sábado, 11 de junio de 2022


Si la Destrucción destruye la Perfección, la Destrucción no puede ser perfecta, es decir, no puede destruir la Perfección. Por tanto, si la Destrucción destruye la Perfección, la Destrucción no puede destruir la Perfección, lo que es absurdo. Luego la Destrucción no destruye la Perfección. Por tanto, la Perfección es indestructible.

Si la Perfección es indestructible, la Perfección existe siempre. La Perfección es indestructible. Por tanto, la Perfección existe siempre.

Parto del siguiente axioma: Si algo no entraña contradicción y no puede ser destruido, existe necesariamente. 

En el reino de lo real, lo no necesario o contingente debe dejar de ser en algún momento. Por tanto, la Destrucción debe destruir todo lo no necesario. Luego, si la Destrucción no puede destruir la Perfección y no hay nada contradictorio en ésta, la Perfección existe necesariamente.

En el reino de lo ideal, si exceptuamos a la Perfección misma, todo concepto no contradictorio tiene su opuesto absoluto, que lo destruye. Así, cualquier número excepto el Uno es negado por los demás números. Y, sin embargo, todos ellos presuponen el Uno. Luego el Uno, que es la Perfección de todo número y de toda idea, existe necesariamente.

Ahora bien, si la Perfección es el ser necesario y sólo puede existir un ser necesario, no hay otro ser necesario que no sea la Perfección. Entonces, dado que todo cuanto existe en el tiempo puede ser perfeccionado, el universo participa de la Perfección sin ser la Perfección. Luego el universo no es el ser necesario.

domingo, 29 de mayo de 2022

 Los pecados capitales se descomponen en tres ramos:


1) Repugnancia hacia el bien:

Propio: IRA.
Ajeno: ENVIDIA.

2) Desinterés hacia el bien:

Propio: PEREZA.
Ajeno: SOBERBIA.

3) Deleite en lo caduco:

Propio: GULA, AVARICIA.
Ajeno: LUJURIA.

Los pecados en 1 y 2 vienen a ser lo mismo con distinta intensidad. La ira y la envidia son respectivamente la pereza y la soberbia exacerbadas.

De manera semejante, los pecados en 3 son la versión activa o quimérica de los pecados en 2. El desinterés por el verdadero bien conduce al interés por falsos bienes.

La soberbia cuando odia es envidia y cuando goza es lujuria. La pereza cuando odia es ira y cuando goza es gula o avaricia.

Todos los mandamientos podrían resumirse en el siguiente: Amarás tu propio bien y el de tu prójimo, y no te deleitarás en los bienes caducos.

lunes, 21 de marzo de 2022



DOMINGO: Puesto que Dios está apartado de todo no ser, es necesario que contenga en sí todo el ser. Se sigue, por tanto, que Dios tiene en sí el ser de la tierra, el ser del agua, el ser del aire y el del fuego, el del asno, el del buey y el del león. Pero que Dios pueda ser tierra, aire, fuego, asno o león, ¿quién en su sano juicio lo diría?

RAIMUNDO: Fácilmente te responderé. Es doble el ser de la tierra, del aire, del fuego y de todas las cosas creadas. Uno el que tiene en sí y en su propia naturaleza, el cual vemos; otro el que tiene en sí el creador, que no podemos ver. Las cosas, pues, creadas según el ser que tienen en su naturaleza en modo alguno son en Dios, puesto que tales no pueden tener el ser de Dios, el cual es incompuesto, indivisible, inmutable y eterno. Mas todas las cosas creadas son en sí mismas corruptibles, compuestas, mutables, finitas, de tal modo que no se hallan en Dios. Ahora bien, puesto que Dios tiene en sí todo el ser, todas las cosas creadas son en Dios como en su creador, ordenador y conservador. Toma este claro ejemplo: La casa que edificaste tiene un doble ser, a saber, uno que vemos en el exterior, en su propia naturaleza, y otro que no vemos, en la mente del artífice. Así debes entenderlo respecto a las cosas creadas.

