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sábado, 18 de diciembre de 2021


Al tratar sobre la eternidad del mundo, Lulio escribe:

Non est dare multiplicationem in medio sine extremis.

Lulio no explica esta proposición, a la que parece dar un valor axiomático. Voy a intentar justificarla:

1) Si un cuerpo crece, sus extremos deben alejarse cada vez más.

2) Una extensión indefinida, sin extremos, no da lugar a ningún número cuantificable. A tal número no cuantificable nada se le puede añadir, pues guardaría y no guardaría relación con la cantidad, lo que es imposible.

3) Por tanto, si un cuerpo no tiene extremos, no puede crecer.

De lo que resultaría la siguiente aplicación metafísica:

a) Si el universo existe desde siempre y para siempre, carece de extremos.

b) Siendo una extensión indefinida, sin extremos, no es cuantificable y nada se le puede añadir, pues guardaría y no guardaría relación con la cantidad, lo que es imposible.

c) Por tanto, si el universo existe desde siempre y para siempre no puede crecer.

d) Sin embargo, el universo crece, ya que hay en él una multiplicación de días, distintos el uno del otro.

e) Por tanto, el universo no existe desde siempre y para siempre.

jueves, 16 de diciembre de 2021


Lulio llama al número tres segunda unidad, puesto que es la unidad entre la primera unidad y lo unido por la primera unidad.

Si no hubiera más de una unidad, la unidad no uniría máximamente, ya que carecería de unido y de unir. Por tanto, no sería una unidad infinita, sino una unidad pasiva, limitada por su no actuar siempre y por su no ser máximamente. Por tanto, no sería Dios. Esto lo alega Lulio respecto el monoteísmo imperfecto del islam.

Si hubiera más de dos unidades (i.e. una cuaternidad, etc.), ninguna unidad uniría máximamente, ya que se limitarían entre ellas. Por tanto, no serían unidades infinitas. Por tanto, no serían Dios. Esto es afirmado contra el politeísmo.

Finalmente, Lulio sostiene que si los términos de la unidad trina no fueran máximamente iguales entre sí, el efecto del unificar no sería máximo, y por tanto no sería propio de Dios.

Dios no puede unirse a sí mismo, dado que ya es la unidad simplicísima, como no puede enrojecerse el rojo ni oxigenarse el oxígeno. Ahora bien, a diferencia del rojo y del oxígeno, que enrojecen y oxigenan relativamente con un obrar limitado y material, Dios debe unir máximamente, al tratarse de un ser infinito, si concedemos que tiene más ser el ser que actúa que el que no actúa. Luego si Dios debe unir máximamente pero en tanto que unitivo no puede unirse a sí mismo, debe ser dos veces uno, es decir, unitivo y unir, y tres veces máximo, esto es, unitivo, unible y unir. Otro tanto y por idénticas razones puede decirse del bonificar, magnificar, eternificar, etc.

De ahí se sigue que la doctrina de la Trinidad es la única que explica perfectamente la perfecta esencia divina.

sábado, 20 de noviembre de 2021

 

Sensualmente sentimos, Señor, e intelectualmente lo entendemos, que el firmamento no es cosa que tenga vida, ni ciencia, ni sabiduría, ni voluntad, ni las demás cosas que a vida pertenecen, y por razón de estas imperfecciones que están en el firmamento, se significa que el firmamento tiene comienzo, pues si fuese substancia infinita, tendría perfección, y si tuviera perfección, tendría vida y las virtudes pertenecientes a vida. Por donde, como el firmamento no sea cosa que tenga vida, se significa en él mismo que no es cosa digna de ser infinita ni de ser sin comienzo.


Ramon Llull 


Según Llull, la realidad se divide en tres grados: el positivo, el comparativo y el superlativo. Así, en lo referente a la bondad, existen lo bueno, lo mejor y lo óptimo; en cuanto a la magnitud, lo grande, lo mayor y lo máximo; respecto a la duración, lo eterno, lo eviterno y lo sucesivo, etc. Negar esta distinción tripartita es destruir la estructura racional de la realidad, lo que conduce a la confusión de las causas primarias y secundarias.

Por "grado superlativo" Llull entiende la substancia substancialísima, la naturaleza naturalísima, la simplicidad simplicísima, la eternidad eternísima, la unidad unísima, la operación operalísima, la bondad óptima, el poder potentísimo, el intelecto intelectísimo, la voluntad volísima, la virtud virtuosísima, la verdad verísima, la gloria gloriosísima, la distinción distintísima, la concordancia concordantísima, el principio pricipalísimo y la perfección perfectísima. Por tanto, dicho grado expresa las dignidades de Dios.

El grado superlativo sólo puede existir si tiene un acto propio que genera sus efectos sin cesar, ya que de lo contrario permanecería ocioso y no existiría superlativamente. Luego, si lo superlativo no existiera superlativamente, existiría positiva o comparativamente, intercambiándose las posiciones de los tres grados, lo que es absurdo. En consecuencia, es propio de la unidad unísima el unisimar (unir en grado sumo), así como lo es de la operación operalísima el operalisimar (obrar en grado sumo), de la bondad óptima el optimar (hacer bueno en grado sumo), etc.

El argumento, pues, es el siguiente: puesto que existe un primer grado de realidad, esto es, lo positivo, y la realidad no es igual a sí misma, existe por esta razón un segundo grado de realidad, a saber, lo comparativo; y dado que lo comparativo es asimismo comparable por abajo a lo que le es inferior (lo positivo) y por arriba a su superior (lo superlativo), pues si no lo fuera sería comparativo y positivo al mismo tiempo, o comparativo y superlativo al mismo tiempo, lo que es imposible, síguese que la realidad debe alcanzar el ápice de su perfección, lo cual aboca a afirmar la existencia de Dios como suma perfección perfeccionante.

