Gundisalvo argumenta que en una piedra la corporeidad es perpetua, no sujeta a corrupción, y la petreidad temporal, esto es, corruptible. Ahora bien, la corporeidad no es eterna (sin comienzo ni fin) porque la unión de la materia con la forma no es necesaria. De hecho, siendo dos opuestos, a saber, lo que fluye y lo que no fluye, su unión sería imposible sin un nexo externo a ambas, que es Dios creador.
El circo occidental en vísperas de una guerra civil
Hace 9 horas

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