viernes, 27 de marzo de 2009

El idiota




La actual campaña de la Conferencia Episcopal contra los linces y las mujeres que abortan pone de relieve el patético deterioro de la formación intelectual del clero, que si bien nunca ha sobresalido por su nivel científico, al menos en el pasado era capaz de distinguir el ser en potencia del ser en acto. ¿Dónde quedó la teología escolástica del siglo XIII, que incorporó esas nociones aristotélicas?


Aquí el ufano Mosterín, firmando un artículo vergonzoso que Mosterincito considera casi inapelable.

Aquí Aristóteles (De anima):

Si fuera necesario decir algo común a toda alma, sería que es la entelequia primera de todo cuerpo natural orgánico.

O, con Leibniz, la mónada dominante del autómata corporal.

Pero quién los necesita cuando se tiene a Patricia Churchland.

jueves, 26 de marzo de 2009

Espuma




Ser hombre es también una forma de impotencia. Mas si la humanidad se definiese sólo por lo negativo, no sería nada. Por tanto, son necesarios fines para de-finirla. Ahora bien, el placer carece de ellos, pues, al acompañar a toda acción voluntaria, no puede ser un fin al que éstas se dirijan, salvo que reduzcamos la experiencia objetiva (el salir del peligro) a la emotividad. Ergo el placer, en cualquiera de sus formas impotentes e infecundas, no es ajeno al hombre, pero tampoco lo define. Contribuye en cambio a desdibujarlo en un difuso horizonte de dichas y desgracias.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Religión y libre mercado




Ya sabes, Mirza, que varios ministros de Cha-Solimán habían proyectado obligar a todos los armenios de Persia a salir del reino o a que se hicieran mahometanos, creyendo que siempre estaría profanado nuestro imperio mientras conservase estos infieles en su seno.

Allí hubiera dado fin la grandeza de Persia si se hubieran escuchado en este lance los consejos de una ciega devoción. No sabemos cómo no se llevó el plan a efecto; que ni los que hicieron la propuesta, ni los que la desecharon, conocieron las consecuencias que acarreaba: valió el azar por la razón y la política y se libró el imperio de más grave riesgo que el que con la pérdida de una batalla y de dos ciudades hubiera corrido.

La proscripción de los armenios hubiera destruido en solo un día a todos los negociantes y casi todos los artesanos del reino. Cierto estoy de que más hubiera querido el gran Cha-Abás cortarse ambos brazos que firmar semejante decreto; y que hubiera creído que cedía la mitad de sus dominios al Mogol y a los demás soberanos de la India enviándoles sus más industriosos vasallos.

Las persecuciones que a los gauros han suscitado nuestros más fervorosos mahometanos, han precisado a aquellos a que se pasaran en ejércitos a la India, privando a Persia de un pueblo tan dado a la labranza y que a esfuerzos de su ímprobo trabajo podía él solo triunfar de la esterilidad de nuestro suelo. Otro golpe más quería darnos la devoción, que era acabar con la industria: así se desplomaba el imperio por su propio peso y, con él, por consecuencia necesaria, se venía a tierra esa misma religión que querían que floreciera.

Discurriendo, Mirza, sin preocupación, no sé si no fuera útil que hubiese en un estado muchas religiones. Los sectarios de las religiones toleradas se nota que por lo común son más útiles a su patria que los que profesan la dominante, porque lejos de los cargos, y no pudiendo hacerse lugar como no sea por su opulencia y riquezas, se esfuerzan a granjearlas con el sudor de su frente y abrazan las más duras profesiones de la sociedad.

Como por otra parte contienen todas las religiones preceptos provechosos para la sociedad, conviene que sean puntualmente observadas. ¿Pues qué cosa hay más propicia para animar su fervor que la muchedumbre? Unas competidoras son que nada perdonan; descienden los celos hasta los particulares; cada uno está alerta, temeroso de hacer cosas que redunden en desdoro de su partido y le expongan a los denuestos y a la aspereza de los baldones del contrario. Por eso siempre se ha notado que la introducción de una nueva secta en un país era el medio más eficaz de enmendar todos los abusos de la antigua.

Vano es alegar que tiene interés el príncipe en no consentir muchas religiones en sus dominios; que cuando se reunieran en ellos todas las sectas del mundo, no le traerían perjuicio ninguno, porque ninguna hay que no mande la obediencia y predique la sumisión.