Así lo expone Llull en la obra llamada Ars mystica theologiae et philosophiae.

domingo, 14 de noviembre de 2021

DE DEO ET SUIS PROPRIIS QUALITATIBUS INFINITIS


Traduzco un fragmento de otro opúsculo de Llull, escrito en Túnez en 1315, el cual forma parte de sus polémicas con teólogos musulmanes.

* * *

1. Que el ser mayor puede existir sin el ser menor.

Si el ser mayor no puede existir sin el ser menor, ningún ser mayor puede existir; ya que, si pudiera existir, podría existir sin el ser menor, dado que el ser menor no puede impedir al ser mayor. Pues si pudiera impedirlo, tendría mayor poder consigo que el ser mayor. Por tanto, queda demostrado que el ser mayor puede existir sin el ser menor. Por ello en verdad al ser mayor lo llamamos Dios, al que buscamos.

2. Sobre la forma y la materia.

Si la forma existe sin la materia, el ser mayor puede existir sin el ser menor, toda vez que la forma es un ser mayor que la materia. Y si la forma no puede existir sin la materia, el ser menor impide al ser mayor con su menor ser, lo que es imposible. Por tanto, queda demostrado que la forma puede existir sin la materia. E interpretamos que esta forma es Dios, el cual puede existir sin materia ni mundo, mientras que el mundo no puede existir sin materia. Así, queda probada la existencia de Dios, al que imploramos.

3. Sobre la infinitud y la cantidad.

Si la infinitud no puede existir sin cantidad, la cantidad, que es un accidente finito, impide que la infinitud exista sin ella. Es así que la infinitud no es un ser que pueda ser finito ni acabado, pues ello entrañaría una contradicción respecto a si es o no es. Y por esta razón, si no es infinitud es cantidad, la cual impide el ser infinito. Y dado que el ser finito no puede tener tan gran poder sobre el ser infinito, síguese que puede existir la infinitud sin cantidad. Y habida cuenta que el mundo no puede ser sin cantidad, la infinitud puede ser sin el mundo; infinitud que interpretamos ser Dios.

4. Sobre la eternidad y el tiempo.

Si la eternidad no puede existir sin el tiempo, el ser mayor no puede existir sin el ser menor; y el tiempo, que es un accidente y el ser menor, impide la eternidad, que es substancia y el ser mayor. Y puesto que el ser menor no puede impedir al ser mayor, ya que el ser mayor tiene mayor poder sobre el menor, es por tanto manifiesto y queda probado que la eternidad puede ser sin el tiempo; y que Dios, que es la eternidad, puede ser antes que el mundo, dado que el mundo no puede ser sin el tiempo. Con lo que se prueba que el tiempo tiene comienzo y que la eternidad es sin el tiempo; eternidad a la que llamamos Dios.

5. Sobre la infinitud y el lugar.

Si la infinitud puede existir sin el lugar, el ser mayor puede existir sin el ser menor, siendo así que el lugar es un accidente, el cual es el ser menor. Y si la infinitud no puede existir sin el lugar, ni puede acabarse en un lugar, el ser menor impide al ser mayor mediante la privación, mientras que la infinitud no puede privar de nada al lugar. Y por ello el lugar tendría un poder mayor que el ser infinito substancial, lo que es imposible. Por tanto, queda probado que Dios puede ser sin el mundo, pues Dios es la infinitud.

6. Sobre la inmovilidad y la movilidad.

Si la inmovilidad puede existir sin el movimiento, el ser mayor puede existir sin el ser menor, siendo así que la movilidad es un accidente, el cual es el ser menor. Y si el ser mayor no puede existir sin el ser menor, el ser menor puede impedir al ser mayor, y éste no puede causar privación al ser menor. Y dado que el ser mayor tiene mayor poder que el ser menor, queda probado que la inmovilidad puede existir sin el movimiento y sin el mundo, el cual no puede existir sin el movimiento. Y tal inmovilidad decimos ser Dios, al que imploramos.

sábado, 13 de noviembre de 2021

LIBER DE PERFECTO ESSE


Ofrezco según mi capacidad la traducción de un opúsculo de Llull que, hasta donde yo sé, no ha sido jamás trasladado a ninguna lengua moderna. Es el Liber de perfecto esse, el cual pertenece a su obra latina y fue escrito en Mesina, Sicilia, en 1314, aproximadamente un año antes de su muerte.

* * *

LIBRO DEL SER PERFECTO

Dios, con la ayuda de tu infinito ser, 

escribo el libro del ser perfecto.


Dado que el ser infinito y el ser perfecto son intercambiables, me propongo hacer ciencia del ser perfecto mediante el ser infinito. Y por ello puede el hombre hacer ciencia del ser imperfecto mediante el ser finito. Por tanto, en estas dos ciencias generales estarán implícitas todas las ciencias, razón por la cual este libro será muy general, muy alto y muy profundo, y también muy útil.


SOBRE LA DIVISIÓN DE ESTE LIBRO

Este libro se divide en cinco distinciones. En la primera probamos que Dios existe; en la segunda la divina Trinidad; en la tercera la creación del mundo; en la cuarta la divina Encarnación; y en la quinta la resurrección de los hombres. Y, en primer lugar, nos ocuparemos de la primera distinción.


