miércoles, 26 de mayo de 2010

Gibbon y las hipótesis "ad hoc" en Historia




Es bastante divertido observar cuán disparmente el Señor Gibbon representa el estado del mundo pagano con respecto a la Cristiandad, cuando insinúa una disculpa de la persecución de los cristianos. "Podía esperarse", dice, "que se unirían indignados contra cualquier secta o pueblo que se separara de la comunión con la Humanidad y, reclamando el privilegio exclusivo del conocimiento de las cosas divinas, rechazara toda forma de adoración, excepto la suya, como impía e idólatra".

El Señor Gibbon, supongo, jamás se ha preguntado si fue natural para el mismo tipo de gente recibir una influencia tan absolutamente disímil de idéntica cosa. Pero, por desgracia, su propósito requería que, para dar cuenta de la favorable recepción del cristianismo en base a un número insuficiente de pruebas, algunos de aquellos paganos estuvieran embargados de "una apremiante necesidad de creer" toda nueva religión que se les propusiera, especialmente una que prometiese cosas tan grandes y gloriosas como hizo la cristiana; mientras que, por el contrario, para dar cuenta de la recepción hostil en extremo con la que los predicadores del cristianismo se encontraron (que no puede negar), el resto de aquellos paganos debía estar embargado de una propensión a odiar y detestar a quienes tanto mentían.


Joseph Priestley

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es sumamente interesante este texto escrito por Joseph Priestley, un texto que, si no me equivoco, pertenece a su libro Letters to a Philosophical Unbeliever, donde polemiza con los "ateos oficiales" David Hume y Edward Gibbon. Curiosamente, Priestley siempre fue de la opinión de que el materialismo científico y el determinismo eran compatibles con la creencia en Dios, y no precisamente el Dios deísta sino el Dios bíblico, el de Abraham y Jacob. Incluso interpretaba que la "energía de la naturaleza" de la que hablaba d'Holbach, aunque carecía de voluntad y de propósito, era de hecho una descripción de Dios.

Un saludo y enhorabuena por tan interesante bitácora.

Daniel Vicente Carrillo dijo...

Gracias, Monstro Ligriv. Me temo, sin embargo, que el origen de la cita es otro. Proviene de An History of the Corruptions of Christianity, de donde he traducido estos párrafos con más o menos apaño. No le tengo un gran cariño a Priestley, antitrinitario y teísta tan sui generis que habría que considerarlo deísta por méritos propios. Pero, como la verdad no entiende de trincheras, lo recupero contra el archienemigo Gibbon para esta ocasión.

Un cordial saludo.