DOMINGO: Mas si Dios se aparta de todo no ser, síguese que no puede haber ningún ser fuera de Dios. Ahora bien, las criaturas tienen -es indudable- su ser real fuera de Dios. Luego o bien tal ser está también en Dios o bien Dios no tiene todo el ser.

RAIMUNDO: Mucho me aprietas. En primer lugar digo que me separes de toda cosa creada todo lo compuesto, todo lo corruptible, todo lo finito, mutable, caduco, divisible y, en una palabra, todo lo que da imperfección e indigencia. Cuando hagas esto, mira entonces si no es cierto que todas las cosas creadas son en Dios, o más bien el mismo Dios. Por tanto, Dios tiene todo el ser real de las cosas en su interior, si bien separando de las cosas toda imperfección, que Dios perfectísimo no puede admitir. 

En segundo lugar digo que todo ente es en Dios respecto a una triple causa. Véase este ejemplo: Una casa edificada contempla a su artífice como causa eficiente; también como causa ejemplar por razón de la semejanza dada por su creador; finalmente, como causa final por razón de la cual la casa fue hecha. De modo parecido sucede con las cosas creadas y el pensamiento de su creador, en el que se encuentran como en su causa eficiente, formal y final, mas no material, ya que el mundo es hecho por Dios de la nada. El mundo está en Dios como en su gobernador, proveedor, conservador y propagador.

DOMINGO: Me son de ayuda tus respuestas. Pero, puesto que hablamos de la producción de las cosas, te ruego que me expliques brevemente de qué modo el mundo fue hecho por Dios.

RAIMUNDO: Haré lo que pides. Primero debes saber que el mundo fue producido por el gran Dios en virtud de su arte, no por razón de la naturaleza ni de la necesidad. Puesto que Dios posee libre arbitrio todo lo produce mediante su intelecto y voluntad. Y dado que la producción del mundo es artificial, no es una creación de la naturaleza. Además, como el artífice produce la casa según la semejanza que se gesta en su mente, así la mente de Dios contiene la idea hermosa de toda hermosura del mismo mundo y crea su ser exteriormente a semejanza de dicha imagen. De un modo parecido el artífice antes de crear tiene en su intelecto la forma y el modelo de la cosa a crear, pues de lo contrario es incapaz de ello. Así, Dios nunca habría formado el mundo fuera de sí, de no haber tenido en su mente la misma idea del mundo. Pero como Dios no pudo recibir esta semejanza del mundo de nada exterior a él, por este motivo la retuvo en su intelecto desde la eternidad, y por tanto el mundo es eterno en Dios y la misma cosa que Dios. Cierto es que el ser de Dios es mucho más excelente, digno y noble que el ser del mundo externo creado de la nada, por lo que el mundo tiene un ser más digno e ilustre en Dios que en sí mismo. Además, como el artífice puede crear innumerables casas según las casas que concibe en su mente, así Dios si quisiera crearía infinitos mundos a partir de la imagen que retiene en su corazón.


Viola animae

 

domingo, 20 de marzo de 2022

     


    Puesto que el hombre fue creado libre mediante el arbitrio de Dios, es manifiesto que éste posee libre arbitrio, ya que nadie da lo que no tiene. Además, si Dios tiene un ser intelectual, tiene también voluntad, toda vez que el intelecto no puede existir sin la voluntad. Y dado que Dios tiene el ser primero, por tanto su voluntad es la voluntad primera, la cual no proviene de ninguna otra voluntad. Por consiguiente, lo que Dios quiere lo quiere por su propia voluntad. Y ya que en Dios el ser y la voluntad son lo mismo, lo que dijimos antes sobre el ser de Dios debemos decirlo de su voluntad, a saber, que es inmutable, invariable, eterna, riquísima, plenísima y omnipotentísima. Y como Dios se entiende primero a sí mismo y a su ser, por ello quiere primero su propio ser y su plenísima perfección. Y así como se tiene y se desea a sí mismo, tiene y desea todo bien, todo goce y todo solaz. Por tanto, está en una continua e inseparable felicidad y tiene un goce eterno en su interior. Además, dado que la voluntad en Dios es lo mismo que el intelecto, cuya primera operación es inteligir la palabra y su sentido; la segunda discutir mediante razones si la cosa inteligida es verdadera o falsa, justa o injusta; la tercera aprobar lo verdadero y justo y desaprobar lo falso; luego, puesto que la voluntad y el intelecto son uno en Dios, su voluntad no puede estar en discordia con su intelecto, y por ello Dios nada puede querer contra la razón ni contra el justo juicio del intelecto. Por tanto, las operaciones divinas son justas, razonables, ordenadas, santas y verdaderas, y su voluntad siempre es rectísima, justísima y ordenadísima, la cual no puede torcerse ni extraviarse ni apartarse en modo alguno de la verdad, pues ella misma es la verdad. Y aunque permita que ocurran algunos males y desafueros, nunca los deja desordenados, sino que siempre los dirige a un buen fin.

