Prosigue Plotino: Si lo continuo (la materia) es cantidad, lo discontinuo (las formas separadas, los números) también lo es, pues lo continuo se vale de lo discontinuo como de medida. Es decir, puesto que la materia es cuanta por los números y los números son cuantos por el Uno, no cabe sostener que la materia sea más real que los números, sino más bien todo lo contrario.
jueves, 25 de agosto de 2022
Y si alguno dijera que aun el uno, sin padecer nada y por el hecho de sumársele otro, ya no sería uno, sino dos, no hablaría acertadamente. Porque no es el uno el que se hizo dos -ni el uno al que se le sumó el otro ni el uno que se sumó-, sino que cada uno de los dos permanece tan uno como era, sólo que el dos se predica de ambos juntos, mientras que el uno se predica de cada uno de los dos en cuanto siguen separados. El dos y la díada no consisten, pues, por naturaleza en una relación. Si el dos resultara de la unión y la unión se identificara esencialmente con la producción de dos, el dos y la díada consistirían sin duda en la tal relación. Pero, de hecho, el dos reaparece en el fenómeno contrario, ya que, al partirse una cosa una, se hace dos. El dos no es, pues, ni unión ni partición, como para poder ser relación. Y el mismo razonamiento es valedero para todo número. Porque cuando es la relación la que produce una cosa, es imposible que la relación contraria produzca la misma cosa de tal manera que esta cosa se identifique con la relación.
Plotino
martes, 23 de agosto de 2022
¿Un mundo sin números sería uno, múltiple, ambos o ninguno de los dos? Si es uno, no excluirá al número. Si es múltiple, será más de uno y tampoco será anumérico. Si es ambos, será igualmente numérico. Y si no es ninguno de los dos, será no uno y no múltiple, es decir, no uno y no más de uno; luego será menos de uno y no será nada. En consecuencia, un universo anumérico es imposible. Por tanto, si este universo o cualquier universo existen necesariamente, los números existen necesariamente; y si este universo o cualquier universo existen contingentemente, los números existen necesariamente, ya que carecen de causa y son siempre y en todo.
No es cierto que uno y ente sean términos mutuamente convertibles. El ente puede ser múltiple y el uno no ser ente. Pero, de ser el caso, el ente no será estable ni pensable. Ya he señalado a qué aporías nos conduce una aseveración de este tipo, puesto que incluso la inestabilidad necesita de la estabilidad del ser para ser siempre inestable.
Ahora bien, si el uno existe, todo número existe, ya que la unidad contiene virtualmente todos los números. En la proposición Pedro, Pablo y Juan son tres hay cuatro seres: Pedro, Pablo y Juan, que son uno una vez, y el tres, que es uno tres veces. Si admitimos que los números son seres necesarios (éste es, en efecto, el quid de la cuestión), tal no conllevará multiplicar los entes sin necesidad, sino que se hará por necesidad.
Además, si los números dependen de la existencia de los particulares y significan sus relaciones, no será posible establecer relaciones numéricas entre particulares que no existan ni puedan existir. Pero esto es evidentemente falso. Puedo establecer relaciones entre conceptos cuya misma noción excluye la existencia, como el concepto de ser inexistente, y decir que dos seres inexistentes representan una cantidad mayor que un ser inexistente. La existencia o inexistencia de lo numerado es irrelevante en este sentido.
Si, por el contrario, la existencia fuera un factor determinante, sería conveniente definirla de algún modo. No por cierto como el ser extenso o el ser temporal, ya que una relación no es extensa, puesto que no se ve incrementada cuando aumentan de tamaño los términos que relaciona; ni sufre afectación según el movimiento de éstos, suponiendo que tal relación nada tenga que ver con el movimiento. En fin, tampoco podrá decirse que el existir de la relación consiste en establecer vínculos lógicos entre seres existentes, pues en este caso no se estará dando una definición unívoca de existencia, habida cuenta que los seres existentes no tienen las mismas propiedades que sus relaciones.