SOBRE LA PRIMERA DISTINCIÓN

1. Si Dios existe, el ser infinito y perfecto existe; y el ser infinito y el ser perfecto son el mismo, y éste es uno solo. De esto se sigue necesariamente que existe un principio singular, y no muchos. Y si Dios no existe, el ser infinito y perfecto no existe; y existen muchos principios finitos e imperfectos por razones contingentes; y no existe ningún principio necesario, lo que es imposible. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

2. Si Dios existe, la unidad infinita existe; y esta misma unidad es el ser perfecto. Y si Dios no existe, existe su opuesto. De aquí se sigue que la unidad finita e imperfecta conviene al ser; y que la unidad infinita y perfecta conviene al no ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

3. Si Dios existe, existe la bondad infinita, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, la bondad finita e imperfecta existe. De aquí se sigue que la bondad infinita y perfecta conviene al no ser; y que la bondad finita e imperfecta conviene al ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

4. Si Dios existe, existe la grandeza infinita, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, la grandeza finita e imperfecta existe. De aquí se sigue que la grandeza finita e imperfecta conviene al ser; y la grandeza infinita y perfecta al no ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

5. Si Dios existe, existe la eternidad perfecta e infinita. Y si Dios no existe, la eternidad finita e imperfecta existe. De aquí se sigue que la eternidad infinita y perfecta conviene al no ser; y la eternidad finita e imperfecta al ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

6. Si Dios existe, existe el poder infinito, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, el poder finito, que es el ser imperfecto, existe. De aquí se sigue que la potestad finita e imperfecta conviene al ser; y la potestad infinita y perfecta conviene al no ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

7. Si Dios existe, existe el intelecto infinito, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, el intelecto finito, que es el ser imperfecto, existe. De aquí se sigue que el intelecto finito e imperfecto conviene al ser; y el intelecto infinito y perfecto conviene al no ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

8. Si Dios existe, existe la voluntad infinita, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, la voluntad finita, que es el ser imperfecto, existe. De aquí se sigue que la voluntad infinita y perfecta conviene al no ser; y la voluntad finita y perfecta conviene al ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

9. Si Dios existe, existe la virtud infinita, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, la virtud finita, que es el ser imperfecto, existe. De aquí se sigue necesariamente que el ser virtuoso infinito y perfecto conviene al no ser; y que el ser vicioso finito e imperfecto conviene al ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

10. Si Dios existe, existe la verdad infinita, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, la verdad finita y falsa, que es el ser falso e imperfecto, existe. De aquí se sigue necesariamente que el ser falso, finito e imperfecto conviene al ser; y que el ser infinito, verdadero y perfecto conviene al no ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.

11. Si Dios existe, existe la gloria infinita, que es el ser perfecto. Y si Dios no existe, la gloria finita, que es el ser imperfecto, existe. De aquí se sigue necesariamente que el ser perfecto, infinito y glorioso conviene al no ser; y que el ser imperfecto, finito en gloria, conviene al ser, lo que es falso. Por tanto, se ha demostrado que Dios existe.


SOBRE LA SEGUNDA DISTINCIÓN

Esta distinción versa sobre la divina Trinidad. Hemos investigado que el ser perfecto existe por la divina unidad, bondad, grandeza, eternidad, poder, intelecto, voluntad, virtud, verdad y gloria. Ahora bien, éste no puede ser el ser infinito y perfecto si la divina Trinidad no existe. Así, en primer lugar, probamos que la Trinidad existe.

1. Ninguna unidad es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinito y perfecto. Dios es el ser uno infinito y perfecto; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinito y perfecto. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un infinito artífice de un ser infinito perfecto. Por lo cual, no puede existir sin obrar este mismo ser infinito perfecto, dado que los relativos se implican mutuamente. Y a estos tres correlativos antedichos, esto es, obrante, obrado y obrar, llamamos divina Trinidad.

2. Ninguna bondad es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinita y perfectamente bueno. Dios es el ser bueno infinito y perfecto; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinita y perfectamente bueno. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice infinitamente bueno de un ser infinita y perfectamente bueno. Por lo cual, no puede existir sin obrar este mismo bien infinito y perfecto, dado que los relativos se implican mutuamente. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad.

3. Ninguna grandeza es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinita y perfectamente grande. Dios es el ser grande infinito y perfecto; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinita y perfectamente grande. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice infinita y perfectamente grande de un ser infinita y perfectamente grande. Por lo cual, sin éste no puede obrar un ser infinita y perfectamente grande. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad.

4. Ninguna eternidad es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinita y perfectamente eterno. Dios es el ser eterno infinito y perfecto; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinita y perfectamente eterno. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice infinita y perfectamente eterno de un ser infinita y perfectamente eterno. Por lo cual, no puede existir sin obrar este mismo ser eterno infinito y perfecto, dado que los relativos se implican mutuamente. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

5. Ningún poder es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinita y perfectamente poderoso. Dios es de este modo; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinita y perfectamente poderoso. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice infinitamente poderoso de un ser infinita y perfectamente poderoso, sin el cual no puede obrar un ser infinito y perfecto. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

6. Ningún intelecto es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinito y perfecto. Dios es de este modo; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinita y perfectamente inteligente. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un intelecto infinito creador de un intelecto infinito y perfecto, sin el cual no puede obrar un ser infinito y perfecto. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

7. Ninguna voluntad es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinito y perfecto. Dios es de este modo; por tanto, Dios no existe sin obrar una voluntad infinita y perfecta. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es una voluntad infinita creadora de una voluntad infinita y perfecta, sin la cual no puede obrar un ser infinito y perfecto. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

8. Ninguna virtud es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinito y perfecto. Dios es de este modo; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinito y perfecto. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice virtuoso infinito de un ser virtuoso infinito y perfecto, sin el cual no puede obrar un ser infinito y perfecto, dado que los relativos se implican mutuamente. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

9. Ninguna verdad es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinito. Dios es de este modo; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinito y perfecto. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice verdadero infinito de un ser verdadero infinito y perfecto, sin el cual no puede obrar un ser infinito y perfecto, dado que los relativos se implican mutuamente. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

10. Ninguna gloria es el ser infinito y perfecto si no obra lo infinito y perfecto. Dios es de este modo; por tanto, Dios no existe sin obrar lo infinito y perfecto. Y puesto que Dios existe, como se ha probado, se sigue necesariamente que es un artífice glorioso infinito de un ser glorioso infinito y perfecto, sin el cual no puede obrar un ser infinito y perfecto, dado que los relativos se implican mutuamente. Y a estos tres correlativos llamamos divina Trinidad. 

Hemos probado la divina Trinidad mediante el ser infinito y perfecto, discurrido a partir de la divina unidad, bondad, etc. Esta demostración abreviada es muy alta y profunda, y por ella el alma humana alcanza gran felicidad.