Confieso que están llenas las historias de guerras de religión; pero mirándolo bien, no ha sido la muchedumbre de religiones lo que estas guerras ha ocasionado, sino el espíritu de intolerancia que animaba la que se creía dominante.

Las ha ocasionado el espíritu de proselitismo que se pegó a los judíos de los egipcios, y que de aquéllos, como una enfermedad epidémica y popular, ha cundido a los mahometanos y a los cristianos.

Las ha ocasionado en fin aquel espíritu de demencia, cuyos progresos sólo a un eclipse total de la humana razón se pueden atribuir. Porque, finalmente, aun cuando no fuera cosa inhumana atormentar la conciencia ajena, aun cuando no resultase de aquí ninguno de los fatales efectos que a millares acarrean, menester fuera estar loco para obrar así. El que quiere que mude yo de religión, sin duda lo quiere así porque no dejaría él la suya si pretendieran violentarle a ello; ¿pues, por qué extraña que no haga yo lo que acaso no hiciera él si le dieran el imperio del mundo?


Montesquieu

jueves, 19 de marzo de 2009

Anarquismo de Estado




Todo debe regularse, opina el socialista, salvo la vida humana en su origen. La ley rige para el macrocosmos estatal, pero está proscrita en el microcosmos materno, como si se tratase de un reino dentro de otro.

¿Cuál es el fin de esta farsa? Establecer una excepción ilusoria a la soberanía, una concesión única de la civilización al estado de naturaleza. Puesto que no sabemos qué es el hombre, obre cada cual en consciencia y que Dios elija a los suyos. Se vuelve pues al conocimiento privado del bien y del mal, que no puede concederse sin disolver el Estado (Hobbes, De cive).

No se olvide, sin embargo, este axioma político: que cualquier derecho que el poder público reconozca al ciudadano, también se lo reserva para sí contra éste.

Glück zu dem Helikon




miércoles, 18 de marzo de 2009

Antropogenias


¿La tecnología nos hace humanos? ¿También a los castores y a las abejas? ¿Es el pájaro menos pájaro y más persona cuando, en lugar de volar, construye su nido?

Lo de Carbonell es marxismo "ad absurdum". Ya no basta con decir que la infraestructura determina nuestro ser cultural y político; también determinaría (¿retroactivamente?) nuestro ser sin más.

Humanismo sin hombres




Mi crítica a la ideología que promueve o justifica el aborto se puede resumir en una sola proposición: que lo personal no puede ser un adjetivo de lo humano, siendo ambos necesariamente elementos sustantivos. La personalidad es una noción potencial que se desarrolla en el tiempo, pero está compuesta por un continuum de momentos en los que una persona en acto opera. Si la persona fuera una potencia en algún momento de ese intervalo, la personalidad no sería nada y, por tanto, nunca llegaríamos a ver a un verdadero hombre. Se coloca el carro antes que los bueyes al pretender que es la personalidad (la suma de experiencias) la que constituye a la persona (el agente) y no a la inversa.

Está en vuestra mano colorear el término “persona” como mejor os convenga, agregándole todos aquellos requisitos que estiméis pertinentes. Pero la gran diferencia entre desempeñar la personalidad y hacer lo propio con una personalidad es que lo primero va ínsito a la condición de humano, mientras que lo segundo está sujeto a la contingencia. Así, que el bachiller se licencie es algo que ocurrirá o no; y, si ocurre, será en un momento muy preciso, y nadie le concederá los honores antes. Sin embargo, que sea libre para licenciarse va a depender exclusivamente de que exista, lo cual a su vez sólo está subordinado a que tenga vida e individuación.

Ser persona no es más que ser libre para ser cualquier cosa dentro de lo humano. Así se ha definido al hombre desde Pico della Mirandola, e incluso en el propio Evangelio (Mt. 8:20) y en el famoso dicho de Plauto. Quienes reclaman el nombre de humanistas seculares deberían saber lo que se traen entre manos y hasta qué punto han traicionado la causa de la humanidad.

martes, 17 de marzo de 2009

Tunder








Ach Herr, laß deine lieben Engelein
am letzten Ende die Seele mein
in Abrahams Schoß tragen,
den Leib in seinem Schlafkämmerlein
gar sanft ohn einige Qual und Pein
ruhen bis an jüngsten Tag.