    De lo anterior se infiere de un modo manifiesto que el hombre nunca debe murmurar contra la voluntad de Dios, sino que ha de soportar con ánimo paciente lo que decrete la divina censura. Y, por ello, la voluntad que es discordante con esta voluntad divina y primera es tortuosa, desordenada e injusta, digna de penas y suplicios.

    * * *


    Dios es el ser infinito sumamente real, de inmensa virtud y vigor, una suma naturaleza sumamente activa. Luego se sigue necesariamente que haya en él una producción infinita. Sin embargo, la producción del mundo no es sino la producción de un punto respecto al infinito. Resulta asimismo imposible que el infinito en acto pueda producir de la nada otro igual, dándose dos dioses con actos infinitos opuestos. Es, pues, necesario que Dios produzca un ser infinito en acto de su substancia infinita.

    Vemos también que todas las cosas se apresuran a compartir con las demás lo que han recibido. Pues los cuerpos celestes influyen continuamente en estos inferiores; los elementos se mezclan con todas las cosas corporales; por otro lado, los árboles y las plantas comparten a su vez sus frutos con las cosas sensibles. Tal muestra que dar generosamente es signo de suma nobleza. Pero como Dios es el más noble de todos, por ello dar generosamente le conviene en grado sumo y es para él sumamente natural y máximamente adecuado. Mas conceder y ser son una sola cosa en Dios. Por tanto, como su ser es infinito, su generosidad es asimismo infinita. Y toda vez que ser es necesario para Dios, así es necesario para Dios el dar generosamente. De donde se infiere que es preciso a Dios dar todo lo que tiene, pues de lo contrario no sería un dador infinito. Ahora bien, para que esta generosidad no sea vacua en Dios se sigue necesariamente que si hay un dador infinito haya un perceptor infinito que reciba en sí todo lo que el otro le puede conceder. Por tanto, este perceptor será igual en todo a su dador: igualmente noble, igualmente sublime, igualmente perfecto, infinito, eterno. Y puesto que es mayor la perfección del donar actual que la del donar potencial, y la intrínseca que la extrínseca, la substancial que la accidental, y la que procede de la propia naturaleza que la que es producida de la nada, por tanto es necesario que este dar con largueza sea en Dios desde toda la eternidad, y esta producción substancial, natural y actual resulte tan noble como lo sería producirse a sí mismo.

    (...) 

    El ser de Dios es infinito, inescindible y sumamente simple. Por consiguiente, no puede dar una parte y retener la otra, sino que es necesario que cuando transmite lo haga en su totalidad. De este modo Dios da a otro todo su ser al tiempo que lo retiene íntegramente. La persona que concede y la que recibe tienen el mismo ser indivisible, una sola naturaleza, una substancia, y en nada difieren sino en que uno otorga y el otro recibe; éste tiene el ser divino por sí mismo, mientras que aquél lo tiene por otro; éste es productor, aquél producto; éste es engendrador, aquél engendrado. Mas el que dona no es el que recibe, ni a la inversa. Por tanto, en la esencia divina hallamos dos seres realmente distintos: uno engendrador, otro engendrado; uno padre, el otro hijo.