Entonces, salvo que el realista logre dar con esta definición, tal vez será más fácil para él concluir que las relaciones nunca son existentes, considerando que no ocupan espacio ni están sujetas al devenir. Pero esto lo aboca a la dificultad insuperable de que exista un universo anumérico que no sea ni uno ni más de uno y, sin embargo, sea algo y sea más que cero.
Si no hay "uno", tampoco hay "otro". Nada es uno ni otro, nada es hombre ni no-hombre, y nada existe verdaderamente o, por mejor decir, nada existe en absoluto. Puesto que lo que existe aparentemente lo hace gracias a lo que existe verdaderamente.
Según Plotino, el número no puede ser negado con el pensamiento, ya que subyace a todo pensamiento:
Si, pues, ni siquiera es posible pensar algo sin el uno, o sin el dos, o sin algún número, ¿cómo puede dejar de existir aquello sin lo que no es posible pensar o decir algo? Porque decir que no existe lo que, si no existe, ni siquiera puedes pensar o decir una cosa cualquiera, no es posible, antes bien lo que se precisa en cada caso, para la formación de todo pensamiento o lenguaje debe existir previamente al lenguaje y al pensamiento, porque así es como puede ser utilizado para la formación de los mismos.
Hay que admitir, por tanto, que, en general, todo atributo que se predique de una cosa o le viene a esa cosa de otro o es un acto de esa cosa. Y si es de tal naturaleza que no esté unas veces presente y otras ausente, sino que esté siempre con aquella cosa, si aquella es sustancia, también el atributo será sustancia, y no menos sustancia que aquella. Pero si no se nos concede que sea sustancia, en todo caso será del número de los entes y será ente. Y si aquella cosa puede ser concebida sin su acto, no por eso el acto dejará de ser simultáneo con aquélla, aunque colocado por nuestra mente como posterior a ella. Pero si la cosa no puede ser concebida sin aquel atributo -por ejemplo el hombre no puede ser concebido sin su unidad- entonces el atributo o no es posterior a la cosa, sino simultáneo, o es anterior a ella, para que por él pueda existir ella. Pues bien, nosotros decimos que la Unidad y el Número son anteriores a los Seres.
Plotino razona así:
- Todo atributo de un ente es o bien acto del ente o bien acto de otro ente.
- Si un ente no puede ser concebido sin dicho atributo, como el hombre no es concebible sin su unidad, el atributo será el acto de otro ente, pues el ente no puede obrar antes de ser. Asimismo, tal atributo será simultáneo o anterior al ente.
- Puesto que múltiples entes no pueden ser concebidos sin su unidad y existen en tiempos distintos, se sigue que la unidad es anterior y preexiste a todos ellos.
Si los números no existieran, el mundo podría existir como fenómeno y ser objeto de experiencia, pero no de conocimiento. Es lo que antes he llamado semiexistencia, ya que cumpliría el requisito de condicionar otros seres (esto es, a los elementos del mundo entre sí o a la mente que observara al mundo) e incumpliría el de ser igual a sí mismo.
Sin los números no podría medirse el movimiento y quedaría abolida la ciencia física. Como no cabría dar razón alguna por la que se cuantificara el paso de un estado a otro ni dispondríamos de referencias invariables para comparar el número de hechos en uno y otro estado, lo anterior y lo posterior se confundirían, alternándose en nuestra imaginación sin orden ni claridad.
Con todo, no creo que la hipótesis de una realidad anumérica sea siquiera posible. Si, suprimidos los números, todo cuanto acontece es inestable, al menos el "es" de la proposición debe ser estable para que la inestabilidad se mantenga congruente consigo misma, pues de lo contrario habría en ella intervalos de estabilidad y, por tanto, de cuantificabilidad y numeralidad. Luego el ser debe ser estable para que quepa la inestabilidad en lo fenoménico. Ahora bien, decir que el ser es estable equivale a decir que el ser es; y esto es lo mismo que afirmar que el ser es uno. Luego, en cualquier caso, los números son indestructibles, ya que al intentar destruir la pluralidad emerge el Uno, que es su fuente.
lunes, 22 de agosto de 2022
El ser infinito es indeficiente, es decir, está todo por igual en todas partes por razón de ser causa primera y absoluta de cuanto existe. Pues si algo estuviera en parte en cada parte del todo, no sería todo en todo, sino parte en todo. Así, lo inextenso creador está íntegro en cada ápice de su creación, aunque cada ápice no esté en su creador inextenso, al estar mezclado con la nada.