Alsdann vom Tod erwecke mich,
daß meine Augen sehen dich
in ewige Freude, o Gottes Sohn,
mein Heiland und Genadenthron.
Herr Jesu Christ, erhöre mich,
ich will dich preisen ewiglich.

Amen.

Las pulgas de Chesterton




La diferencia real entre paganismo y cristianismo se resume perfectamente en la diferencia entre virtudes paganas o naturales, y esas tres virtudes cristianas que la Iglesia romana llama virtudes de la gracia. Virtudes paganas o racionales son cosas como justicia y templanza, y la Iglesia las adoptó. Las tres virtudes místicas que el cristianismo no adoptó, sino que inventó, son fe, esperanza y caridad (…) Quiero limitarme a decir dos hechos evidentes. El primero es que las virtudes paganas, como la justicia y la templanza, son virtudes tristes, y que las místicas virtudes de fe, esperanza y caridad son virtudes gayas y exuberantes. El segundo hecho evidente, aún más evidente, es que las virtudes paganas son virtudes razonables, y (…) que cada una de estas virtudes místicas o cristianas incluye una paradoja en su propia naturaleza (…) Caridad, o significa perdonar lo que es imperdonable, o no es una verdadera virtud. Esperanza, o significa esperar cuando las cosas están ya perdidas, o no es una verdadera virtud. Y Fe, o significa creer lo que es increíble, o no es una virtud. Caridad es el poder defender lo que es indefendible. Esperanza es el poder ser amable en circunstancias que sabemos bien son desesperadas (…) Cualquiera que sea el significado de Fe, debe significar siempre una certeza acerca de cosas que no podemos demostrar (…).

Pero existe otra virtud cristiana, más evidente e históricamente conectada con el cristianismo (…) El pagano declaraba gozar de su propio yo. Pero el fin de su civilización ha demostrado que un hombre no puede gozar de sí mismo y seguir gozando de ninguna otra cosa… Mientras se suponía que el más pleno disfrute hay que encontrarlo extendiendo nuestro yo hasta el infinito, la verdad es que el más pleno disfrute hay que encontrarlo reduciendo el yo a cero (…) Humildad es lo que continuamente renueva el mundo y las estrellas. Es la humildad y no el deber, lo que preserva de error a las estrellas, del imperdonable error de la resignación a la causalidad (…) Si viéramos el sol por primera vez, nos parecería el más temible y hermoso de los meteoros. Pero cuando lo vemos ya la centésima vez lo llamamos (…) “la luz de un día común y corriente” (…) Quisiéramos entonces exigir seis soles, o exigir un sol azul o uno verde. La humildad nos pone siempre en la primera oscuridad. Allí toda la luz es brillante, sorprendente e instantánea (…) Para el hombre humilde y sólo para él, el sol es de verdad un sol; para el hombre humilde y sólo para él, el mar es de verdad un mar. Cuando este hombre mira por la calle los rostros de la gente, no es que se dé cuenta de que están vivos; se da cuenta, con una dramática alegría, de que no están muertos”.


Chesterton (citado por Ricardo Aldana).

Vía.

domingo, 15 de marzo de 2009

Argo non mai




Tópicos sobre el aborto




Nunca he creído en la unidad monolítica del "yo", la que tal vez uno imagina cuando emplea las palabras "sujeto" o "persona". El "yo" como "yo que se autoobserva" se ve a sí mismo de un modo distinto a como es representado por el resto de individuos, y en cierto sentido se desdobla en el proceso. Los antiguos llegaron a hablar de démones personales para explicar semejante bifurcación de las voluntades y las inteligencias. El posmoderno, lisa y llanamente, niega la subjetividad, la transfiere por empatía o la reduce a lo sensible.

Pero ¿dónde está escrito que matar sólo sea malo si es doloroso? Los animales sienten dolor y no por ello son humanos. Por ende, la capacidad de sentir el dolor no es rasgo definitorio de la humanidad. Desechamos, sí, a los fallecidos al dictaminarles muerte cerebral, pero no porque carezcan de consciencia, sino porque contamos con la más que razonable certeza de que no la tendrán jamás. Es decir, valoramos potencialidades.