    Viola animae

    jueves, 3 de febrero de 2022


    Lulio pretende demostrar la existencia de Dios mediante la constatación del pecado original:

    Dios, que es la suprema virtud, concede al hombre mayores virtudes que cualquier otro compuesto. Por ello, dada su naturaleza racional, el hombre es naturalmente más virtuoso que los vegetales o los irracionales. Mas, en tanto el hombre ama los vicios y odia las virtudes, Dios lo castiga de un modo condigno, envileciéndolo en grado superior a cualquier otra criatura y rebajándolo a la hez de cuanto existe: un ser incontinente, falsario, homicida. 

    Por lo antedicho, la causa del pecado no es el libre albedrío, el cual, si hacemos abstracción de su empleo, es un bien y una de las virtudes humanas más señaladas, a saber, la de conducirse por la razón. Por el contrario, el pecado se origina con la disociación entre el libre albedrío y la virtud suprema, de modo que si ésta no existiera, tampoco existiría aquél, pues nadie puede desviarse si no hay Vía. Luego, puesto que existe el pecado, síguese que existe la suprema virtud, que no sólo hace del hombre un ser malo y nocivo a sí mismo cuando la contraria, sino que además, con eficaz justicia retributiva, lo despoja de sus prendas para señalarlo como el peor de los seres.

    miércoles, 2 de febrero de 2022


    Si el ser eterno, carente de comienzo y fin, no es el ser bueno, sabio, justo, etc., ello conlleva que la eternidad es mayor que la bondad, la sabiduría, la justicia, etc.

    Si la eternidad es mayor que la bondad, la sabiduría, la justicia, etc., se sigue que el ser eterno no es eternamente bueno, sabio, justo, etc. Luego, o lo es temporalmente o no lo es en absoluto.

    Supuesto que el ser eterno sea bueno, sabio, justo, etc. temporalmente, lo es por causa de otro que, siendo temporal y no eterno, es causa temporal de un efecto temporal; pero esto es imposible, ya que lo temporal está comprendido en lo eterno.

    Supuesto que el ser eterno no sea bueno, sabio, justo, etc. en absoluto, ninguna de sus partes podrá ser buena, sabia, justa, etc., y ello por necesidad lógica o metafísica. Pero tal necesidad no se da, por lo que cabe concluir que el ser eterno puede ser bueno, sabio, justo, etc. Y puesto que no puede serlo por causa de otro distinto a él, ya que la eternidad comprende todo lo temporal, ha de serlo por causa de sí mismo, esto es, necesariamente.

    Por tanto, el ser eterno es necesariamente bueno, sabio, justo, etc. De donde se sigue que, dado que la naturaleza no es necesaria ni eternamente nada de esto, tampoco puede ser eterna.

    sábado, 1 de enero de 2022


    Llull demuestra "a priori" la existencia necesaria de Dios:

    El bien y el ser concuerdan y, por tanto, el sumo bien y el sumo ser. Pues, si esto no fuera cierto, su negación sería cierta, esto es: El sumo bien y el sumo no ser concuerdan; y también: El sumo ser y el no sumo bien concuerdan. Por consiguiente, el sumo no ser es un ser (ya que el sumo bien, con el que concuerda, es un ser) y el no sumo bien es el sumo bien (ya que, al concordar con el sumo ser, el no sumo bien debe ser en grado sumo), lo que es contradictorio. Por tanto, se sigue un imposible si el sumo bien y el sumo ser no concuerdan; luego lo contrario es verdadero.

    Se ha probado que el sumo bien y el sumo ser concuerdan. Ahora bien, ningún ser es sumo si no es necesario. Por tanto, el sumo bien y el sumo ser son necesarios, y todo bien y todo ser que no sean sumos no son necesarios. Luego Dios es necesario y el universo contingente.

    El primer párrafo demuestra que el sumo bien y el sumo ser son uno y son posibles, dado que lo contrario es imposible.

    El segundo párrafo demuestra que, además de posibles, son necesarios.

    Quien quiera refutar, pruebe:

    1) Que "El sumo bien y el sumo ser concuerdan" es una proposición falsa e imposible.

    2) Que "Todo lo que es en grado sumo es necesario" es una proposición falsa e imposible.

    Por ejemplo, si algo fuera infinitamente extenso (extenso en grado sumo) sería necesario, al carecer de comienzo o fin, de crecimiento o decrecimiento. Por "necesario" entiendo "que existe por sí mismo".

