
La moral no es la ciencia de lo útil y lo conveniente, sino la de lo digno, lícito u honesto. La conveniencia es variable según a quien la apliquemos: al león o al antílope; al hombre de hoy o al de mañana; a cierto ecosistema, tomado como sujeto de derechos, o a la comunidad capaz de emigrar.
Antes de hablar de moral, pues, hay que saber qué se está defendiendo: ¿La ausencia de dolor? ¿El progreso científico? ¿La democracia liberal? ¿La primavera de los pueblos? ¿La salvación de las almas?
sábado, 20 de junio de 2009
Preliminares
domingo, 29 de marzo de 2009
Sobre la génesis filosófica del derecho al aborto

Quizá Mosterín no sea idiota, pero está idiotizado. Su afirmación de que el único motivo para prohibir el aborto es el fundamentalismo religioso puesto que ninguna otra razón moral, médica, filosófica ni política avala tal proscripción se da de bruces con la historia, como sabe quienquiera que no sea un iletrado o un majadero. Lo absolutamente nuevo, lo radicalmente inaudito es el derecho de la madre a deshacerse del fruto de su vientre, convirtiendo la patria potestad en una facultad tiránica orientada al placer irresponsable de quien la ejerce.
Se trata, como digo, de una novedad radical en términos históricos, aunque no sea cronológicamente tan reciente. Bentham, espíritu positivista y una de las grandes figuras del liberalismo decimonónico, justificó el infanticidio en los primeros días tras el parto, práctica ésta no excesivamente extraña en un tiempo en que un hijo bastardo se reputaba deshonroso hasta el punto de merecer exclusión social. Dijo de este delito que no causa mal de primer grado, porque es imposible inferir un daño en la persona de un ser que ha dejado de existir antes de conocer la existencia; y que tampoco ocasiona alarma o temor, porque las únicas personas susceptibles de inquietarse han consentido en su muerte o se la han causado. No estuvo solo en esta opinión, que compartían mentalidades tan progresistas como Beccaria o Carrara, pioneros en el rechazo de la pena de muerte. En concreto, y cito de la bibliografía consultada
Para Bentham la práctica de condenar el infanticidio como un crimen particularmente "antinatural", y las leyes que lo equiparaban al asesinato, se fundaban antes en la antipatía que en la utilidad. A la vista del estigma unido a los nacimientos ilegítimos, el infanticidio a manos de madres solteras resultaba bastante comprensible, y merecía mucha más simpatía que la recibida.
¿Es casual que el argumento de la insensibilidad de la víctima y el de las pulsiones empáticas se repitan en los alegatos de los proabortistas? En absoluto. Esto es también lo que piensa Peter Singer, aunque se le tenga por un gran hereje desde el bando de sus detractores, o desde cualquier otro por un gran revolucionario ("el hombre más peligroso del planeta"). No lo es, ya que parte de una tradición de más de un siglo, inserta en una corriente todavía respetada y hoy ya hegemónica*. Así pues, si conocéis la historia de la Iglesia como para saber que Santo Tomás (por ignorancia empírica, no racional) estimaba al embrión inanimado hasta el día 40, deberíais estar algo más al corriente de los baldones de vuestros Padres Apostólicos.
No me cabe duda de que Mosterín y Bentham son de la misma escuela filosófica y moral. Sólo que, en lugar de mencionar como procedería al filósofo del Panóptico, el primero sazona sus estupideces con Aristóteles, que ninguna culpa tiene, y que si dijo algo al respecto es más bien lo contrario de lo que Mosterín pretende en su artículo, haciendo gala de un analfabetismo filosófico -ahora sí- inapelable.
* Mosterincito se jacta aquí de dicha hegemonía, condenándonos al africanismo a quienes nos alineamos con Hipócrates y el Corpus Iuris Civilis. Curiosamente no se habla de China en todo el post ni en la larga ristra de comentarios, pese a ser un país con el peso de un continente.