¿Por qué se distingue, pues, entre ser humano vivo y persona? ¿Hay personas no humanas? ¿Qué tan sublime es la personalidad para serlo todo, mientras que la humanidad -de la que aquélla parte y a la que nunca abandona- no sería nada? ¿Defendemos al hombre porque es racional o porque debe serlo?

El desarrollo del nasciturus en el proceso de gestación prueba que el encefalograma plano no es el fin de la vida en sentido cronológico u ontológico. La vida termina -al menos a efectos civiles- cuando el organismo en su conjunto se muestra incapacitado para seguir perseverando, lo cual arroja infinidad de síntomas además del que comúnmente se toma como indicativo de la muerte.

Por si cupieran más dudas, invoco a Perogrullo: las plantas no tienen actividad cerebral y están vivas, pero no son humanas. Puesto que nadie duda que el nasciturus es un ser humano en acto, ¿con qué criterio se juzga que no está vivo? Y si lo está, ¿con qué derecho se lo mata? Los materialistas siempre han relativizado la consciencia, relegándola al papel de epifenómeno. No ha lugar a que ahora la conviertan en esencia de la humanidad, cuando sólo es uno de sus rasgos más característicos (otros serían andar erguidos o ser omnívoros).

Respecto al momento en que alguien se constituye en prójimo, sin duda tiene un componente cultural en su apreciación. Profanar tumbas se considera delictivo, por estimar que los muertos todavía son prójimos nuestros, y ello pese a estar ciertos de que no van a padecer ese acto. ¿Por qué profanar úteros es menos obsceno, si con este modo de obrar nos privamos, además, de miembros útiles para la sociedad?

Todavía más. ¿Es un prójimo un enemigo en una guerra? Lo dudo mucho. No hay proximidad en la relación entablada, sino necesidad de repelernos mutuamente. Pero ¿se sigue que no es humano y que su vida nada vale? No para aquellos que creen en la civilización. Entonces, ¿hemos de dar a la que es de facto nuestra descendencia, si bien aún nonata, un trato peor que el que reservamos a los hombres más hostiles? ¿En base a qué libertad insensata, a qué precepto cruel?

A quien inquiera dónde está el límite para estimar que alguien es hombre y no mera semilla o posibilidad de serlo se le responde: el límite está en la acción externa. Desde el instante en que el cuerpo no necesita de ella para constituirse, bastándole con el mero paso del tiempo en un entorno adecuado, hablamos de organismo autónomo en germen. Porque si no distinguiéramos entre constitución primera y desarrollo ulterior, sería absurdo hablar de progenitores.

Si no hay nada divino en el hombre, tanto mejor para que lo consideremos tal ab initio, desde que su máquina está completa en cuanto a la constitución, pese a que no lo esté respecto a su desarrollo. Si excluimos los fines del universo, ¿por qué inculcamos ideales a nuestra especie -"la forma humana ideal", "la inteligencia ideal", "el grado de madurez orgánica ideal"? Y si no admitimos una eximente por empatía para evitar perdonar a los criminales más carismáticos, ¿por qué, e converso, tenemos en cuenta tal agravante para condenar a cierta clase de inocentes, humanos pero no antropomorfos?

El aborto es quizá la prueba más sangrante de la insuficiencia moral del ateísmo y el materialismo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Libertad es no tener miedo




I have already given the reader to understand that the description of liberty which seems to me the most comprehensive, is that of security against wrong. Liberty is therefore the object of all government. Men are more free under every government, even the most imperfect, than they would be if it were possible for them to exist without any government at all: they are more secure from wrong, more undisturbed in the exercise of their natural powers, and therefore more free, even in the most obvious and grossest sense of the word, than if they were altogether unprotected against injury from each other. But as general security is enjoyed in very different degrees under different governments, those which guard it most perfectly, are by the way of eminence called "free". Such governments attain most completely the end which is common to all government. A free constitution of government and a good constitution of government are therefore different expressions for the same idea.


James Mackintosh

Tripalium


Dentro de dos lunes firmaré un contrato de trabajo con una nueva empresa. Hasta ahora era jefe de sección en una minúscula gestoría, con responsabilidades decrecientes a causa de la crisis, y de ahí mi creciente actividad filosófica. Ahora será una multinacional quien me emplee, por lo que dispondré de menos tiempo y menos ánimo para este tipo de ocio. Lo notaréis pronto en el ritmo de publicación.