El universo es la suma de lo que es extenso y temporal. Ahora bien, ni toda la extensión está en cada parte de lo extenso ni todo el tiempo en cada parte de lo temporal. Luego el universo es un ser finito y deficiente.
Habida cuenta de que lo extenso finito presupone la existencia de lo inextenso finito, se dan las siguientes posibilidades: o bien ambos son sin causa, o bien alguno de ellos es sin causa, o bien ambos tienen una causa distinta, o bien ambos tienen una causa común.
- Si ambos son sin causa, ambos serán causa de sí mismos y necesarios. Siendo necesarios, serán infinitos, esto es, serán en todas partes y no podrán no ser. Ahora bien, puesto que lo extenso y lo inextenso son finitos, esto es imposible.
- Si alguno de ellos es sin causa, alguno de ellos será infinito, lo que hemos convenido ser imposible.
- Si ambos tienen una causa distinta, deberán ser causa el uno del otro, lo que es absurdo. Pues, si nada es causa de sí mismo y nada es causado por la nada, sólo lo inextenso puede ser causa de lo extenso y sólo lo extenso puede ser causa de lo inextenso.
- Por exclusión de las anteriores, ha de afirmarse que lo extenso e inextenso finitos tienen una causa común infinita y trascendente, más allá de la extensión y de la inextensión.
domingo, 21 de agosto de 2022
Todo lo que es tiende a ser infinitamente mientras no se le oponga su contrario. Ningún ser tiende a su propia nada. Si el fuego no encontrara resistencia y tuviera qué quemar, lo quemaría todo; si ningún impedimento detuviera al agua, lo anegaría todo. De la misma manera, si el universo careciera de opuesto se expandiría en una extensión de tiempo infinita. Por ello perpetúa su existencia en el futuro, pues desde que empieza a existir nada se le opone. Sin embargo, del hecho de que el universo no retroceda en el pasado infinitamente, dado que el intervalo de tiempo transcurrido desde que dio comienzo hasta ahora es finito, debemos inferir que tiene un opuesto. Si el mundo es extenso y temporal, su opuesto es lo inextenso e intemporal.
Si existir fuera ser extenso y temporal, entonces existir sería extenderse y devenir. Pero para extenderse y devenir, o para obrar en cualquier modo, hay que ser, esto es, hay que existir como sujeto. Observa que mientras que el extenderse y el devenir son cuantitativos, admitiendo un más y un menos, el ser o el no ser son cualitativos, admitiendo sólo un sí o un no. De lo que cabe inferir que el ser o -lo que es lo mismo- el existir como sujeto no pueden reducirse al extenderse o al devenir, sino que comprenden la esfera de todo lo que el sujeto hace, esto es, de todo lo que obra, entendiendo por obrar el conservar el propio ser o condicionar el ser de otro. En consecuencia, el ser y el obrar son simultáneos, y nada existe si no obra, a saber, si no se conserva a sí mismo y si no condiciona a aquello con lo que coexiste. Por consiguiente, obrar es existir y existir es obrar.
Sentado lo anterior, habría que examinar si sólo los particulares obran, entendiendo por tales los seres que son en el espacio y en el tiempo. Y es obvio que éste no es el caso, ya que si lo extenso es finito diremos que está limitado por lo inextenso; y si lo temporal es finito, fuerza será conceder que lo limita lo intemporal. El limitar de lo inextenso y de lo intemporal es un obrar, y de ahí se sigue que lo inextenso y lo intemporal existen en la medida en que se conservan a sí mismos y condicionan a los coexistentes. Pues, de lo contrario, éstos, al carecer de oposición, lo serían todo y no tendrían límites.