SOBRE LA TERCERA DISTINCIÓN 

Esta distinción versa sobre la creación del mundo, la cual pretendemos probar discurriendo el ser infinito y perfecto por la infinita y perfecta divina unidad, bondad, etc. Y así, en primer lugar: 

1. Todo ser uno infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya unidad es finita e imperfecta. Dios es el ser uno infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya unidad es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo es creado y nuevo. 

2. Todo ser bueno infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya bondad es finita e imperfecta. Dios es el ser bueno infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya bondad es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo ha tenido comienzo y ha sido creado. 

3. Todo ser grande infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya grandeza es finita e imperfecta. Dios es el ser grande infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya grandeza es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo es nuevo y creado. 

4. Todo ser eterno infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya duración es finita e imperfecta. Dios es el ser [eterno] infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya duración es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo ha tenido comienzo y ha sido creado. 

5. Todo poder infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya grandeza es finita e imperfecta. Dios es el poder infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuyo poder es finito e imperfecto. De aquí se sigue necesariamente que el mundo es nuevo y creado. 

6. Todo intelecto infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuyo intelecto es finito e imperfecto. Dios es el intelecto infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuyo intelecto es finito e imperfecto. De aquí se sigue necesariamente que el mundo ha tenido comienzo y ha sido creado. 

7. Toda voluntad infinita y perfecta existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya voluntad es finita e imperfecta. Dios es la voluntad infinita y perfecta. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya voluntad es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo ha tenido comienzo y ha sido creado. 

8. Todo ser virtuoso infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya virtud es finita e imperfecta. Dios es el ser virtuoso infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya virtud es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo es nuevo y creado. 

9. Todo ser verdadero infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya verdad es finita e imperfecta. Dios es el ser verdadero infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya verdad es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo es nuevo y creado. 

10. Todo ser glorioso infinito y perfecto existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya gloria es finita e imperfecta. Dios es el ser glorioso infinito y perfecto. Por tanto, Dios existe por razón de su simplicidad antes que el mundo, cuya gloria es finita e imperfecta. De aquí se sigue necesariamente que el mundo ha tenido comienzo y ha sido creado. 

Hemos probado que el mundo es creado discurriendo el ser infinito y perfecto por la infinita y perfecta divina unidad, bondad, etc. Y quien quiera refutar nuestros silogismos no podrá hacerlo de un modo razonado, ya que éstos son primitivos, verdaderos y necesarios, y por consiguiente demostrativos. Por ello, hemos establecido una certeza sobre la creación del mundo.


SOBRE LA CUARTA DISTINCIÓN 

Esta distinción versa sobre la divina Encarnación, la cual pretendemos probar deduciendo el ser infinito perfecto mediante la divina unidad, bondad y demás divinas dignidades tratadas. Existiendo Dios, que es causa infinita y perfecta, posee un efecto infinito y perfecto; sin el cual no podría ser una causa infinita y perfecta, ya que los relativos se implican mutuamente. 

Digo además que la naturaleza humana es una criatura más general que cualquier otra, por cuanto el hombre participa en su naturaleza de toda criatura. Participa del ángel en su género, dado que el ángel es substancia espiritual, y el alma racional es substancia espiritual. Y el cuerpo humano participa del cielo en su género mediante los elementos y sus efectos elementados. Por tanto, digo que no hay otra criatura constituida y dispuesta en la que Dios pueda lograr un efecto más general que en la naturaleza humana, que es más general que cualquier otra criatura, como ya se ha dicho. Y en primer lugar tratamos sobre la divina unidad. 

1. Toda unidad infinita y perfecta es digna de ser una causa única infinita y perfecta. Dios es una unidad infinita y perfecta. Por tanto, Dios es digno de ser una causa única infinita y perfecta. Tal no puede suceder si Dios no se hace hombre en el que sea causa única infinita y perfecta. Y hácese hombre, por lo cual el hombre es hecho un efecto infinito y perfecto existente: Cristo, Dios hombre. Se prueba, pues, la divina Encarnación, que deseamos y adoramos. 

2. Toda bondad infinita y perfecta es digna de ser una causa buena infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa buena infinita y perfecta. De aquí se sigue que Dios se hace efecto bueno infinito y perfecto, el cual es el hombre Dios. No digo que el hombre sea naturalmente infinito, sino que Dios, que se hace hombre, es naturalmente infinito y perfecto. 

3. Toda grandeza infinita y perfecta es digna de ser una causa grande infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa grande infinita y perfecta. Luego, para no sufrir injuria en su propia dignidad, se hace hombre, por lo cual el hombre es un efecto grande infinito y perfecto. 

4. Todo ser eterno infinito y perfecto es digno de ser una causa eterna infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa eterna infinita y perfecta. Luego, para no sufrir injuria en su propia dignidad, se hace hombre, por lo cual el hombre es un efecto eterno infinito y perfecto. Pero no digo que sea efecto por toda la eternidad, sino en el tiempo. 

5. Todo poder infinito y perfecto es digno de ser una causa poderosa infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa poderosa infinita y perfecta. Una tal causa no puede existir sin un efecto poderoso infinito y perfecto, dado que la causa y el efecto relativos se implican mutuamente. Luego por este motivo Dios se hace hombre, en el cual es efecto poderoso infinito y perfecto. 

6. Todo intelecto infinito y perfecto es digno de ser una causa inteligente infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa inteligente infinita y perfecta. Y para que tal sea posible, se hace hombre en el cual sea efecto proporcionado a esta misma causa. 

7. Toda voluntad infinita y perfecta es digna de ser una causa voluntaria infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa voluntaria infinita y perfecta. Y para que tal sea posible, se hace hombre en el cual sea efecto proporcionado a esta misma causa. 

