domingo, 11 de julio de 2010

Nuevas reflexiones sobre la "adaequatio"


Un enunciado de confirmación posee un carácter lógico, esto es, contiene "a priori" la implicación de un hecho observable confirmatorio en una proposición de tipo teórico o hipotético. Afirmar que, según "C", "E confirma H", donde "E" es una experiencia, "H" una hipótesis y "C" el enunciado que las vincula implicativamente, no requiere experiencia ulterior y se sigue de la propia inteligibilidad del enunciado. Es "C" en este sentido una tautología, ya que de la descripción de lo que se afirma sobre el mundo se sigue que, cuando tal se da en la realidad, la proposición afirmativa es verdadera. Si quiero probar que "A ciertas cosas de la naturaleza, como las celdas de las colmenas de abejas o el cristal de roca, convienen los predicados que concebimos contenidos en la noción de hexágono", el enunciado de confirmación se limitará a constatar el vínculo necesario, de identidad lógica, entre lo afirmado "ex hypothesi" y lo verificado de hecho, es decir, entre lo hexagonal en la proposición teórica y lo hexagonal en el mundo. Luego, en tanto que un enunciado tautológico "C" puede contener la descripción de un hecho empírico "E" y llevarnos a la conclusión de ser verdadero un enunciado no tautológico teórico "H", no es cierto que las verdades analíticas o de razón no puedan generar verdades sintéticas o de hecho. Por el contrario, las presuponen a todas, si bien exigen condiciones externas o razones suficientes para que lo hipotético devenga efectivo. Ahora bien, el mundo es al mismo tiempo el conjunto de todos los enunciados no tautológicos y de todos los hechos empíricos sobre los que puedan pronunciarse dichos enunciados. Por consiguiente, la verdad de los mismos no se encuentra en el mundo, ya que nada en él puede confirmar "a priori" la concordancia de lo razonable con lo razonado salvo en base a puras apariencias. La proposición "Toda descripción lógicamente idéntica a lo descrito es verdadera" no es más que una perífrasis de "A = A", y sólo en este sentido la adaequatio puede reconciliarse con las primeras nociones lógicas.

Veamos ahora brevemente las consecuencias ontológicas de esto. Si la verdad del mundo está fuera del mundo, y la verdad de la existencia del mundo no es distinta de la verdad del mundo (pues, con Kant, la existencia no es un predicado), entonces la verdad de la existencia del mundo está fuera del mundo. Con todo, de "A = A" no se sigue que el mundo es verdadero, excepto si el mundo existe. Es, por ello, razón de su existencia, mas no causa de la misma, ya que como razón es necesaria y como causa sería contingente. Así, la razón del mundo -en tanto que razón de todo mundo- es una evidencia lógica, y su causa -en tanto que causa de este mundo- una oscuridad metafísica. No obstante, hay en toda causa razón de ser, puesto que, si no la hubiera, no se distinguiría la causalidad de la concomitancia. Ergo, procede afirmar que toda causa, luego también la causa del mundo, participa de la razón del mundo; que cuanto más general es la causa, más próxima está a tal razón; y que, en fin, la causa primera es indistinguible de la razón primera, en la medida en que nada puede explicarlas fuera de su propia noción apriorística. Por ende, habida cuenta de que el mundo es verdadero, Dios existe.

4 comentarios:

Héctor Meda dijo...

La proposición "Toda descripción lógicamente idéntica a lo descrito es verdadera" no es más

¿Y cómo verificas que tienes una descripción idéntico a lo descrito habida cuenta de que no es posible determinar aisladamente la veracidad de una proposición (holismo confirmacional dixit)?

irichc dijo...

Cuando los datos de contexto son pobres, la mera observación de un hecho aislado no basta para confirmar una hipótesis. Pero yo me refería a casos más sencillos en los que nuestro conocimiento tiene menos margen de error. No obstante, en base a que en general ignoramos más de lo que creemos saber, habrá siempre quien se sienta legitimado para adoptar un escepticismo extremo sin excepción.

Gerardo Lino dijo...

Cómo se ha de estar azotando de risa tu Dios y el Otro con tanta falacia, cuando necesita el pobre raciocino soltar tanta perogrullada (eso sí, refinada -y finada en el s. xiv con Occam) para llegar a una conclusión sacada de los pelos; mientras que para llegar a Dios (el amor puro como sea) no se necesita un solo argumento. Pobre-

Ojalá (oj Alá) pudieras comprender y gozar "El Golem" de Borges.

irichc dijo...

Va a ser la última insolencia que te tolere aquí, amigo.