Además, si el pensar es un obrar y lo pensado es una parte del pensar, va de suyo que lo pensado es una parte del obrar. Ahora bien, si el obrar es existir, lo pensado será también una parte del existir. En el ejemplo anterior, los límites de lo extenso son conceptuales, es decir, no son límites que estén en lo extenso y que puedan ser objeto de experiencia sensorial. Sin embargo, he concluido que son límites existentes, pues de no serlo lo extenso sería infinito, y no lo es, o estaría limitado por un no-ser, lo que conlleva admitir el siguiente absurdo: que lo que no es obra algo en lo que es. Por tanto, no es cierto que lo meramente pensado o pensable sea inerte y fantasmagórico.
Para poder pensar cualquier número se precisa que éste sea idéntico a sí mismo y distinto a otros, esto es, que conserve el propio ser y condicione el ser ajeno. Así pues, lo numérico estaría en las coordenadas de lo que he definido como existente. La materia y los seres compuestos por ella, en cambio, se diría que no están perfectamente comprendidos en esta definición, ya que, aunque se condicionen recíprocamente, nunca son iguales a sí mismos. ¿Afirmaremos entonces que lo material conforma un género híbrido de semiexistencia en el que la apariencia y la realidad se entremezclan? No lo afirmaremos precisamente porque los números existen y son el fundamento de la existencia de lo material. Sería legítimo afirmar que la materia es inexistente si fuera absolutamente desigual a sí misma, como lo es en figura, tamaño y lugar, al estar en perpetuo flujo. Pero la materia es igual a sí misma en el sentido de que nunca es más o menos que ella misma, puesto que se mantiene en su número.
Si la pluralidad es causa de la pluralidad -sostiene Damascio- se procederá en círculo y todo será causa de sí mismo, mas nada será causa de la pluralidad. Ya que, si cada parte de la pluralidad se causa a sí misma circularmente, ninguna parte de la pluralidad necesitará de otra para ser causada, por lo que el todo carecerá de la causa total que le otorgue coordinación. Ahora bien, existe coordinación en el todo, según observamos en el orden presente en la naturaleza. Por tanto, la pluralidad no es causa de la pluralidad, sino que lo es Dios, la unidad trascendente.
viernes, 19 de agosto de 2022
Plotino defendía que nada simple puede ser sujeto y objeto de una misma acción. Tal se desprende del hecho de que el sujeto es causa de su acción y, por tanto, superior a ella, pero no superior a sí mismo. Así, una parte del hombre puede concebir a las demás, pero no a sí misma. Semejantemente, si a un ser le fuera dado el poder devorar todo su cuerpo, debería detenerse en aquel órgano que le permite devorar, no siendo posible que sus fauces entraran en sus mismas fauces.
Por lo anterior, en la teología plotiniana el alma, por ser simple y carecer de partes, no puede pensarse a sí misma por sí misma. Sólo puede lograrlo mediante la Inteligencia, en una suerte de arrebato místico por el cual su parte no discursiva asciende hasta aquélla y deposita en su propio conocimiento lo que allí ha visto. Y esto es así porque en la Inteligencia la intelección y lo inteligible son lo mismo, la suma de todas las formas, sin que se dé una escisión entre el contemplante y el contemplado, ya que la autocontemplación de la Inteligencia no le viene de sí misma, sino del Uno. De ello resulta la siguiente paradoja: el Uno, que por su suma simplicidad no puede contemplarse, es la fuente de toda contemplación, trascendiendo el contemplar y el no contemplar.
Si en la proposición Todo es inestable el es fuera inestable, se seguiría que Todo es inestable y todo no es inestable, lo que es absurdo. Luego, para que la proposición Todo es inestable sea verdadera el es debe ser estable en su enunciación afirmativa y aquélla ha de circunscribirse a un todo que excluya al ser que es por sí. Por tanto, para que algo pueda ser inestable el ser debe ser estable. De donde se infiere que lo inestable no es el todo y participa del no-ser. Ahora bien, si la materia es inestable, nadie podrá afirmar que la materia es el todo o el ser.