8. Todo ser virtuoso infinito y perfecto es digno de ser una causa virtuosa infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa virtuosa infinita y perfecta. Y para que tal sea posible, se hace hombre en el cual sea efecto proporcionado a esta misma causa. 

9. Todo ser verdadero infinito y perfecto es digno de ser una causa verdadera infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa verdadera infinita y perfecta. Y para que tal sea posible, se hace hombre en el cual sea efecto proporcionado a esta misma causa. 

10. Todo ser glorioso infinito y perfecto es digno de ser una causa gloriosa infinita y perfecta. Dios es de este modo. Por tanto, Dios es digno de ser una causa gloriosa infinita y perfecta. Y por ello se hace hombre en el cual sea efecto proporcionado a esta misma causa. 

Hemos probado la divina Encarnación, mediante la cual Dios puede ser una causa digna infinita y perfecta por su divina unidad, bondad, etc. haciéndose hombre, en el que es efecto proporcionado a esta misma causa, pues Dios mismo es en este hombre causa y efecto. De aquí se sigue esta proclamación por razón de la Encarnación: Dios es hombre, el hombre es Dios. 

Si alguien quisiera impugnar o destruir nuestras razones, querrá destruir que Dios es digno de ser causa infinita y perfecta, lo que es imposible.


SOBRE LA QUINTA DISTINCIÓN 

En esta distinción probamos la resurrección de los hombres mediante la justicia divina infinita y perfecta, deduciendo ésta por la divina unidad, bondad, etc. Justicia que es digna de tener un sujeto en el que se haga un juicio infinito y perfecto. Y en primer lugar hablamos de la divina unidad. 

1. Toda justicia una infinita y perfecta es digna de hacer un juicio justo resucitando a tantos hombres cuantos en esta vida han hecho bien o mal para que en la otra vida obtengan gloria, si murieron siendo justos, o castigo, si murieron siendo injustos. Ahora bien, Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a dichos hombres y juzgará a estos mismos en la otra vida para que obtengan gloria o castigo. Luego es patente que habrá una resurrección general de los hombres. 

2. Toda justicia buena infinita y perfecta es digna de hacer un juicio justo resucitando a tantos hombres cuantos en esta vida han hecho bien o mal para que en la otra vida obtengan gloria, si murieron siendo justos, o castigo, si murieron siendo injustos. Ahora bien, Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a dichos hombres y juzgará a estos mismos en la otra vida para que obtengan gloria o castigo. Luego es patente que habrá una resurrección general de los hombres. 

3. Toda justicia grande infinita y perfecta es digna de tener un sujeto en el que hacer un juicio justo grande infinito y perfecto. Ahora bien, Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres, en los que hará un juicio grande infinito y perfecto. 

4. Toda justicia eterna infinita y perfecta es digna de hacer un juicio eterno justo infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres para hacer el juicio antedicho. 

5. Toda justicia que es un poder infinito y perfecto es digna de hacer un juicio justo poderoso infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres para hacer el juicio ya mencionado. 

6. Toda justicia que es un intelecto infinito y perfecto es digna de hacer un juicio justo inteligente infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres para tener un sujeto en el que pueda hacer el juicio antedicho. 

7. Toda justicia voluntaria infinita y perfecta es digna de hacer un juicio justo voluntario infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres en los que hará el juicio predeterminado. 

8. Toda justicia virtuosa infinita y perfecta es digna de hacer un juicio justo virtuoso infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres en los que hará el juicio antedicho. 

9. Toda justicia verdadera infinita y perfecta es digna de hacer un juicio justo verdadero infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres en los que hará el juicio ya mencionado. 

10. Toda justicia gloriosa infinita y perfecta es digna de hacer un juicio justo glorioso infinito y perfecto. Dios es de este modo. Por tanto, Dios resucitará a los hombres en los que hará el juicio predeterminado. 

Hemos probado la resurrección general de los hombres mediante la justicia divina infinita y perfecta, real y digna, la cual posee un sujeto en el que puede juzgar con un juicio infinito y perfecto. Pero tal es imposible sin la resurrección general de los hombres. Y quien quiera refutar y destruir los diez silogismos anteriores deberá conceder que la justicia de Dios es infinita y perfecta, como se infiere de su divina unidad, bondad, etc., y que no es digna de tener un sujeto en el que pueda hacer un juicio infinito y perfecto, lo que es imposible. 

En loor y honor de Dios terminó Raimundo este libro, en el mes de marzo en la ciudad de Mesina, año 1314 de la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.


miércoles, 10 de noviembre de 2021


Llull postula una serie de principios subyacentes a toda realidad:

Bondad

Magnitud

Eternidad

Etc.

Los cuales conviven en la esfera teorética con sus opuestos absolutos:

Maldad (no Bondad)

Parvedad (no Magnitud)

Momentaneidad (no Eternidad)

Etc.

Llull razona:

Estos principios, en su vertiente afirmativa, son entes necesarios, ya que existen por sí y en ellos alcanzan el ser en mayor o menor grado todos los de su género: lo bueno, lo grande, lo duradero, etc. Si tales principios no existieran, deberían existir sus contrarios (pues no hay más que estos dos polos) y, en consecuencia, no podría existir nada bueno, grande, eterno, etc., al no darse la realidad primordial de la que participan. Pero esto es imposible, toda vez que existe lo bueno, lo grande, lo duradero, etc. Por tanto, si se concede que lo bueno, lo grande y lo duradero existen contingentemente, resulta forzoso admitir que la bondad, la magnitud, la eternidad, etc. existen necesariamente. De lo cual se sigue la existencia del ser óptimo máximo, eterno, etc., que es Dios.