jueves, 26 de febrero de 2009
Peter Singer según Spinoza
El que se esfuerza, por el solo afecto, en que los demás amen lo que él ama y que los demás vivan según su propia índole, obra por el solo impulso, y por esto es odioso, sobre todo aquellos a quienes agradan otras cosas, y que por esto también se empeñan y se esfuerzan, por el mismo impulso, en que los demás vivan, contrariamente, según su propia índole. Además, puesto que el sumo bien que los hombres apetecen en virtud del afecto es a menudode tal naturaleza que solamente uno puede ser poseedor de él, sucede así que los que aman no son consecuentes consigo mismos, y mientras se gozan en narrar los méritos de la cosa que aman, temen que se les crea. Por el contrario, el que se esfuerza en guiar a los demás según la razón, no obra por impulso, sino humana y benignamente y es en grado máximo consecuente consigo mismo. Además, todo aquello que deseamos y hacemos y de lo que somos causa en cuanto tenemos idea de Dios o en cuanto conocemos a Dios, lo refiero a la religión. Pero al deseo de hacer bien que nace del hecho de vivir según la guía de la razón, lo llamo moralidad. Además, al deseo por el que el hombre que vive según la guía de la razón se siente obligado a los demás hombres por amistad, lo llamo honestidad, y honesto lo que alaban los hombres que viven según la guía de la razón; y deshonesto, por el contrario, lo que se opone a conciliar la amistad. Aparte de esto, también he mostrado cuáles son los fundamentos del Estado. Además, por lo dicho más arriba, se percibe fácilmente la diferencia entre la verdadera virtud y la impotencia; a saber: la verdadera virtud no es nada más que vivir según la sola guía de la razón; y, por tanto, la impotencia consiste en sólo esto, en que el hombre se deja conducir por las cosas que están fuera de él y determinar por ellas a obrar lo que exige la constitución común de las cosas externas, pero no su propia naturaleza considerada sola en sí. Y esto es lo que había prometido demostrar en el Escolio de la Proposición 18 de esta parte; por lo cual es evidente que esa ley que prohibe sacrificar animales se funda más bien en una vana superstición y en una misericordia mujeril, antes que en la sana razón. La norma de buscar lo que nos es útil nos enseña, por cierto, la necesidad de unirnos a los hombres, mas no a las bestias o a las cosas cuya naturaleza es diferente de la naturaleza humana; pero el mismo derecho que tienen ellas sobre nosotros, tenemos nosotros sobre ellas. Más aún, puesto que el derecho de cada cual se define por su virtud o potencia, los hombres tienen muchísimo más derecho sobre los animales que éstos sobre los hombres; no niego, sin embargo, que los animales sientan; pero niego que por esto no nos sea permitido mirar por nuestra utilidad, usar de ellos como nos plazca y tratarlos según mejor nos convenga, puesto que no concuerdan en naturaleza con nosotros y sus afectos difieren en naturaleza de los afectos humanos.
Spinoza. Ética, Proposición XXXVII, Escolio I.
lunes, 17 de noviembre de 2008
El fundamento de la moral

1. Si una acción no es libre en ningún momento, no es moral en absoluto.
2. Si la moral no tiende a la conservación del individuo, en nada se distingue de lo inmoral.
3. Ahora bien, si la moral no depende ni de la libertad ni de los fines manifiestos, todo en la naturaleza es moral.
4. Hablar de "fundamento de la moralidad" es en ese caso equivalente a postular un "fundamento de la naturaleza".
5. La moral resulta, aceptado esto, algo susceptible de describirse y no de prescribirse.
6. En consecuencia, cualquier prescripción del comportamiento no remite a lo natural, sino a lo racional (contra 3.). "Por este motivo ha habido un largo consenso entre los filósofos e historiadores más eminentes, que han sostenido de manera unánime que la naturaleza es la madre de los animales irracionales, y la madrastra de los hombres, a la vista de las debilidades corporales de éstos, y de la superior fortaleza de los brutos en todo" (Filón).
7. Que la mera inteligencia del buen precepto no conduzca a su cumplimiento nos indica, en cambio, que la faceta moral del hombre escapa también y hasta cierto punto a la racionalidad. Es por ello erróneo considerar "los actos y apetitos humanos como si fuese cuestión de líneas, superficies o cuerpos" (Spinoza).
8. Luego, si la moral es algo (contra 5.), no se funda ni en la naturaleza ni en la razón, aunque pueda valerse de ellas.
domingo, 22 de junio de 2008
Iusmasoquismo

Algunos ateos atribuyen los derechos en virtud del dolor. Si el embrión no sufre, dicen, no tiene derechos. Ahora bien, puesto que es el dolor lo que nos da el derecho, ¿qué derecho tenemos a quitarnos el dolor?
domingo, 21 de octubre de 2007
De lo que se siembra
No matéis al mensajero. No es condenable que se designe a una raza humana como estadísticamente menos inteligente que otra. Sí lo es el creer que un mayor grado de inteligencia nos hace más humanos; que la humanidad depende de algo gradual y potencial como las luces, el dolor o la apariencia antropomorfa.
jueves, 4 de octubre de 2007
Humanismo secular
Es precisamente definiendo al hombre por su "capacidad moral" como no podríamos conceder ningún derecho ético a seres humanos que tienen dañada su competencia moral. Solamente reconociendo a los hombres por sus cuerpos humanos, no por su inteligencia o incluso por su moralidad, como podemos admitir a "borrachos", "dormidos", "inconscientes" o minusválidos dentro del círculo de los iguales.
