viernes, 5 de septiembre de 2008

Dedos rápidos-I


Es perfectamente legítimo relacionar los extraordinarios crímenes y el extraordinario desorden de la Revolución Francesa con la puesta en práctica a escala popular del programa del anticristo Maquiavelo, así como vincular el nacionalismo a ultranza jacobino con el nazi.

Por contra, confundir influencia ideológica con asimilación cultural -de cierto cristianismo en los regímenes totalitarios- es un truco sucio de prestidigitador dialéctico. Hábil, al menos, para qué negarlo.



2 comentarios:

Hector1564 dijo...

Hola irchc,

Todavía no te había dado la bienvenida de tus vacaciones.

¡Bienvenido!

A ver si cuando tenga más tiempo leo tus tres posts inaugurales de la nueva temporada sobre Leibniz.

Respecto al post de Eduardo. Está muy bien. El artículo de Agapito no puedo creer que lo suscribas y no creo que Eduardo afirme tajantemente que el cristianismo sea congénito a todo movimiento totalitario pero sí que hay, al menos yo sí lo creo, cierto mesianismo en todo dictador por lo que acaba necesitando apelar a una religión, aunque sea de forma desfigurada.

Saludos

irichc dijo...

Hola, Héctor.

Gracias por la bienvenida, e igualmente.

Lo que escribí de Leibniz fue sólo un pasatiempo, nada muy substancial ni muy leibniziano, a pesar que de la extensión y el título cabría colegir otra cosa.

No he leído entero lo de Agapito, sólo las citas, pero si la tesis es que el ateísmo desata lo peor del maquiavelismo político, la suscribo. Que incluso el ateísmo puede y hasta suele adoptar una forma religiosa cuando se reviste de poder no es algo que se me escape. Lo del discurso en el funeral de Marat, por ejemplo, es una expresión fingida (la Ilustración no pasó en vano) del mesianismo violento y libertario tipo Müntzer. Si la retórica supone un elemento esencial de una revolución, qué no cabe esperar de la madre de todas ellas.

De Constantino el bando ateo, sin fisuras en este respecto, afirma que no tuvo una conversión sincera, sino que quiso instrumentalizar la religión cristiana para lograr la unidad del Imperio. Ahora bien, asumamos que Hitler o Stalin hicieron lo mismo en determinado momento. ¿Dice eso algo en contra del cristianismo como sistema de ideas?

Los argumentos de Eduardo no son más que fuegos artificiales de los que empiezo a estar cansado. Sus observaciones históricas resultan, por lo demás, completamente ignaras. Le faltó culpar a Confucio del "gran salto adelante".