    Este axioma sólo aplica a aquello que es positivamente en grado sumo. Por tanto, no aplicaría a lo infinitamente impotente (el sumo no ser), que por ello no es necesariamente existente, sino lo contrario, esto es, necesariamente inexistente.

    lunes, 27 de diciembre de 2021

    Definición 1

    Actual es lo que obra o es obrado.

    Definición 2

    Posible es lo que puede ser obrado.

    Definición 3

    Todo ser que limita el obrar de un ser es su opuesto.

    Definición 4

    El ser poderoso en grado superlativo es aquel que obra todo lo actual y puede obrar todo lo posible.

    Definición 5

    Necesario es lo que puede existir por sí mismo.

    Axioma 1

    Nada es su propio opuesto.

    Axioma 2

    Sólo lo actual obra.

    Axioma 3

    Todo cuanto puede existir lo hace por sí mismo o por otro.

    Axioma 4

    El efecto no precede a su causa.

    Proposición 1

    Todo aquello que no es limitado en su obrar es poderoso en grado superlativo.

    Demostración:

    Si aquello que no es limitado en su obrar no obrara en grado superlativo, no obraría todo lo actual ni podría obrar todo lo posible (por la Definición 4), de modo que sería y no sería limitado en su obrar; lo que es absurdo. Por tanto, etc.

    Proposición 2

    Todo lo que es limitado en su obrar sólo puede ser limitado por otro.

    Demostración:

    Todo ser que limita el obrar de un ser es su opuesto (por la Definición 3). Ahora bien, nada es su propio opuesto (por el Axioma 1). Por tanto, etc.

    Proposición 3

    El efecto no es el opuesto de su causa.

    Demostración:

    La causa contiene a su efecto. Si el efecto limitara el obrar de la causa, la causa contendría en su ser su propio opuesto, lo que es imposible (por el Axioma 1). Por tanto, etc.

    Proposición 4

    El opuesto del ser poderoso en grado superlativo es lo infinitamente impotente.

    Demostración:

    Nada que posea poder limita el obrar del ser que obra todo lo actual y puede obrar todo lo posible. Esto es así dado que cualquier ser con poder es actual (por el Axioma 2). Por consiguiente, es obrado por el ser poderoso en grado superlativo (por las Definiciones 1 y 4), que es su causa. Y toda vez que el efecto no es el opuesto de su causa (por la Proposición 3), se sigue que el opuesto del ser poderoso en grado superlativo no es nada que sea causado o posea poder; por tanto, es lo infinitamente impotente.

    Proposición 5

    Si lo infinitamente impotente existe, el ser poderoso en grado superlativo no puede existir.

    Demostración:

    Todo lo que es limitado en su obrar no obra en grado superlativo (por la Proposición 1, a contrario sensu). Asimismo, todo ser que limita el obrar de un ser es su opuesto (por la Definición 3), y hemos concluido que el opuesto del ser poderoso en grado superlativo es lo infinitamente impotente (por la Proposición 4). Ahora bien, el ser poderoso en grado superlativo sólo puede existir si nada niega o contraria su sumo poder. Por tanto, etc.

    Proposición 6

    Si lo infinitamente impotente no existe, el ser poderoso en grado superlativo puede existir.

    Demostración:

    Por la Proposición 5, a contrario sensu.

    Proposición 7

    Lo infinitamente impotente no existe.

    Demostración:

    Lo infinitamente impotente carece de poder para existir. Por tanto, etc.

    Proposición 8

    El ser poderoso en grado superlativo puede existir.

    Demostración:

    Por las Proposiciones 6 y 7.

    Proposición 9

    El ser poderoso en grado superlativo es necesario.

    Demostración:

    El ser poderoso en grado superlativo puede existir (por la Proposición 8). Sin embargo, todo cuanto puede existir lo hace por sí mismo o por otro (por el Axioma 3). Si el ser poderoso en grado sumo existe por otro, éste debe obrar para que aquél exista y, en consecuencia, el ser que así obra debe ser actual (por el Axioma 2). Ahora bien, el ser poderoso en grado superlativo es aquel que obra todo lo actual y puede obrar todo lo posible. Por tanto, habida cuenta que el efecto no precede a su causa (por el Axioma 4), nada actual puede causar al ser poderoso en grado superlativo. 