Tras haber probado la existencia del óptimo máximo eterno, Llull demuestra que el intelecto es infinito de la siguiente manera:

Si existe el óptimo máximo, éste es un inteligible infinito, ya que no puede ser comprendido por ninguna noción, la cual debe ser necesariamente inferior a él y estar comprendida por él. Por tanto, sólo un intelecto infinito puede comprenderlo. Ahora bien, si no existe tal intelecto infinito, se sigue que el ser óptimo máximo no es inteligible, ni siquiera a sí mismo, y por esta razón no puede ser en grado superlativo, habida cuenta que inteligir es una perfección. En consecuencia, de aceptarse esta premisa, nos veríamos obligados a concluir que el óptimo máximo es en grado superlativo (por su propia definición) y no es en grado superlativo (por su ininteligibilidad), lo que es absurdo. Luego la premisa debe rechazarse, siendo verdadera su negación: que el intelecto infinito existe.

Además, dado que el óptimo máximo eterno puede existir, y si existe debe existir infinitamente (ya que es infinitamente bueno, grande, duradero, etc.), el poder en virtud del cual puede llegar a ser es infinito, en concordancia con la infinitud de lo por él posificado. Dicho poder sólo a él debe atribuirse, ya que nada hay que sea mejor o mayor.

Así, Llull ha logrado fundamentar con sencillez apodíctica que el óptimo máximo eterno es omnipotente y omnisapiente.

martes, 9 de noviembre de 2021

 

"La causa primera posee un ente formal y un ente final. De donde, en cuanto ente formal, puede ser antes que su efecto, pero, en cuanto ente final, no; puesto que, si pudiera ser antes que su efecto, podría ser ociosa por bondad, en cuanto no haría bien, y por grandeza en cuanto no causaría nada grande; y así con las demás. No puede, pues, la primera causa ser antes que su efecto en tanto no pueden estar en ella sus razones ociosas".

De este modo probaba Llull la Trinidad. Al darse en Dios una producción ad intra infinita y eterna, Dios desarrolla infinita y eternamente sus perfecciones frente a la divinidad inactiva y contemplativa del judaísmo y el islam.

El razonamiento de Llull parte del axioma de que no hay acción sin fin al que se dirija. Ahora bien, dado que la acción de ser bueno es bonificar, la de ser grande es magnificar, etc., Dios no podría ser máximamente bueno, grande, etc. sin bonificar y magnificar eterna e infinitamente a quien de él reciba su bondad, grandeza y demás perfecciones, toda vez que bonificarse y magnificarse a sí mismo resulta absurdo o superfluo. Por tanto, Dios Padre bonifica, magnifica y atribuye todas sus perfecciones a Dios Hijo.
 
Y dado que Dios Padre y Dios Hijo deben estar unidos, la acción de unir que vincula la paternidad y la filiación divinas es distinta de ambas naturalezas, al proceder de ellas sin identificarse con ninguna. Siendo distinta, al tiempo que es eterna, infinita, máximamente buena y grande, etc., ha de ser también divina, razón por la cual se infiere el Espíritu Santo.

sábado, 21 de agosto de 2021

La operación intrínseca de Dios


El ser puede concebirse como lo que es en otro y por otro en tanto pasivamente recibe el ser de él (es pensado, es extenso, es movido, etc.) o como lo que es por sí mismo y en sí mismo en tanto que obra (el acto puro). 

De tal modo, la realidad y perfección del ser en sí estriba en obrar. Un ser incapaz de obrar siempre es inferior a un ser capaz de obrar siempre y, por consiguiente, no es máximamente bueno.

La única obra del dios que sólo actúa extrínsecamente es la creación o conservación del mundo. Si el mundo existe sin comienzo, tal dios no lo crea, al no haber creación sin inicio. Por el contrario, si el mundo tiene un comienzo, dicho dios permanece ocioso hasta que acontece la creación.

Considérese que la acción tiene tres vertientes: el que obra, el obrar y lo obrado. Una acción sin hacedor carece de causa, y sin lo obrado por ella carece de fin, siendo en ambos casos imposible.

Sentado lo anterior, en cualquier acto reflexivo de Dios han de reproducirse las tres vertientes de la acción.

Dios, al ser máximamente bueno, obra infinitamente una obra infinita. El hacedor de la obra infinita es el Padre, que reproduce su ser en la eternidad. La obra infinita es el Hijo, que es engendrado eternamente como idéntico al Padre, pues no es creado bajo determinado modo o en determinado tiempo. Por último, el obrar infinitamente es el Espíritu Santo, mediante el que Padre e Hijo permanecen unidos.

Así, aunque el obrar no pertenezca originariamente al Hijo por razón de su relación con el Padre, sin embargo le pertenece finalmente por razón de su identidad sustancial con el Padre. Por lo que es justo decir que el Padre no es superior al Hijo ni el Hijo inferior al Padre.

Asimismo, aunque obrar originariamente corresponda al Padre y finalmente al Hijo, el que obra y el obrar deben ser necesariamente distintos, ya que el que obra, cuando hace del obrar el objeto de su intelecto y de su voluntad, lo distingue de su propio ser, pues carece de sentido decir que el obrar obra o que el que obra se obra. Con todo, dado que el Padre y el Hijo sólo son obrando y son sólo en tanto que obran, es justo decir que el Padre y el Hijo no son superiores al Espíritu Santo ni éste inferior al Padre y al Hijo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Llull, sobre la eternidad del mundo


Dijo el Entendimiento: - Si el mundo fuera eterno, debería poder ser eterno por su poder. Ahora bien, su poder no le permite ser eterno. Por tanto, el mundo no es eterno. La premisa mayor es evidente. Demuestro la premisa menor de la siguiente manera: Por sí mismo, el poder del mundo es finito, porque su cantidad y su substancia son finitas. De esta manera, el mundo no puede ser eterno, porque si pudiera ser eterno, podría ser infinito con un poder finito, lo cual es imposible. Ergo etc. Dijo la Fe: - Tu argumento no es válido, porque el poder divino es infinito y con su infinidad, junto con el poder finito del mundo, puede causar el mundo desde toda la eternidad. Dijo el Entendimiento: - Esto que dices es falso, porque presupones que Dios puede componer el mundo de lo que es finito [la cantidad y la substancia mundanas] y de lo que es infinito [la duración mundana], lo cual es imposible.
Ramon Llull

domingo, 3 de octubre de 2010

Llull y el cadí


 

"El cadí le dijo: "Así, si crees que la ley de Cristo es verdadera, y tienes por falsa la ley de Mahoma, aduce una razón necesaria que pruebe esto". Pues aquel cadí era conocido como versado en filosofía. Ramon respondió: "Convengamos ambos en algo común; después te daré una razón necesaria". Como esto agradó al cadí, Ramon lo interrogó diciendo: "¿Dios es perfectamente bueno?".