Si, por el contrario, quisiera sostenerse que Todo es estable y todo es materia, será preciso examinar si un aserto de esta índole resulta congruente. La materia, incluso tomada en su conjunto en toda la extensión del universo, nunca es igual a sí misma en sus cualidades materiales, puesto que cambia de forma, tamaño y lugar. En cambio, sí es igual a sí misma en sus cualidades ónticas, pues nunca es superior o inferior a sí misma. En consecuencia, quien tal pretendiera debería afirmar que la materia, que lo es todo, es estable e inestable, refutando su propia tesis e incurriendo en contradicción, toda vez que nada es superior a sí mismo y, sin embargo, lo estable es superior a lo inestable en atención a que tiene más ser, al ser más duradero y estar menos condicionado.
En suma, cualquier sistema filosófico basado en que la materia es el todo, ya se conciba ésta como estable o como inestable, es falso.
Spinoza intentó resolver estas aporías postulando una materia estable (la sustancia) como fundamento de una materia inestable (los modos). Lo que es tanto como postular una materia inmaterial y una materia material, o como afirmar que la materia es estable e inestable, superior e inferior a sí misma al mismo tiempo.
En la teología de Plotino las emanaciones proceden descendentemente desde el primer principio.
El Bien (Urano, Dios) es absolutamente Uno, trascendente e ininteligible. Engendra a la Inteligencia a partir de sí mismo y la materia a partir de la nada.
La Inteligencia (Crono, el Demiurgo) es Unimúltiple, o la esfera mental que contiene todas las ideas, sustancial e inteligible. Es una por ser inmaterial, el denominador común de todas las ideas (la verdad), y múltiple por comprender una pluralidad de esencias. Engendra al Alma a partir de sí misma y contiene el ser formal de todo lo que es.
El Alma (Zeus, la Providencia) es Una y Múltiple, o el principio rector del universo, sustancial y suprasensible. Es una por ser inmaterial, el denominador común de todas las cosas (el nexo causal), y múltiple por comprender una pluralidad de entes. Engendra las realidades inferiores a partir de la Inteligencia y la materia.
El razonamiento de Plotino es el siguiente:
- Nada procede de sí mismo ni de la nada.
- Por tanto, lo inferior procede de lo superior.
- Lo permanente es superior a lo inestable.
- Por tanto, lo inestable procede de lo permanente.
- Por tanto, lo absolutamente superior es permanente; no procede de nada y todo procede de él.
Lo superior a todo -el Uno- no procede de nada ni puede ser objeto de ciencia, al no participar de las ideas contenidas en la Inteligencia ni estar vinculado a la materia regida por el Alma.
Esta conclusión parte de la misma premisa que la metafísica de Heráclito: Si todo fluye, entonces todo es con todo; y este ser del todo consigo mismo es invariable, es decir, no fluye a fin de que lo múltiple fluya. Por tanto, el ser es superior al fluir.
La demostración de la existencia de Dios se seguiría con suma sencillez de estos principios: Si hay entes superiores e inferiores comprendidos los unos en los otros, esto es, entes más y menos estables o más y menos unitarios, debe postularse la existencia de un ser sumamente estable, unitario e incomprensible de cuyo obrar emana todo.
miércoles, 17 de agosto de 2022
Decir que el mundo es finito pero ilimitado es creer una fábula. El mundo es finito porque está limitado por la inextensión, como el círculo por su circunferencia. Sólo puede negarlo quien se empeñe en afirmar que la inextensión es una nada. Pero la nada no existe ni obra, mientras que la inextensión obra al poner límites al mundo y, por tanto, existe. Por otro lado, si el mundo fuera su propio límite y nada hubiera más allá del mundo, éste carecería de contrario y existiría infinitamente, esto es, existiría siempre, máxima y necesariamente, lo cual no sucede en el mundo que conocemos.
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