    Lo anterior deja sólo dos opciones, a saber: Que nada cause al ser poderoso en grado superlativo y, por ello, no pueda existir; o que nada cause al ser poderoso en grado superlativo y, a pesar de ello, pueda existir. La primera opción debe descartarse, pues ya hemos concedido que lo poderoso en grado superlativo puede existir. Por consiguiente, toda vez que no puede existir por otro, ha de poder existir por sí mismo (por el Axioma 3). Por tanto, el ser poderoso en grado superlativo es necesario (por la Definición 5).

    Proposición 10

    Lo necesario, en tanto puede existir por sí mismo, existe siempre.

    Demostración:

    Lo necesario tiene en sí su ser en acto, ya que no depende de otros para poder existir (por la Definición 5) ni puede obrar su propio ser antes de ser actual (por el Axioma 2). Luego, si no existiera siempre, no existiría por sí ni por otro y no existiría nunca. Por tanto, etc.
     
    Proposición 11

    El ser poderoso en grado superlativo existe siempre.

    Demostración:

    Por las Proposiciones 9 y 10.

    domingo, 26 de diciembre de 2021


    Todo ser es limitado o ilimitado en cuanto a su poder.

    Si es limitado, lo es por sí mismo o por otro.

    Si el poder de un ser es limitado por sí mismo, la razón de este límite está en la naturaleza del ser. Tal sucede con la extensión, la cual no puede ser indivisible ni por sí misma ni por otro. Ahora bien, la razón última por la cual lo extenso no puede ser indivisible es que lo inextenso se le opone infinitamente, a fin de que lo extenso y lo inextenso no sean lo mismo; como la unidad se opone infinitamente a la multiplicidad para que lo uno no sea múltiple y lo múltiple no sea uno.

    Si el poder de un ser es limitado por otro, la razón de este límite está en la oposición de lo que le es contrario. Así, por ejemplo, el poder de arder del fuego, siendo infinito en potencia, está limitado por la finitud de la materia que consume, en tanto la cantidad finita de la materia combustible se opone al poder potencialmente ilimitado de lo que la combustiona.

    Por tanto, el motivo por el que un ser no tiene un poder infinito es la desemejanza infinita de dicho ser con aquello que se le opone infinitamente. De donde se sigue que lo infinitamente poderoso existirá con absoluta necesidad si lo infinitamente impotente no se le opone. Y dado que hemos visto que lo infinitamente impotente no puede existir, pues nada puede, debe concluirse que lo infinitamente poderoso existe con absoluta necesidad.


    Si no existe lo infinitamente poderoso, existe lo infinitamente impotente.

    Pruébase:

    Lo poderoso existe o no existe en grado superlativo. 

    Si lo poderoso existe en grado superlativo, es necesariamente infinito y no puede darse ningún ser infinito que se le oponga. Por tanto, no puede existir lo infinitamente impotente.

    Si lo poderoso no existe en grado superlativo, es necesariamente finito y debe darse un ser infinito que se le oponga, ya que, si nada lo contrariase infinitamente, lo poderoso alcanzaría el grado superlativo y sería infinito. Por tanto, debe existir lo infinitamente impotente.

    Ahora bien, si existe lo infinitamente impotente, síguese que lo infinitamente impotente puede existir, de donde resulta que su impotencia no es infinita; lo que es una contradicción manifiesta. Luego es preciso concluir que no puede existir lo infinitamente impotente y, por ello, que existe necesariamente lo infinitamente poderoso.

    Lo que se ha dicho respecto a lo infinitamente poderoso ha de predicarse asimismo de lo infinitamente bueno, grande, duradero, etc., ya que un ser poderoso en grado sumo puede y debe reunir todas las perfecciones. De lo contrario sería impotente en algún sentido y no cabría atribuirle un poder perfecto.