El cadí respondió que sí. Entonces Ramon, queriendo probar la Trinidad, comenzó a argüir de este modo: "Todo ente perfectamente bueno es tan perfecto en sí mismo que no necesita hacer ni mendigar el bien fuera de sí. Tú dices que Dios es perfectamente bueno desde siempre y para siempre. Luego no necesita mendigar ni hacer el bien fuera de sí, porque, en este caso, Dios no sería perfectamente bueno sin más. Y porque tú niegas la Santísima Trinidad, suponiendo que ésta no existiera, Dios no sería perfectamente bueno desde siempre hasta que produjo el mundo en el tiempo.

Y tú crees en la creación del mundo. Y por esto, Dios fue más perfecto cuando creó el mundo en el tiempo que antes, ya que la bondad es mejor cuando se difunde que cuando existe ociosa. Esto lo digo en cuanto a ti. Pero en cuanto a mí, digo que la bondad desde siempre es difusiva. Y esto pertenece a la razón del bien que es difusivo de sí, y así Dios Padre bueno, de su bondad engendra al Hijo bueno y de ambos es espirado el Espíritu Santo bueno".

El cadí, estupefacto por este razonamiento, no replicó ni una sola objeción, sino que mandó trasladarlo inmediatamente a la cárcel. Una multitud de sarracenos estaba fuera esperando para matarlo. Pero el cadí hizo publicar un edicto ordenando que nadie conspirara para matarlo, pues él mismo pensaba sentenciarlo a una muerte condigna".


Ramon Llull (Vida coetánea)


domingo, 28 de diciembre de 2008

Ramon Llull, el Ars y la Edad del Espíritu



Ramon Llull es el primer filósofo cristiano que utilizó la razón para convertir infieles desde presupuestos no estrictamente catequéticos. Es cierto que los Padres de la Iglesia se habían servido para la misma tarea de los grandes filósofos del paganismo. Especialmente de Platón, al que llamaban "el amigo de la verdad". Ahora bien, ¿qué sucedía si no se era platónico, o si no se asociaba necesariamente el platonismo con el dogma de fe cristiano? 

Los dogmas fundamentales del cristianismo son la Trinidad y la Encarnación. La apologética cristiana, pues, no puede conformarse con difundir sólo el monoteísmo, y los Padres, al combatir las creencias panteístas de los paganos, se centraron exclusivamente en ese propósito. Frente a los judíos, por contra, alegaban sus propias Escrituras, de las que resultaron ser sus mejores intérpretes. Ahora bien, una vez tuvieron que acometer la empresa de disputar con los musulmanes, que no admitían las Escrituras judías y que, por lo demás, ya eran monoteístas, se quedaron sin armas efectivas. Sólo podían atacar los presupuestos de esa religión, esto es, su dudoso carácter revelado y su novedad, pero no así defender la propia por contraste, de manera que todo solía terminar en tablas. 

Y esto, que puede parecer trivial, se convirtió en un verdadero problema político a medida que el Islam fue tomando fuerza en el mediterráneo. Destaco que la teología era entonces lo que ahora es la ideología, con la misma capacidad de movilización política, ya sea para unir, ya para separar. Pues bien, en este contexto de choque de civilizaciones, cuya estampa más o menos distorsionada nos ha llegado con el relato de las cruzadas, surge Llull, un filósofo laico, converso de una vida disoluta (era trovador), el cual, como decía, fue también el primer filósofo cristiano que utilizó los principios universales de la razón para refutar el islam y demostrar los dogmas de la fe católica. Su propósito era que éstos se siguiesen necesariamente de aquéllos en forma demostrativa. 

Llull no era partidario de una fe sin examen, de una creencia insensata y carente de razones de peso, pues había ya demasiados credos y era necesario decantarse por el verdadero. Los tiempos apostólicos, la que ha venido llamándose "la edad del Hijo", que siguió a la del Padre (el judaísmo, de los patriarcas hasta los profetas), dejaba paso a una nueva etapa histórica, también de inspiración trinitaria, a saber, "la edad del Espíritu". Tal vez quepa apreciar la impronta de Joaquín de Fiore en Llull. El hecho de no asociar el reino a la Iglesia presente, sino a la que ha de venir, la Iglesia universal en la que todos los seres racionales creerán y todos los creyentes serán racionales confiere al pensamiento de Llull cierto aire milenarista, emparentándolo con el abad calabrés. 

 No sé si habías observado antes algún manuscrito joaquinita. Están llenos de árboles conceptuales, con sus enigmáticas ramificaciones, que evocan misterios aún por desplegarse.

 
Curiosamente, Llull también sentía predilección por los esquemas arbóreos a la hora de exponer su Ars, o lo que es lo mismo, el sistema lógico que debía articular toda su filosofía. 

Llull, que, como se ha dicho ya, fue el primero en asentar sus predicaciones sobre bases lógicas universales, es decir, auténticamente católicas, se desmarcó de la rígida sujeción del escolasticismo a Aristóteles y a la autoridad de la Biblia, a la que casi nunca cita. El filósofo mallorquín realiza una crítica a la dialéctica del momento, todavía hegemónica. No es una crítica tan destructiva como la que lanzará Descartes siglos más tarde, pero es un proyecto alternativo que da a aquélla por superada, aunque ello no implique su cancelación, como en el caso de Descartes, que parte de un nuevo fundamento: el "yo pienso". 

