miércoles, 16 de diciembre de 2009

Incipit homo




Aquí un teólogo (que, por cierto, lleva ya unos cuantos años sosteniendo la misma tesis):

La diferencia primordial entre hombres y animales es la vergüenza. Ningún animal la siente.


Aquí
un primatólogo:

Darwin fue el primero que se dio cuenta de esta tendencia porque estudió las expresiones faciales de los monos, simios y humanos y notó por primera vez que sólo los humanos se sonrojaban.


Aquí un darwinista:

debemos rechazar, sin titubear, afirmaciones precientíficas como las de Irichc.


Sin embargo, la pregunta de cuándo empieza a ser el hombre en la historia natural no ofrece ninguna dificultad, a no ser que se confíe la esencia del ser humano a generalidades. Si, por el contrario, la fijamos en hechos concretos, como el desarrollo de una facultad o afecto distintos a los individuos que nos antecedieron, forzosamente habrá un inicio para nuestra especie, y será un inicio absoluto, aunque biológicamente formemos parte de un continuo. Mi idea sobre el particular es que el hombre empieza a ser tal cuando experimenta vergüenza por primera vez. Ningún animal fuera de él sabe qué es avergonzarse, esto es, someter el alma sin someter el espíritu. La vergüenza, por otro lado, no es divisible en el tiempo ni gradual, sino que ocurre súbitamente en un solo acto de conciencia, como explica la religión cristiana.

5 comentarios:

Embajador en el Infierno dijo...

Muy de acuerdo, por supuesto, pero siempre me ha gustado más la alternativa que propone Bergson en cuanto que lo propio del hombre es la risa.

Al final vergüenza y risa derivan a lo mismo: autoconciencia. Pero en términos cristianos, la vergüenza es un sentimiento posterior al pecado original ¿no?, mientras que la risa puede perfectamente serlo anterior.

Muy honrado si puedes comentar sobre esta apreciación.

Felipe Postigo dijo...

¿Alguien puede asegurar seriamente que el hombre es el único animal que siente vergüenza, el único animal que se ríe, que tiene consciencia e incluso conciencia?
:D

Embajador en el Infierno dijo...

¿Alguien puede asegurar seriamente lo contrario?

irichc dijo...

Hay una falsa hilaridad que, aunque provoque risa, proviene de la admiración y no de algo genuinamente gracioso. Es la risa que tenemos en común con algunos primates y que no pasa de ser un respirar sincopado, ruidoso y con la boca abierta. Ahora bien, la risa propiamente humana es la risa que en mayor o menor medida puede calificarse como sádica, esto es, que encuentra algún disfrute en el dolor o, por decirlo en contraposición, que halla gracia en la desgracia.

Creo que Bergson señaló como causa general de la risa la apreciación de una falta de elasticidad en la conducta del hombre, argumento que le venía bien para abundar en su metafísica del "élan vital" y la evolución creadora. Lo fluido, lo espontáneo y lo versátil, que configuran el principio anímico, no son nunca motivo de risa en tanto que resultan airosos. Es risible aquello que no alcanza bien sus fines naturales, lo que se frustra por pusilanimidad o torpeza, esto es, el principio material concebido como obstáculo al obrar, a guisa del "no-yo" fichteano. Como no he leído el ensayo entero, sólo algún fragmento y por encima, no sé si en algún momento Bergson asocia esta reacción con la vergüenza. No son sentimientos muy distanciados, ya que la risa así descrita vendría a ser una especie de vergüenza ajena; una constatación de la irracionalidad manifestada con la voluntad de herir o, en raras ocasiones, de automortificarse.

Con todo, no me he referido a la autoconciencia porque ésta sí es una cuestión de grado. Cierto es que no hay "semiconciencias", pero tampoco tenemos derecho a afirmar que nuestro ser consciente es el paradigma y que por debajo de dicho umbral reside lo inconsciente. Un ser superior a nosotros -por ejemplo, el ángel- podría pretender otro tanto y negar que fuéramos verdaderamente concientes. En cambio, nadie podrá negar jamás que experimentamos vergüenza.

El honor es mío, Embajador.

Embajador en el Infierno dijo...

Vale, ahora necesitaré un par de dias para asimilar esto que has dicho.