lunes, 22 de agosto de 2016

La prohibición de discutir sobre la religión




Cristiano: Yo te pregunto: si prestamos mucha atención, somos diligentes y comparamos las diferentes razones, ¿qué es lo que se deduce, la verdad o la mentira? 
Alfaquí: Dímelo con más claridad. 
Cr.: Si el ojo al ver y el oído al oír actuaran un tanto remisa y perezosamente, ¿acaso no se equivocarían en muchas ocasiones hasta el punto de creer que han visto o han oído algo que ni vieron ni oyeron, o no lo vieron ni oyeron tanto o tal como era? 
Alf.: Muchas veces. 
Cr.: Si por el contrario se les avivara y miraran o escucharan atentamente, ¿acaso no verían y oirían con mayor precisión y en absoluto sufrirían? 
Alf.: No cabe duda. 
Cr.: Así pues, la atención y la investigación ayudan a encontrar la verdad; en cambio, la mentira se desliza entre la pereza y la negligencia. Por lo tanto, sucede que si relajas la atención, si no investigas ni escudriñas sobre una cuestión cualquiera, el engaño se apodera fácilmente de ti. Si, por el contrario, observas, indagas y comparas las razones y las causas, entonces la verdad se presenta diáfana, como si la hubieras desposeído de su corteza. Si alguien te presentara y te mostrara algún invento nuevo y, no obstante, te rogara que lo mirases pestañeando con los ojos, más aún, casi cerrados y que lo oyeras con los oídos taponados, ¿qué sospechas albergarías sobre semejante invención? ¿Tal vez que se trataba de un engaño? 
Alf.: La sospecha sería grande. 
Cr.: ¿Qué pasaría si, quien anuncia una forma nueva de ley y de vida, un sistema nuevo de culto a la divinidad y totalmente diferente a los anteriores, no dijera otra cosa más que "estas cosas son verdad, creedme, Dios lo ordena"? Lo mismo hace Mahoma cuando Dios le habla a él: "Si alguien quisiera discutir contigo, dile que tú has vuelto el rostro a Dios y a sus seguidores" y haciendo esto así, tanto los entendidos en leyes como los que las desconocen observarán la ley. En verdad, ¿qué impostor o charlatán no podría decir y afirmar estas cosas, si sólo esto fuera suficiente? 
Alf.: Desde el instante que proceden de Dios no hay que pedir ninguna explicación. 
Cr.: ¿Cómo hay constancia de que emanan de Dios? No admite razones, no lo corrobora con milagros, ni con señales eficaces puesto que no realizó ningún portento, y confiesa que no ha sido enviado con poderes para realizar prodigios. ¿Quién hay que no pueda añadir en apoyo de todos sus fingimientos: "esto es verdadero y cierto, proviene de Dios, no lo dudéis ni preguntéis"? Una manera de mentir muy segura consiste en no querer dar explicaciones de lo que dices, y sobre la verdad de lo afirmado recurrir a Dios como su autor, a quien nadie puede interrogar sobre la verdad. 
Alf.: ¿Piensas tú que Mahoma fue un hombre tan deshonesto y tan impío que mintiera al amparo de la persona de Dios? ¿Acaso no temería un castigo terrible por un delito como éste? Sobre todo porque dice: "¿Qué mortal hay más perverso y malvado que aquel que atribuye la mentira a Dios y asegura ser el enviado de Dios sin que realmente lo sea?" ¿Acaso no demuestra claramente que él abomina de tal mentira? En otros pasajes también repudia muy a las claras a los mentirosos. 
Cr.: Eres demasiado simple si es que hablas con sinceridad o, mejor, eres un ingenuo. ¿Qué otra cosa dicen todos los mentirosos sino que ellos son veracísimos y a la par rechazan la mentira y atacan a los mentirosos con severos reproches? Pero, o creían que no iba a haber ningún castigo para pecado tan grande o no querían recordarlo. Por unas comodidades muy livianas, mucha gente entre los nuestros y entre los vuestros asumen delitos capitales y se involucran en crímenes inexplicables. ¿Qué no sería capaz de hacer Mahoma por el reino, siendo así que algunos dijeron que únicamente por él podía transgredirse el derecho? Ojalá en estos tiempos nuestros no tuviéramos ejemplos tan terribles y tan numerosos. Para comprender todo lo que Dios ha creado en la medida que nos conviene a nosotros, Dios ha concedido al hombre lo que tú hace un momento decías con tanta clarividencia, a saber, la luz del ingenio y la facultad del conocimiento tanto de las cosas presentes como de las pretéritas. Provisto el hombre de semejantes cualidades consigue muchas cosas de las que aquí abajo y partiendo de ellas se eleva a las superiores, como vemos en el desarrollo mismo de los estudios y de toda la vida, que la ejercitación del ingenio desde lo pequeño conduce a lo grande, de lo humilde a lo sublime, de las cuestiones claras y evidentes a las oscuras y abstrusas. 
Así pues, quien confía en su verdad, en absoluto teme el examen del ingenio; todo lo contrario, lo llama y lo agudiza cuanto puede. En cambio vuestro legislador, conocedor de la ley que concedía y de la fórmula de la vida y religión que aportaba, no sólo os alejó de la imaginación y la reflexión sino que, de haber podido, os hubiera hecho mudos, ciegos y pétreos. Él no os permite que discutáis sobre las leyes o penséis por qué razón se dice algo. Los próceres de vuestra secta os alejan de las letras y de la contemplación noble, ni toleran el recuerdo de la historia, como si fuerais animales irracionales, privados de mente y de memoria.

J. L. Vives