Platón era, hay que insistir en ello, un buen aliado contra los paganos y los ateos, pues él mismo era una gran autoridad pagana y parecía dar fundamento metafísico a las creencias de los cristianos. No sólo al monoteísmo, también -aunque más difusamente- a la Trinidad. Pero que no fue un arma suficiente para la catequesis trinitaria lo prueban la multitud de herejías que, sirviéndose del platonismo, pervirtieron la ortodoxia. Por ejemplo, los valentinianos, los más platónicos entre todos los herejes, quienes se oponían a la Encarnación, que es ciertamente un dogma poco platónico. La "carne" en Platón es algo más parecido al mal absoluto de los maniqueos que a la noción cristiana, aunque Platón no fuese para nada un dualista radical. Sin embargo, al situar muy por debajo de las inteligibles a las realidades sensibles, resultaba poco plausible, según su filosofía, que el primer principio intelectual descendiese a la materia crasa y aparente, a la realidad sublunar y caída, para adoptar un cuerpo. El proceso inverso sí es aceptable para un platónico, a saber, la ascensión de lo sensible a lo inteligible, que es lo que vemos en Plotino y en todo el neoplatonismo pagano, y no sólo en el cristiano: Porfirio y Jámblico dan testimonio al respecto. 

El dogma de la Encarnación, pues, era una crux de la apologética. Pero al ir en el mismo lote de la fe monoteísta y católica, se aceptaba sin análisis, por un acto de fe y de piedad hacia el sacrificio de Cristo. Entiéndase: se tomaba más como un relato al que se debía asentir por sus enormes consecuencias prácticas (la salvación de la Humanidad) y hermenéuticas (la interpretación de las profecías en cuanto a la alianza con Dios) que porque fuese claro y distinto en el entendimiento de cualquiera. De hecho Tertuliano dijo al respecto, o se le atribuye el haber dicho: "credo quia absurdum est". O sea, lo creo porque es increíble, ya que, si fuese creíble, ¿por qué se iba a necesitar que lo creyese? Y algo así era increíble tanto para un platónico que profesara una divinidad inmaterial e inmutable como para un estoico que creyera en una providencia impersonal. Era "escándalo para los judíos y necedad para los gentiles". 

Esa carencia se vio agravada, como decía, con la irrupción y posterior florecimiento del islam, heredero de la tradición clásica desde dogmas distintos, más simples que los del cristianismo, y, por ello, también en apariencia más racionales. 

Retomemos el hilo para terminar. Llull parte de nociones mucho menos metafísicas con respecto a la tradición cristiana anterior, es decir, desciende un peldaño en la abstracción, y se sitúa en un plano meramente lógico, en el plano de los universales. Según Llull, la tarea de la escolástica resultaba insuficiente por muchos motivos. El primero, quizá, era su deficiencia apologética, su incapacidad de proceder demostrativamente desde principios indudables para justificar todos y cada uno de los dogmas fundamentales del cristianismo, asentando al mismo tiempo las bases de las ciencias particulares. La metafísica de Aristóteles no es el tronco común de las demás ciencias antiguas, sino una especie de cantera de la que éstas extraen ciertos materiales útiles. Es más una cúpula, en resumen, que un sistema con fundamentos y pilares (raíces, ramas). Y, en fin, la lógica aristotélica no dejaba de ser un procedimiento para razonar desde premisas que se tenían por ciertas, pero que no siempre lo eran necesariamente, apriorísticamente.  

La lógica del Ars luliana se plantea como un sistema racionalista cerrado y, salvo constataciones obvias como que el universo existe, ajeno a toda ampliación por parte de la experiencia: una lógica sin a posteriori. En este sentido anticipa la distinción leibniziana de "verdades de razón" y "verdades de hecho", por la que las últimas eran siempre reducibles a las primeras. El Ars de Llull, y con este vocablo se refiere siempre a su sistema de lógica combinatoria, precursora de la moderna informática, tiene ciertas características. La primera es que es inventiva, esto es, que ayuda a encontrar. ¿A encontrar qué? La verdad. Esto implica que desde principios generales se procede hasta casos particulares y, viceversa, desde los casos particulares se asciende a los universales que muestran su conexión necesaria. Subrayo que lo posible y lo necesario son lo mismo en un plano ideal. La segunda es que es compendiosa o, en términos más actuales, resumida, lo cual viene a decir que desde un número finito de principios se cubre un número infinito de supuestos. La tercera es que es demostrativa, esto es, procede necesariamente, sin dejar resquicios a la duda o a la creencia. Queda una cuarta, y es que es universal. Llull creía que si memorizábamos los caracteres del Ars, que resultan universales, así como su proceder combinatorio, no tendríamos más remedio que aceptar los dogmas del cristianismo, so pena de incurrir en un contrasentido lógico. Fue, pues, un precedente de la característica universal de Leibniz, compartiendo con el de Leipzig una ambición epistemológica equivalente.


Pero, para ir anticipando algo que disipe un poco la oscuridad de la exposición, diré que los universales de Llull son tales como bondad, grandeza, eternidad, poder, sabiduría, voluntad, virtud, verdad y gloria, cada uno representado por un tipo del alfabeto, que, al ser polisémico, también albergaba otros significados. Así, en el Arte breve, leemos: "B significa bondad, diferencia, ¿si?, Dios, justicia y avaricia", y otro tanto para el resto de letras hasta llegar a la K. Luego se forman distintas "figuras" en las que se ponen en relación las letras, todas con todas y según principios distintos cada vez más complejos, hasta formar tablas con cápsulas de tres y cuatro letras, del tipo: "la bondad es grande", o "el poder es eterno", "la sabiduría es buena", "la verdad es inteligible", "la eternidad es gloriosa", etc. Éstas serían las combinaciones más simples, pero sólo ofrecen un atisbo de la potencia demostrativa de dicho método. Método que, como adelantaba al principio, es capaz de probar casos particulares y tesis metafísicas, no sólo tautologías más o menos obvias.