    Un ser infinitamente poderoso, bueno, grande, duradero, etc. puede y debe ser causa de un efecto poderoso, bueno, grande, duradero, etc. Este efecto ha de ser finito, pues si fuera infinito se identificaría con su causa y ésta nada causaría. Si el ser infinito nada causa, no es activo en grado sumo ni infinitamente poderoso, bueno, grande, duradero, etc., toda vez que carece del posificar, bonificar, magnificar, eternificar, etc. 

    Por consiguiente, el ser infinito causa al ser finito y éste participa del poder, bondad, grandeza, eternidad, etc. de aquél. Siendo imposible que algo sea infinito y finito a la vez, o que se participe a sí mismo, es evidente que el ser infinito no puede igualarse al ser finito, pues ello sería privarlo de objeto y actividad, y despojar de su actividad al objeto. Es así que el bien infinito no se opone al bien o al mal finitos, sino al mal infinito.

    sábado, 18 de diciembre de 2021


    Al tratar sobre la eternidad del mundo, Lulio escribe:

    Non est dare multiplicationem in medio sine extremis.

    Lulio no explica esta proposición, a la que parece dar un valor axiomático. Voy a intentar justificarla:

    1) Si un cuerpo crece, sus extremos deben alejarse cada vez más.

    2) Una extensión indefinida, sin extremos, no da lugar a ningún número cuantificable. A tal número no cuantificable nada se le puede añadir, pues guardaría y no guardaría relación con la cantidad, lo que es imposible.

    3) Por tanto, si un cuerpo no tiene extremos, no puede crecer.

    De lo que resultaría la siguiente aplicación metafísica:

    a) Si el universo existe desde siempre y para siempre, carece de extremos.

    b) Siendo una extensión indefinida, sin extremos, no es cuantificable y nada se le puede añadir, pues guardaría y no guardaría relación con la cantidad, lo que es imposible.

    c) Por tanto, si el universo existe desde siempre y para siempre no puede crecer.

    d) Sin embargo, el universo crece, ya que hay en él una multiplicación de días, distintos el uno del otro.

    e) Por tanto, el universo no existe desde siempre y para siempre.

    jueves, 16 de diciembre de 2021


    Lulio llama al número tres segunda unidad, puesto que es la unidad entre la primera unidad y lo unido por la primera unidad.

    Si no hubiera más de una unidad, la unidad no uniría máximamente, ya que carecería de unido y de unir. Por tanto, no sería una unidad infinita, sino una unidad pasiva, limitada por su no actuar siempre y por su no ser máximamente. Por tanto, no sería Dios. Esto lo alega Lulio respecto el monoteísmo imperfecto del islam.

    Si hubiera más de dos unidades (i.e. una cuaternidad, etc.), ninguna unidad uniría máximamente, ya que se limitarían entre ellas. Por tanto, no serían unidades infinitas. Por tanto, no serían Dios. Esto es afirmado contra el politeísmo.

    Finalmente, Lulio sostiene que si los términos de la unidad trina no fueran máximamente iguales entre sí, el efecto del unificar no sería máximo, y por tanto no sería propio de Dios.

    Dios no puede unirse a sí mismo, dado que ya es la unidad simplicísima, como no puede enrojecerse el rojo ni oxigenarse el oxígeno. Ahora bien, a diferencia del rojo y del oxígeno, que enrojecen y oxigenan relativamente con un obrar limitado y material, Dios debe unir máximamente, al tratarse de un ser infinito, si concedemos que tiene más ser el ser que actúa que el que no actúa. Luego si Dios debe unir máximamente pero en tanto que unitivo no puede unirse a sí mismo, debe ser dos veces uno, es decir, unitivo y unir, y tres veces máximo, esto es, unitivo, unible y unir. Otro tanto y por idénticas razones puede decirse del bonificar, magnificar, eternificar, etc.

    De ahí se sigue que la doctrina de la Trinidad es la única que explica perfectamente la perfecta esencia divina.

    Donde hay concordancia hay pluralidad. Ahora bien, en la bondad de Dios hay concordancia; por tanto, en la bondad de Dios hay pluralidad. La mayor es evidente (...). La menor se explica de este modo: Puesto que donde hay acto hay concordancia del agente y del agible en dicho acto. Ahora bien, en la divina bondad hay un acto, esto es, el bonificar. Conclúyese, pues, que hay distinción en la divina bondad entre el bonificante, el bonificable y el bonificar.