(...)
Una cosa es que la moral necesite el raciocinio, y otra cosa muy diferente que se le niegue cualquier derecho moral a aquellos congéneres nuestros que tienen dañada la capacidad de razonar. Los niños humanos menores de siete años aún no han desarrollado la razón moral. ¿Los convierte en inhumanos? Los adultos que han sufrido lesiones cerebrales también pueden ver su razón moral seriamente comprometida. ¿Nos disculpa eso a los demás de ciertas obligaciones morales con ellos? Claro que no, y de ahí que la ética del cuerpo sea tan importante. Es precisamente este principio (materialista, corporeísta) el que permite proteger los derechos de quienes tienen la razón moral afectada.
ERZ rehabilita al bípedo implume como canon infalible de humanidad.
Objeción: Los deformes.
Posible contraobjeción: También ellos mantienen su corporeidad humana, aunque oculta; en particular, en un cerebro más desarrollado y capaz que el de cualquier otra especie.
Objeción: Los bebés deformes, los subnormales deformes.
martes, 17 de julio de 2007
Schmerz macht uns Menschen
a mí me parece que demuestra una sensibilidad moral muy inferior el intentar detener líneas de investigación con células (celulitas, al fin y al cabo, sin nada parecido a un cuerpo humano, conciencia o capacidad de sufrimiento) que sí pueden salvar vidas humanas reales con nombres reales, cuerpo, conciencia y capacidad de sufrimiento.
Tancredo, Tancredo, Tancredo...
* * *
Repito: el padecer es el mínimo hacer posible. La materia actúa o padece, no hay tercero. Y el padecer no es un no actuar, sino un resistir a la acción de otro. Por tanto, todo lo existente padece y actúa, sin necesidad de emergencias. También las celulitas humanas, los embriones, los fetos y demás escoria inconsciente.
El emergentismo es un dualismo
Tendré que explicarme. En el sistema emergentista el hombre no es más que lo que hace. Toda pasión es excluida del concepto de subjetividad según este criterio filosófico. Por tanto, no se es individuo hasta que no se actúa de forma visible y característica.
Un criminal descuartizando a un prójimo como sólo los hombres saben hacerlo poseería, en base a ello, más elementos identificativos de su especie que un nasciturus al que no le ha sido dado todavía contar con una actividad mental.
Independientemente de su configuración física, que hace las veces de accidente necesario, encontramos no ya una substancia, como quiere el cristianismo, sino una superstancia que mantiene cohesionadas desde su supremacía ontológica las partes que la generaron. Cómo el efecto puede ser ontológicamente superior a la causa es algo que dejo en manos de los magos de esta disciplina.
Siendo la actividad y solamente ella la que determina mi condición de ser humano, no sólo el sustrato o causa eficiente de esa actividad se disocia de la misma: también el propio producto derivado de ella. Uno es el hombre que actúa y otro el que padece, aunque compartan idéntico cuerpo. Mejor dicho, uno actúa y nadie padece, pues el sujeto emergentista sólo admite la acción. Cuando actuamos somos libres, porque nos aproximamos a nuestra esencia; cuando padecemos quedamos enajenados en la oscura ciénaga material, que nos niega y nos disuelve (el padecer es el mínimo hacer posible).
¿Actúan las máquinas? Turing lo cree. ¿Piensan las máquinas? Se responde afirmativamente. ¿Son humanas las máquinas? Aceptado lo anterior, no cabe duda. Y en tanto que la humanidad está en función de la actividad, tanto más humanas cuanto más activas. Ahora bien, si el cuerpo humano es el poseído por una mente humana, y ésta la que realiza acciones humanas, entonces las máquinas tienen cuerpos humanos y los hombres cuerpos maquinales. No hay ninguna diferencia. Tampoco la hay -salvo en el grado- entre sacrificar hombres y sacrificar autómatas.

