siempre ser generado (por los puntos 3, 5 y 7).

9) Ahora bien, el universo no puede generarse a sí mismo (por el punto 4), ni puede ser generado por un ente material (por el punto 2).

10) Ergo, el universo es siempre generado por un ente inmaterial, simple e inmutable, al que llamamos Dios (por los puntos 1, 8 y 9) y es eterno (por el punto 6).

4 comentarios:

Guillermo Sánchez dijo...

Pero, ¿es realmente necesario el atribuirle a este ente características humanas, personificarlo?

irichc dijo...

Para el creyente es al revés: somos nosotros quienes tenemos características divinas.

Gonzalo Nahuel dijo...

¿De todos los dioses posibles, de todas las cosmogonías, la cristiana es la verdadera porque...tu, actor del acto reflexivo, naciste en su tradición? Los pensadores clásicos que acostumbras citar pudieron ser autores de su pensamiento centrado en el cristianismo occidental porque vivieron (acto pasivo) circunstancias históricas que no los alejaban de cierta homogeneidad de pensamiento que sobrevolaba el continente del Viejo Mundo. Sólo en ese tiempo ya fenecido y en la fe puntual de ciertos fieles cerrados a cosmovisiones transversales y opuestas (aún cuando simultáneas en tiempo y de iguales causas) puedes encontrar ahora personas (o registros de sus manifestaciones, que jamás evocarán la totalidad de su personalidad) que piensen en lo definitivo del dogma cristiano católico como un componente cuasi natural del mundo, es decir, libre de cuestionamientos. Del mismo modo que Aritóteles reescribiría su Física de haber vivido en tiempos de Galileo, ciertas contextualidades cristianas no aparecerían en la obra de Descartes de haber nacido él cuatrocientos años después.
Disculpa si, exento de latinismos y helenismos, descuelgo de mis sienes este aborto de pensamiento aquí, pero es que su sola figuración me dice que abrazar una fe como la cristiana desde la razón, es una paradoja; como lo es cargar con manos de agua un manojo de brazas.
Respetuosos saludos de un lego incapaz de coincidir con Vd.

AMDG dijo...

No va con esta entrada, pero sí con el blog:

> Sostener que ninguna de las religiones puede responder a una revelación objetiva resulta menos ilógico que postular que todas ellas lo hacen aunque sea en grados diferentes. A mi juicio resulta más coherente, aunque no por ello acertado, negarse a dar el salto en el vacío que supone el acto de fe que, una vez, dado admitir que pueda tener por objeto afirmaciones contradictorias.

Parte de un repaso que el P. Angel David Martín Rubio hace al famoso debate entre Habermas y el entonces Cardenal Ratzinger .