    Nuevamente: Donde hay igualdad se da diferencia entre lo igualado. Ahora bien, en la divina bondad hay igualdad entre el bonificativo y el bonificable. La mayor es evidente por sí misma. La menor se explica así: Puesto que, si no hubiera igualdad entre el bonificativo y el bonificable, el acto no procedería igualmente de ambos. Mas consta que procede igualmente. Por tanto, en la divina bondad se da diferencia entre el bonificativo y el bonificable.

    Aquella esencia en la que basta una única acción, una única pasión y un único acto es mayor en mayoridad de su acción que aquella en la que se dan múltiples acciones, múltiples pasiones y múltiples actos. Ahora bien, en la bondad divina basta un único bonificativo, un único bonificable y un único bonificar; luego la divina bondad es mayor en mayoridad de su acción por aquellos tres que si fueran más o menos. La mayor se explica así: Dado que cuando dos acciones diferentes en número son en la misma esencia, una limita el actuar de la otra y lo impide; y otro tanto respecto a dos pasiones y actos diferentes en número. La menor se muestra de este modo: En la bondad divina basta un único bonificativo, un único bonificable y un único bonificar, puesto que son infinitos; lo que no podrían ser si hubiera múltiples bonificativos, múltiples bonificables y múltiple bonificar; por consiguiente, etc.

    Lulio

    sábado, 11 de diciembre de 2021


    Lulio es meridianamente claro: los musulmanes no pueden concebir la gloria sempiterna espiritual, esto es, el paraíso de los cristianos, por la misma razón por la que no conciben al Dios infinito ad intra ni al Dios encarnado. Por tanto, el paraíso del islam, colmado de recompensas terrenas y placeres mundanos o puramente bestiales, es el summum moral y escatológico al que puede aspirar su teología, y no una mera ocurrencia de Mahoma.

    Un Dios que sólo manifiesta su bondad, grandeza, poder, intelecto, voluntad, virtud, verdad, gloria, perfección, justicia y misericordia de un modo finito en la creación del universo sólo es susceptible de elevar al hombre mediante la sobreabundancia de prerrogativas y deleites materiales finitos. No cabe al musulmán esperar que las almas tiendan a bienes intangibles infinitos como la bondad en sí, la grandeza en sí, el poder en sí, etc., ya que ni cree en la existencia de tales entidades extramundanas, que en el cristianismo son representadas mediante la Trinidad, ni confía en que el hombre, que es finito y ha surgido de la nada, pueda aspirar a la infinidad y al bien absoluto; aspiración que el cristiano cifra en la encarnación de Dios.

    De esta deficiencia teológica Lulio extrae importantes lacras morales. La primera es que, dado que el musulmán prefiere lo inferior a lo superior, es menos prudente que el cristiano. La segunda es que, puesto que sus incentivos para resistir a las pasiones son finitos, su fortaleza es inferior a la del cristiano, que los tiene infinitos. La tercera es que la inteligencia y la voluntad de quienes fijan sus fines en lo bajo y mutable son también más bajos y mutables que las de quienes hacen lo contrario y por ello son más temperantes. La cuarta es que, careciendo de un mediador con el que hacerse propicios a Dios, los musulmanes son juez y parte en su propia causa, por lo que son tendentes a la irracionalidad, el exceso y la injusticia.


    Según Llull, tanto el islam como el cristianismo siguen aparentemente el precepto de creer en un solo Dios. Pero, dado que creer también puede definirse como ENTENDER, concluye que los sarracenos CREEN PERO NO ENTIENDEN que Dios sea uno, ya que niegan su infinidad intrínseca, y por consiguiente ENTIENDEN, Y POR TANTO CREEN, QUE ES POSIBLE que algo limite a Dios intrínsecamente, lo que conlleva que no pueda descartarse el politeísmo.

    Ésta es una acusación gravísima con la que Llull devuelve a los musulmanes el reproche de la idolatría, que ellos aprecian en la trinidad cristiana y Llull ve en el monoteísmo imperfecto del islam.